Así como dicen que “las obras se ven”, del cambio también se ven otras cosas y peores. Hoy mi barriada amaneció sin agua. Antes del cambio, el agua se nos iba pocas veces. Después del cambio, el agua se nos va muchas veces. Antes del cambio, el agua se iba a lo sumo algunas horas. Después del cambio, el agua se nos va por días. Refiero una barriada de clase media. Cuando el cambio dijo que iba a mejorar la calidad de vida de los panameños, pensé que la clase pobre iba a acercarse más a la media, no la media a la pobre. Comenzando por el agua, me parece que nos han desmejorado la calidad de vida terriblemente. Antes del cambio, el agua del grifo se podía beber la mayor parte del tiempo. Después del cambio, han dicho ya en varias ocasiones y durante varios días que no se puede beber. Esta inseguridad nos ha llevado a comprar agua embotellada. Ocho garrafones al mes, treinta y dos dólares más sobre el costo del agua. ¡El agua!, líquido vital humano. No el metro, ni el metro bus, ni la cinta costera III, ni el reordenamiento vial... ¡El agua! Entonces podríamos decir que la calidad del agua ha desmejorado, y aún así tenemos que pagar más por ella (al tener que comprar la potable) ¿Acaso así se mejora la calidad de vida del panameño, pagando más por un producto de menor calidad? ¡Vaya, qué cambio!
Muchas veces oigo la propaganda de “qué hace el gobierno por nosotros”. Mencionan el subsidio de gas, pero no dicen que eso NO fue obra de este gobierno. Y no mencionan que ahora pagamos más luz (por la reducción en el rango del subsidio de electricidad) Sin importar que las fluctuaciones eléctricas parecen ser cada vez más constantes, y los apagones (igual a lo del agua) ahora afectan a todo Panamá. Es decir, después del cambio pagamos más por un peor servicio eléctrico. La mayor parte de tanta propaganda gubernamental gira alrededor de sus “obras”. Pero pregunto yo: ¿Qué ha hecho el gobierno por el costo de la comida? Las jumbo ferias (que ya ni suenan ni truenan) iniciativa criticada en otros gobiernos (ferias compitas) tampoco han representado gran diferencia para nuestros bolsillos. Al contrario, inhumanas filas, viscerales filas (aún bajo lluvia) para comprar productos a un precio “justo”. Como si éste fuera un país del quinto mundo. Como si éste no fuera el país del “grado de inversión” que tanto pregonan. Como si éste fuera un país lleno de pordioseros o pepenadores. La comida ha subido de precio terriblemente, y el gobierno de “las obras” no da soluciones definitivas sobre como bajar y congelar el precio de los alimentos y artículos de primera necesidad. Comida y electricidad más cara. ¡Vaya, qué cambio!
Mejor ni hablar del combustible. Mejor ni hablar del costo de las escuelas, y de los útiles. ¿De qué sirven las mochilas y la beca, si los niños y sus padres no comen bien porque la comida ha subido de precio? El cambio ha dado la beca universal, pero qué compensación monetaria le da a todas las personas que tienen a sus hijos en escuelas privadas. Recordando que hay muchísimos panameños que aún siendo pobres, hacen tremendo sacrificio para mandar a sus hijos a planteles privados, queriendo evitar que un sindicalista-huelguista les de clase. Tratando de que sus hijos aprendan en un lugar seguro, sin cierres de calle, tiradera de piedra, fibra de vidrio y condiciones sanitarias deplorables. ¿Qué respuesta le da el cambio a todo eso? ¿La transformación curricular?... Peor si hablamos del combustible. Danza macabra al ritmo de complacencias “ajenas”, que a todas luces perjudican al pueblo. ¿Qué hace el cambio con relación a esto? De qué me sirven las obras, la cinta costera III, la reparación de las calles si no puedo recorrerlas por el costo excesivo del combustible. O acaso vamos a comer dos o tres capas de asfalto, en lugar de alimentos de primera necesidad. Las incomodidades pasan y las obras quedan. Pero el hambre, la inflación, la deuda, los muertos y la ignorancia también quedan. ¡Vaya, qué cambio!

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