Cuando los indios salieron, el gobierno los acusó de intentar desestabilizar al gobierno. Cuando los obreros salieron, igual. Cuando los maestros salieron, igual. Cuando los estudiantes salen, dicen que la culpa es de “los infiltrados”, para desestabilizar. Cuando las enfermeras salen, dan a entender que son unas vagas con cuarenta y cinco días de vacaciones. Cuando el pueblo sale a protestar por sus necesidades básicas, nos culpan a todos tildándonos de parásitos y arrimados. Cuando sale un nuevo escándalo, nacional o internacional, culpan a la oposición. Prometen un progreso encarecido, con el que no podrá vivir el panameño promedio, porque sencillamente nos van a encarecer demasiado la vida. No nos tratan como ciudadanos, sino como imbéciles esclavos de una monarquía con ribetes de fanatismo religioso. Nos deterioran la existencia en más horas de tranque, menos horas de sueño y filas intestinales. Todo para “embellecer” una ciudad que sólo será para los turistas pudientes, y los dueños de Resort u hoteles. En consecuencia, los jóvenes tendrán que abandonar sus estudios para servirle a turistas o vender raspado. Si el panameño no reacciona y corrige su actitud, con menos juega vivo y más inteligencia, lo que le pasó a los dueños y conductores de diablos rojos, nos va a pasar a todos los profesionales, asalariados e inclusive negociantes menores de este país. Nos van a sacar la república de las manos. Ojalá los muertos y mártires del nueve de enero regresaran a darnos clases de soberanía y orgullo nacional, dignidad ciudadana y esas cosas, que parece hemos perdido entre el alcohol, palo y aporreo de todos estos pésimos gobiernos. De una u otra forma, es por nuestra falta de solidaridad que estamos viviendo este caos de “sálvese quien pueda”, en lugar de “salvémonos todos”. Sería bueno que los ancianos de cien a los setenta, los estudiantes con beca universal o los beneficiados del proyecto Curundú, nos digan cómo les va con el transporte y el costo de la vida. No hay progreso sostenible, no hay crecimiento integral, no hay desarrollo equitativo. Aquí lo único que se ve, es un desorden incosteable para la mayoría de los panameños, y un negocio redondo para unos pocos aprovechados. Un pequeño MEGA país de grado de inversión, sumergido en aguas negras, basura, pésima distribución de riquezas, injusticia social y corrupción. Ya es hora de que, como pueblo empecemos a generar nuestras propias opciones, recordando que la lucha no violenta también genera opciones, pero la mansedumbre sólo nos trae más y peor esclavitud.
Temas políticos en general, basados exclusivamente en la opinión del autor del sitio.
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martes, 21 de mayo de 2013
Progreso insufrible
Ciudadanía Indolente
Ahora este nuevo escándalo de patio limoso que se ha formado entre el presidente de la república y el periodista aquel. Sin contar lo del decreto de la alcaldía y los supermercados del presidente, supuestamente vendiendo bebidas alcohólicas aún bajo el efecto de la ley zanahoria. Peor aún, la polémica presencia del candidato de CD en los actos gubernamentales de inauguración de obras. Primero que todo, analizando la respuesta del presidente, descubrimos que hemos dado otra vuelta al círculo vicioso en que opera este gobierno. Más de aquella política de “ataca al mensajero, no al mensaje”. El presidente reacciona contra el periodista diciéndole que es un acosador sexual y coimero… ¿Pero acaso eso qué tiene que ver con la veracidad de la noticia publicada? A mí no me interesa saber si el periodista es o no es un coimero y acosador, a mí me interesa saber cuáles son los vínculos de poder del presidente, y si mal invierte (o no) el dinero del estado (mí dinero, nuestro dinero). En cuatro años de gobierno, el presidente aún no sabe comportarse como tal, ni controlar sus impulsos, recordando lo ocurrido con aquel otro periodista y el asunto de las drogas. Y salen sus más viperinos y rastreros defensores, con la absurda excusa de que el presidente es un “hombre común y corriente” y por ende reacciona así cuando lo atacan. 
