Trato de pensar, y trato de pensar y trato de pensar ¿Por qué este gobierno insiste en hacer MEGA, todo lo que hace? Primero el asunto de la “gigantesca” torre financiera, ahora lo de la virgen más grande que la estatua de la libertad, luego lo del reloj gigante de la Cinta Costera. Si seguimos bajando nos topamos con “el metro”, que dicho sea de paso, no es una obra pequeña. La misma cinta costera, en su fase tres. El reordenamiento vial. No es sólo el tamaño de la obra en sí, sino el hecho de querer hacerlo todo, TODO al mismo tiempo. ¿Delirio de grandeza, ganas de enmarcar un nombre en nuestra historia republicana, megalomanía tal vez?. De cualquier forma, todo lo que ha hecho este gobierno no llega al talón de la ampliación del canal (defendiendo la obra, no así la posible deuda ampliada y la posible rebusca) por muchísimas razones. ¿Será que el objetivo es “hacer algo más grande”?. Digo: Los reyes, los faraones, los emperadores y aquellas tantas figuras históricas que labraron su nombre en la trascendencia mundial, muchos de ellos, lo han hecho aplastando a sus pueblos, o a los pueblos ajenos, esclavizando, explotando, derramando en exceso sangre inocente, matando a granel. ¿Será tal, el máximo nivel al cual aspiran nuestros actuales gobernantes?.
Es cierto, las personas recuerdan a Hitler, Napoleón, Pedro el grande, Cleopatra, Alejandro Magno. Mi pregunta es: ¿Acaso esas personas podrán recordar a todos estos líderes gubernamentales, como los creyentes espirituales recuerdan a sus líderes, ya fuera con el mismo afecto o durante el mismo tiempo?. Acaso podríamos comparar a Hitler con Cristo, a Napoleón con Buda, Alejandro Magno con Mahoma. Por alguna razón, la trascendencia de nuestros líderes políticos es demasiado irrelevante al lado de la trascendencia de nuestros líderes espirituales. Será acaso porque nuestros líderes políticos, de una u otra forma buscan la eternidad por la senda equivocada. Tal vez construyendo un reinado demasiado grande alrededor del ser humano, cuando el reinado más grande lo puso Dios adentro de nosotros mismos. Siendo su conquista un asunto individual, y no de masas. Quizás nuestros gobernantes no han terminado de entender que la grandeza del Señor no reside en la grandeza de lo que podamos hacer, sino en la simplicidad de apreciar lo perfecto de SU Creación. Entonces, no habría que hacer más bonito, lo que nació sublime, a no ser que se quiera ser más grande que su Creador.
Lo cual también es una enfermedad del alma. La enfermedad que puso la serpiente en el corazón de los primeros hombres del Edén. La armonía (nuestra armonía) no precisa de reconstrucciones externas, sino internas. El hombre debe reconstruirse a sí mismo, para vivir en armonía y apreciar a Dios sobre cada recodo, resquicio o efluvio de SU creación. De lo contrario habrá conflicto, dolor, muerte y obras que morirán con el tiempo, como aquel majestuoso muro de Berlín, que cayó para que el hombre se uniera. ¿Será por eso que nuestras autoridades, tan interesadas en MEGA proyectos, son tan conflictivas? ¿Y aunque construyan tanto, jamás tendrán paz a su alrededor? ¿Por qué no la tienen en su interior? ¿Será que construyen en el sentido equivocado?. Es muy fácil construir a partir de la destrucción, así cualquiera diría que el constructor es “grande”. Pero, quien construya sin destruir, más que un constructor, es un sanador. Y la sanación (me refiero a ése tipo de SANACIÓN) no la da el dinero, sino Dios.

