Qué pensamiento más estúpido, qué justificación más imbécil, e imbéciles la que la replican, y más imbéciles (morones o tarados) los que se la creen. Si las enfermeras de este país estudiaron tan difícil profesión, aún sabiéndose desactualizadas en la escala salarial nacional, y los médicos y los maestros tienen que laborar estoicamente por “vocación”, es decir, no se les permite pedir mejores salarios porque la supuesta “vocación” les borra cualquier necesidad humana de alimentación o sustento decoroso… ¿Por qué al presidente sí debemos perdonarle que actúe tan incordio, e impropio? ¿O será que debemos cuestionar la vocación de nuestro presidente, que no se sacrifica estoicamente por sus ciudadanos, aunque lo cuestionen y les publiquen turbios escándalos? En la empresa privada, los altos cargos están ligados a altos salarios generalmente, y esos altos salarios, esos altos cargos implican alta responsabilidad y “manejo de presión”. Ahora bien, entonces, ¿Qué debemos esperar del presidente de la república? ¿Un sujeto que a veces se comporta como tal, y otras veces como presidente? ¿A veces cuerdo, y a veces no tanto?
¿Por qué el tribunal electoral, u otra autoridad no se manifiestan con pantalones con relación al candidato de CD y su “oportuna” compañía gubernamental? Hace unos días, con esto de la “crisis de energía”, la ASEP salió a multar cualquier cantidad de comercios pequeños y medianos (los grandes, supuestamente tenían plantas) ¿Ahora quién se atreve a multar a los supermercados aquellos, caso tal hayan cometido alguna falta? ¿O van a modificar las leyes, para no multar a los negocios del ciudadano presidente? ¿Quién carajo tiene cojones en este país? ¿Peor aún, dónde se ha escondido la oposición panameña, que más bien parece taparse tras la sotana del “pacto ético” para que el sujeto de poder no le saque los trapos sucios en público? ¿O será que las relaciones comerciales entre unos y otros les impiden hablar, cerrándoles la boca con un taco de billetes? Este gato suelto, o “loco de atar” hace que todos ellos luzcan como pequeños ratones. O cucarachas, que prefieren la oscuridad porque la luz las vuelve vulnerables. De cualquier forma, parece que detrás de la fachada del pacto ético, hubiera un pacto de maldad oposición-gobierno, para desangrar al pueblo y repartirse el país. La ciudad destruida, por todos lados huecos, charcos de aguas negras, basura, escándalos de corrupción explotando a cada rato como palomitas de maíz, pero ¿Qué hace la gente en medio de este paraíso gótico?
La misma gente que forma filas durante horas para ir y venir de casa, que no le alcanza el dinero (con o sin subsidio, con o sin beca) porque todo está más caro, que esquivan las balaceras de su barrio, que no encuentra medicinas ni tratamientos a tiempo en los centros públicos, que no llega a ver a sus hijos por culpa de un tranque anormal, como anormal tienen a todo el país. A mí lo que más me asquea de semejante podredumbre, no son los asquerosos de siempre, ni los nuevos de ahora, sino la miserable resignación del pueblo panameño. Esclavos, burros de carga, o definitivamente cobardes. Una tierra de campeones mundiales de boxeo, con un pueblo tan flojo y cobarde, indolente e indiferente. Parece que la gente estuviera encantada, embrujada, porque mientras más cochinadas les sacan en cara, mientras más le dicen: “Hey, están robando tú plata, la de tus hijos, la de tus parientes enfermos” menos hacen, menos quieren oír, más rápido se venden y más pronto se evaden. Como el avestruz, bajando la cabeza cuando se siente en peligro. Así las cosas, en un pueblo de esclavos cualquiera es faraón. ¿Dónde ha quedado la gente honesta de este país, de este paraíso gótico? Y como si fuera poco, sale una bufonada estadística diciendo que el panameño prefiere votar por el relevo de la corrupción. ¿Verdad o mentira? Nadie sabe, pero de cualquier forma, da pena por lo que está pasando Panamá. Mucho crecimiento económico, mucho desarrollo y un pueblo, un ciudadano cada vez más reducido.miércoles, 8 de mayo de 2013
Crecimiento a lo loco
La
tragedia del metro bus se reduce a la falta de autoridad, como gran parte de
los problemas en que nos asfixia el gobierno.
Sin confundir autoridad con represión, persecución e insultos. El gobierno ha traído “nuevas soluciones” que
sirven de poco, porque no ejercen la autoridad.
Los anteriores creaban comisiones inútiles, pero éste importa onerosas soluciones
que agravan los problemas. El “cambio”
ha aumentado la deuda y el desgaste ciudadano.
Soluciones de pacotilla, y en el fondo…falta de autoridad. ¿Acaso un
país en el que las autoridades sólo existen de nombre, puede progresar? Sin embargo, el problema que tiene el gobierno, es que no
pueden ejercer autoridad porque ni siquiera dan el ejemplo. En consecuencia, me preocupa a dónde puede
llevarnos un crecimiento a lo loco. La
falta de supervisión del actual gobierno nos ha agravado el problema del agua,
aseo, tránsito, transporte, electricidad
y ahora contaminación aérea (la quema de Cerro Patacón). Fuera del absurdo encarecimiento de la vida
en general (que anula cualquier mejora económica que hubiéramos podido tener)
los útiles de primera necesidad y canasta básica. El resto de los problemas se derivan, entre
otras cosas, por falta de supervisión,
por falta de autoridad. Mientras el
gobierno se dedica a corretear ciudadanos que supuestamente “evaden el pago
de impuestos”, empresas extranjeras maltratan impunemente al nacional, casi sin
supervisión. Por mencionar dos de los
casos más recientes de falta de supervisión: Metro Bus y Cerro Patacón. ¿Dónde
quedó el gobierno? Será que se preocuparon más del “Very Happy”, que de las
paradas, frecuencia, unidades, recarga etc.
¿Cómo
es posible que por un proceso legal, aquella empresa (para colmos, dirigida por
extranjeros) secuestre a la Federación Panameña de Fútbol? ¿Dónde estaban los
directivos y responsables de la federación?
¿En medio del crecimiento futbolístico que ha tenido el país, con mejores
jugadores, mejor equipo, mejor fútbol nos pasa esto?...eso también se llama
crecimiento a lo loco. ¿Cómo es posible que los obreros de la construcción queden dirigiendo el
tránsito en Punta Pacífica y otros lares? Falta de autoridad, falta de
supervisión, falta de mediación. ¿Cómo
es posible que se construya un metro, y no se contemple el gasto energético,
peor aún, en medio de una crisis de energía?.
Me extraña que para ser un gobierno de corte empresarial y privado,
tengan tan pobre capacidad mediadora y liderazgo. ¿En qué han fijado sus
intereses nuestras autoridades, que ni siquiera supervisan sus propias obras?...
¿A dónde nos llevará mucho crecimiento y poca supervisión? Es como el adolescente que crece sin dirección,
ni formación parental (no sólo gritos, correazos y castigos) Es como si viajara
en un tren a toda velocidad, dirigido por alguien que no está en sus cinco
sentidos todo el tiempo, o que no
está. Y precisamente, esa sensación de “no
estar” la ha manifestado el gobierno en las últimas y peores crisis
nacionales. Dando apenas tardíos y escuetos
comunicados (no pocas veces amenazantes) por las redes sociales. Sin manifestarse certera, ni efectivamente en
cada momento. Falta de liderazgo, sin
confundir el término liderazgo con popularidad.
Son dos cosas que, aunque se mastiquen igual, se digieren diferentes. La popularidad con la que llegó “el cambio”, ahora se ha transformado en su
peor indigestión. Necesitan liderazgo, pero
no hay liderazgo sin autoridad. La
autoridad no se importa, ni se compra, ni se genera nominalmente creando
“Autoridades para esto” “Autoridades para aquello” “Autoridades para lo otro”,
agravando muchos de los problemas que ya teníamos, entre ellos el costo de la
vida, agua, aseo, seguridad, salud, transporte y educación (con todo y la beca).
Hay
algo que el actual gobierno parece no entender (ni tener) que es fundamental en
el ejercicio de la autoridad. Me refiero
al orden y la disciplina. Desde que “el
cambio se instauró en Panamá”, ha hecho derroche y alarde de tremenda torpeza,
indisciplina, mamarrachada, desparpajo, informalidad, vulgaridad y
chabacanería. Todo esto con el
beneplácito presidencial, recalcando que “en su gobierno se podía meter la
pata, pero no la mano”... El ejercicio
de la autoridad requiere respeto propio (del gobierno para consigo mismo)
porque si no te respetas a ti mismo, por más que persigas, intimides o
reprimas, nadie más te va a respetar. De
tu propia actitud nace el respeto (entendiendo que el terror y el miedo tampoco
son sinónimos de respeto) Para ejercer la autoridad, hay que practicar el
respeto para con uno mismo, y para con los demás. Un gobierno que no resuelve, hace todo en
desorden, irrespeta al pueblo (recordando su triste relación con los medios de
comunicación) y que encima no se respeta a sí mismo (recordando los casos de exhibicionismo
público local e internacionalmente) jamás tendrá el respeto de su población,
jamás podrá ejercer la autoridad, o cualquier forma de supervisión, y mucho
menos liderazgo. Porque, reitero, la autoridad nace naturalmente del ejemplo y la actitud
(orden y respeto) para con uno mismo y para con los demás.martes, 2 de abril de 2013
El hombre y la guerra
e ganancia para ellos. Como ocurrió en Vietnam, y otros tantos conflictos, que no terminan de resolver aún pudiendo hacerlo. Viven metiendo sus narices en el petróleo ajeno (Iraq, Kuwait, Afganistán) porque están quebrados, en comparación a como estaban antes de que los bancos golpearan a sus propios ciudadanos. Ellos necesitan la guerra para “reactivar su economía”. Como siempre van a morir inocentes, por pésimas administraciones políticas (Las Coreas y Estados Unidos) Todo en nombre del “Money Money” como diría Billy Idol, “Le gustan los Benjamins” como diría Tommy Real. El mundo se mueve así, la violencia genera dinero, el dinero se utiliza para satisfacer la concupiscencia (gula, droga, sexo, vicios en general, excesos de todo tipo) la carnalidad genera más deuda y violencia, y se repite el ciclo infinitas veces. Es un ciclo causal perfectamente cerrado, con el que las grandes potencias esclavizan al resto del mundo. Entre tanto sale uno que otro “alienado social”, chiquillo loco, o enfermo mental y explota masivamente contra inocentes en un cine, en una escuela, un parque. Todo producto del cáncer social del CONSUMISMO, Capitalismo, Monetarismo.
Y para que vean cómo nos manejan estos grandes intereses “privados” de las grandes potencias (comunistas o democráticas como China, USA, Corea etc.) que le importa un rábano con la humanidad, los países y nuestra especie (porque en cualquier momento nos borran del mapa) Propongo un ejemplo básico al cual he de referirme como “El síndrome de Mike Tyso”. Supongan que Mike es el gobierno americano y Don K (su manejador) los grandes poderes económicos privados que manejan al gobierno. Don K “arregla” una pelea para Mike, con un soberano bulto al que hace ver como si fuera “la madre”. Y efectivamente así lo hacen. Recuerdo aquel eslogan de: “La madre de todas las batallas” (Tormenta del Desierto para los americanos) con el difunto Sadam Husein a inicios de los noventa. Cómo no olvidar la operación “Causa Justa” (Just Cause para los gringos) aquí mismo en Panamá. Más que campañas de guerra ¿A qué suenan?...sí, a eso exactamente, nombres de películas, o peor aún, nombres de promociones comerciales. Suenan a MARCA, mercadeo. Y así mismo es, comercio, comercio de muertes dramáticas, propias o ajenas. Ahora bien, continuando, inflan al bulto haciéndolo ver cómo “la gran vaina”. Lo mercadean al máximo, basados en la gran industria del miedo. 
Miedo generacional, miedo colectivo, miedo económico, miedo existencial. Y tanto miedo traducido en ganancias para los titiriteros del gobierno y pueblo americano, Coreano, árabe etc. Cómo no recordar recientemente a Husein, y sus grandes armas de destrucción masiva en Iraq, que nunca hubo tal cosa. Y lo que sí había en Iraq era Petróleo, precisamente petróleo, dinero, ganancias. Sin embargo, aún con todas estas campañas tan lucrativas de terror y muerte, Estados Unidos no salen de su terrible recesión ¿Por qué?...porque han quedado iguales o peores que nosotros, los del tercer mundo, y nuestra pésima distribución de riquezas. Tanta ganancia de tantas guerras y países intervenidos, sólo queda en el grupo dominante (mega consorcios y gobierno corrupto) sin permearle al pueblo. De cualquier forma, tampoco sería bueno que tanto dinero le llegue al pueblo, porque la miseria humana es la mejor herramienta de los malos gobiernos. Y así Myke continuó peleando con muchos bultos disfrazados de “grandes vainas”, durante mucho tiempo. Hasta que llegó el señor “Luster Doglas”, uno de esos bultos, pero que sí pegaba… y lo noqueó. Yo no quisiera creer que Corea del Norte, ahora es “Luster Doglas”.

A mi parecer, este nuevo estrés de nuestro queridísimo y extr-año 13, de papas que renuncian, papas latinoamericanos, asteroides que nos rozan, meteoritos que explotan, Panamá y sus metro diablos, y MEGA problemas…este nuevo estrés no es más que otra de esas “peleas arregladas” para hacer dinero matando gente. No así el gran Armagedón que desean proyectar. Sin embargo, la abeja vuela aún siendo matemáticamente imposible que lo haga. Es decir, cualquier cosa puede pasar. Decían los antiguos roma nos “Si vis pacem, para bellum”, “Si quieres la paz, prepara la guerra”. El hombre tiene una actitud animalesca con mayor tendencia a la violencia que al razonamiento. Como diría Pío Baroja, “El hombre, un ser un milímetro por encima del mono, cuando no un centímetro por debajo del cerdo”. Tal vez parte de nuestra evolución como especie, sea superar ese aspecto primitivo de nuestra personalidad: La violencia. Que yo interpreto como un cortocircuito en nuestro sistema emocional. “La guerra es una masacre de gentes que no se conocen, para provecho de gentes que si se conocen pero no se masacran”, dijo un anónimo. E igualmente Pío Baroja (si no me equivoco) “Ser militar en tiempos de paz es una ridiculez, y en tiempo de guerra tremenda estupidez.
viernes, 15 de marzo de 2013
La verdad, algún día también resucitará.
Digo, no puedo iniciar mejor este artículo que exclamando: ¡Qué ridiculez! Hace poco nos tenían pendientes a una chimenea en el Vaticano. Lo cual me recordó mucho a “la alfombra roja” en la entrega de los premios de la academia. Durante días enteros, medios impresos y televisados fotografiaron o filmaron la deslucida chimenea, a la espera del ansiado “humo blanco”. Se contaron los humos negros, se tejieron intrigas, se habló de todo. De la profecía apocalíptica del papa negro, especulando sobre los cardenales africanos. Que si era de esperarse un papa negro propiamente hablando, o un papa que luciera (vistiera) negro etc. Pero hubo humo blanco. Experiencia que hace poco vivimos de forma “natural”, tras la muerte de Juan Pablo II. Pero la “fumata” de Francisco, igual o más publicitada, tiene picante extra. Quedaron los medios parlando italiano, latín, Habemus Papam bla, bla, bla… haciendo de la escogencia del nuevo papa un asunto político electoral.
Ahora el comentario más generalizado, y lo digo tal cual (porque lo he visto en medios locales e internacionales) es que el nuevo papa, Francisco, anda en bus. Que rechazó el papa-móvil en sus primeros traslados. Y que no se le debe llamar Francisco primero, sino Francisco a secas. La noticia más comercializada es que se trata de un Jesuita muy humilde. Fuera de todo lo bonito que esto pueda sonar, pregunto yo: ¿Acaso ser humilde implicaría ser débil? ¿En este momento, la iglesia necesita a una personalidad humilde o una aguerrida? Tendríamos que preguntarnos si a una persona humilde, o sencilla, le gustaría sumergirse en las complejidades de la investigación y confrontación. Pero muy al contrario de lo extraño que esto pudiera sonar, yo considero que el nuevo papa bien pudiera ser humilde e igualmente aguerrido. Es un papa que sube con demasiada expectativa, eso sí es cierto. Después de la claudicación de Benedicto, quitando la apreciación subjetiva de lo del “Espíritu Santo”, Francisco tiene un largo camino por delante.
El primer latinoamericano en ocupar el cargo, tremendo orgullo para nosotros. Independientemente a lo que han dicho sobre su humildad, a mí me causó buena vibra. Inclusive, le noté cierto parecido con Juan Pablo II. Una ilusión más, una esperanza más para aquellos que aún creemos en el catolicismo. Sin embargo, allí viene el asunto entre ser creyente o ser fanático. El creyente puede dejar de creer, el fanático jamás dejará de creer. ¿Creer en qué?...en la mentira. Recordando que la verdad nos hace libres, yo creo que aquí hay gato encerrado (por no decir papa emérito, o papa encerrado en Castel Gandolfo o donde sea). Aquí hay otra historia que quieren ocultar en este vaivén papal, utilizando a los papas de yoyo. Ahora vendrá todo este asunto sobre “la santidad del nuevo papa” y lo que nos quieran hacer creer. Aún cuando los hechos refieran claramente un cisma eclesiástico. Un conflicto interno que tal vez no sea de humo negro, ni blanco, sino rojo. Rojo, color de la sangre humana.
Durante su primera toma pasada la elección, lo noté contrariado. Como quién dice: “¿Por qué a mí?”. Y aunque no pueda meterme en su cabeza, ni en el vaticano, es muy probable que las mismas personas que de una u otra forma hicieron renunciar a Benedicto, nombraron a Francisco. Sin embargo, como diría William Cowper: “Dios se mueve de una forma misteriosa, sus milagros realizará”. Y se ha formado tremendo espectáculo, tal vez no del todo promovido por la misma iglesia. Quizás sólo se trate de un espectáculo (Benedicto) generando otro espectáculo (Francisco). Porque así opera el Show Business del capitalismo salvaje, que también llega hasta allá. Igual que con Pistorius, el atleta paralímpico que “asesinó sin querer a su novia”. En las olimpiadas pasadas, Oscar Pistorius fue positivamente explotado al máximo. Y recién ahora acaban de destruirlo. E independientemente a su culpabilidad, el gusto colectivo fue casi el mismo antes y después del homicidio. La prensa, los medios, el consumismo, el capitalismo salvaje disfruta creando figuras para luego destriparlas. Como tripas volvieron a Benedicto. De cualquier forma, Dios sigue vivo...y la verdad, algún día también resucitará.martes, 12 de marzo de 2013
¡Vaya, qué cambio!
Así como dicen que “las obras se ven”, del cambio también se ven otras cosas y peores. Hoy mi barriada amaneció sin agua. Antes del cambio, el agua se nos iba pocas veces. Después del cambio, el agua se nos va muchas veces. Antes del cambio, el agua se iba a lo sumo algunas horas. Después del cambio, el agua se nos va por días. Refiero una barriada de clase media. Cuando el cambio dijo que iba a mejorar la calidad de vida de los panameños, pensé que la clase pobre iba a acercarse más a la media, no la media a la pobre. Comenzando por el agua, me parece que nos han desmejorado la calidad de vida terriblemente. Antes del cambio, el agua del grifo se podía beber la mayor parte del tiempo. Después del cambio, han dicho ya en varias ocasiones y durante varios días que no se puede beber. Esta inseguridad nos ha llevado a comprar agua embotellada. Ocho garrafones al mes, treinta y dos dólares más sobre el costo del agua. ¡El agua!, líquido vital humano. No el metro, ni el metro bus, ni la cinta costera III, ni el reordenamiento vial... ¡El agua! Entonces podríamos decir que la calidad del agua ha desmejorado, y aún así tenemos que pagar más por ella (al tener que comprar la potable) ¿Acaso así se mejora la calidad de vida del panameño, pagando más por un producto de menor calidad? ¡Vaya, qué cambio!
Muchas veces oigo la propaganda de “qué hace el gobierno por nosotros”. Mencionan el subsidio de gas, pero no dicen que eso NO fue obra de este gobierno. Y no mencionan que ahora pagamos más luz (por la reducción en el rango del subsidio de electricidad) Sin importar que las fluctuaciones eléctricas parecen ser cada vez más constantes, y los apagones (igual a lo del agua) ahora afectan a todo Panamá. Es decir, después del cambio pagamos más por un peor servicio eléctrico. La mayor parte de tanta propaganda gubernamental gira alrededor de sus “obras”. Pero pregunto yo: ¿Qué ha hecho el gobierno por el costo de la comida? Las jumbo ferias (que ya ni suenan ni truenan) iniciativa criticada en otros gobiernos (ferias compitas) tampoco han representado gran diferencia para nuestros bolsillos. Al contrario, inhumanas filas, viscerales filas (aún bajo lluvia) para comprar productos a un precio “justo”. Como si éste fuera un país del quinto mundo. Como si éste no fuera el país del “grado de inversión” que tanto pregonan. Como si éste fuera un país lleno de pordioseros o pepenadores. La comida ha subido de precio terriblemente, y el gobierno de “las obras” no da soluciones definitivas sobre como bajar y congelar el precio de los alimentos y artículos de primera necesidad. Comida y electricidad más cara. ¡Vaya, qué cambio!
Mejor ni hablar del combustible. Mejor ni hablar del costo de las escuelas, y de los útiles. ¿De qué sirven las mochilas y la beca, si los niños y sus padres no comen bien porque la comida ha subido de precio? El cambio ha dado la beca universal, pero qué compensación monetaria le da a todas las personas que tienen a sus hijos en escuelas privadas. Recordando que hay muchísimos panameños que aún siendo pobres, hacen tremendo sacrificio para mandar a sus hijos a planteles privados, queriendo evitar que un sindicalista-huelguista les de clase. Tratando de que sus hijos aprendan en un lugar seguro, sin cierres de calle, tiradera de piedra, fibra de vidrio y condiciones sanitarias deplorables. ¿Qué respuesta le da el cambio a todo eso? ¿La transformación curricular?... Peor si hablamos del combustible. Danza macabra al ritmo de complacencias “ajenas”, que a todas luces perjudican al pueblo. ¿Qué hace el cambio con relación a esto? De qué me sirven las obras, la cinta costera III, la reparación de las calles si no puedo recorrerlas por el costo excesivo del combustible. O acaso vamos a comer dos o tres capas de asfalto, en lugar de alimentos de primera necesidad. Las incomodidades pasan y las obras quedan. Pero el hambre, la inflación, la deuda, los muertos y la ignorancia también quedan. ¡Vaya, qué cambio!martes, 5 de marzo de 2013
Complicidad político-ciudadana
Yo crecí en tiempos de la dictadura militar. Cuando sus personajes más grotescos, eran los legisladores que acuerpaban al gobierno. Entonces vi al ahora ex-embajador de Panamá en la OEA, protagonizar vergonzosas situaciones a lo interno del parlamento. Luchando por la democracia. En aquel tiempo reinaba la maleantería en el país. Casi pudiéramos decir que entonces se puso de moda ser maleante, ser gorila (porque dar golpes pagaba bien…) La bota militar trajo la institucionalización de la chusma, del lumpen. Cuarenta años atrás los modales, las buenas costumbres, el respeto y otras muchas cosas se perdieron con el modelo que implantaron ellos (fuerza bruta, descerebrada y abyecta) Es decir, tomarse a la fuerza algo que no era suyo, y repartirlo como si fuera piñata bajo la pírrica excusa del “revanchismo social”. Y triunfó, aunque por la fuerza, la maleantería. De allí en adelante muchas generaciones han adoptado este patrón vivencial como “natural” en nosotros. Me refiero al famoso juega vivo, los vivos pendejos, la imposición etc. Con esto no digo que no hubiera maleantes antes de los militares, ni corruptos, ni juega vivo. Sino que a partir del militarismo lo vimos como una “gracia” (cuando antes daba vergüenza) interiorizándolo en nuestra conducta, reitero, bajo la patética excusa del “revanchismo social”. Y con esta filosofía, muchos legisladores compraron votos repartiendo colchones, bloques, zinc, comida. Muy posiblemente utilizando las arcas del estado.
De cualquier forma pregunto: ¿Cuánta agua ha corrido bajo el río?...para que sigamos navegando en la misma barca. ¡Da tristeza! Los maleantes siempre han existido, pero de allí a que la maleantería se halla instaurado en la conciencia colectiva del panameño, es aún mucho más triste. La cosa pública se repartía desde antes de los militares, a un menor grupo de gente. Al abrir el alcance de “los beneficiados”, repartiéndola a mucha más gente, los militares enquistaron en nuestro comportamiento social “el derecho a tomar y repartir lo que no es mío”. ¿Cuántas generaciones han pasado justificando, racionalizando esta forma de pensamiento? Cada “lucha” que se da en este país, sobre cualquier cosa por la cual no hayamos trabajado, es simplemente eso. Apropiarse de lo ajeno, so pretexto social. Como lo hace el invasor de tierra, así mismo lo hace el invasor político, y así mismo piensan los que los reeligen: “Tomar lo que no me pertenece, porque yo también tengo derecho”. Me apena mucho como ciudadano, que aún sigamos viendo a estos legisladores del militarismo, reencarnados en varios diputados actuales. Con la misma chabacanería, la misma maleantería y el mismo pretexto social, aprovecharse de la miseria ciudadana, negociar amoralmente con el pueblo, vendernos lo más barato posible, como si fuéramos mercancía de supermercado. Pareciera que la actitud demostrada en el saqueo del 89, afloró del subconsciente colectivo de entonces (y de ahora) haciendo al que no saqueador, sí un buen cómplice.
¿En dónde quedó eso de ser pobre pero honrado? Ya no importa ser honrado, sino dejar de ser pobre (así fuere a cuesta de la propia honradez) La cruzada civilista nos decía “acepten todo lo que les den, pero voten en contra”. Hoy tristemente, seguimos bajo el mismo esquema ¿Qué carajo hemos aprendido entonces? Si seguimos votando por un jamón, un pedazo de zinc, bloques etc. ¿Seguimos aceptando las migajas de lo que en realidad es nuestro, del estado? ¿Qué ha ocurrido con el panameño de entonces hacia acá? Deberíamos entender, que aceptar lo que no nos hemos ganado con el esfuerzo (aunque sea público) es también robar. Y tanta pantomima de que “lo merecemos porque es nuestro” no es más que la racionalización del delito. ¿Podemos merecernos a nivel individual, lo que nos pertenece a todos a nivel social? Si fuera una distribución justa, equitativa y en base al esfuerzo común, pues sí. De a dedo, jamás. Pero como lo han hecho los políticos y gran parte del pueblo panameño, sólo cabe una palabra: complicidad. Complicidad en el delito. Corrupción. Será que en lugar de evolucionar, hemos entrado a un proceso de involución social. Lo vemos a diario cuando alguien nos tira el auto (porque se cree dueño de la vía pública) o viola una señalización “porque todos lo hacen”. Lo vemos al tirar basura en la calle. Lo vemos en la intolerancia individual hacia la diversidad del ser. Lo vemos al no considerar a los demás ciudadanos, porque creemos que el país es nuestro. Sí, desde entonces hasta ahora hemos repudiado a los dictadores. Sin embargo, cómo nos gusta sentirnos “pequeños tiranos de la vida” frente al resto ciudadano... Odiamos la corrupción, cuando no nos favorece. Es tanta la hipocresía social en nuestro país, que nos mantiene divididos. Y de esa división, precisamente, se nutren los parásitos políticos.
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