MASLEIDOS

miércoles, 19 de junio de 2013

Un buen equipo y un mejor gobierno



Hoy amanece el país en esa extraña calma, como después de la tormenta.  Pero lo que más me llama la atención es que muy pocas personas quieren “hablar del tema”.  La fiebre se ha ido, la emoción naufragó, la marea o la extrema o como quieran llamarle “roja” se desangró, ¿O acaso sería mejor decirle, se desinfló? Es la típica actitud de cuando hay un problema, mirar hacia otro lado. ¿Entonces por qué asombrarnos de que nuestro equipo cambiara totalmente después del primer gol, si el mismo país se rinde tan fácilmente?  E incluso, el técnico sólo se limita a comentar que “hay que pasar la página”.  ¿Y con esa actitud llegaremos a un mundial? Una actitud tan emocional, tan sentida, de la directiva técnica, de los fanáticos, de los mismos jugadores (que frustrados recurrieron a cuadros violentos de muy bajo perfil)  Desde chico me enseñaron que si uno no afronta un problema, el problema regresa agrandado.  El panameño vive encerrado en lecciones que no quiere aprender.  Por eso, veinte años después de una dictadura, también de veinte años, nos inclinamos peligrosamente a tolerar otra forma de autoritarismo.  Porque nos apresuramos a borrar los malos recuerdos, antes de que el aprendizaje cuaje.  Si socialmente corremos a olvidar todo lo malo, repetiremos los mismos errores una y otra vez.  Después del primer gol apagué la televisión, y cuando los vecinos lloraron el segundo, supe que había hecho lo correcto. “Jugamos como nunca, y perdemos como siempre…” es la frase de un perdedor, dicen.  Al perdedor no lo hacen las frases, sino sus propias acciones.  Porque cada acción debe ser determinada por la autocrítica, la corrección y el enmiendo.  Pero si satanizamos la crítica y a todo el que critica, pues, regocijémonos en nuestra propia ignorancia y mediocridad, de llorar como niños lo que jamás defendimos como hombres (ni entendimos como adultos)  La selección no es consistente.  La consistencia se presta para ganar, mantenerse, y llegar más lejos.  La inconsistencia es propia del que vive a tumbos.  Cuando el ganador cae se levanta para avanzar.  El perdedor se levanta para huir. 

Ayer, caímos frente a nuestro eterno rival, vecino y hermano: Costa Rica.  Todavía no metemos goles, todavía nos quejamos del director, todavía seguimos perdiendo.  Aunque en el fondo todo panameño sabe que Panamá no haría gran cosa en el mundial, porque jugamos como el estudiante que estudia para sacar tres.   Jugamos para llegar a un mundial, no para competir en él.  El sentido común, muy lejos de tecnicismos, excusas y publicidad, nos impide creer totalmente el cuento.  Un equipo no se arma con un par de excelentes jugadores, ni  dos empresas lucrando del deporte, “la ingenuidad” y el alcoholismo panameño.  Cuando aprendamos a unirnos porque no recogen la basura, porque no llega el agua, porque no hay medicinas en el seguro, porque el transporte es una basura, por el costo de la canasta básica, porque el gobierno nos endeuda desmesuradamente, por los escándalos de mal manejo  del recaudo de nuestros impuestos, para tener un poquito más de dignidad social… Sólo cuando aprendamos a decir que NO, recordando a Demetrio Herrera Sevillano (1902-1950) 

Paisano mío,
panameño;
tú siempre respondes: «sí».
Pero no para luchar.
Que no para protestar
cuando te ultrajan a ti.

Sólo después, sacaremos un buen equipo y un buen gobierno.  Nos dejamos llevar por los medios de comunicación.  Panamá ha mejorado futbolísticamente hablando, eso es innegable.  Pero  no por eso hemos ganado el derecho a ir a un mundial.  El automatismo, la inmediatez y el carácter hedonista de nuestra sociedad, nos masifican, pero jamás solidarizan.  Hemos perdido el concepto de lucha social, por el de masa.  Un país tan consumista, que prefiere importar más que producir (peor en este gobierno) no logra el coraje y la disciplina de insistir en la producción de nuestras propias opciones.  Con esa actitud jamás tendremos un buen equipo, ni mucho menos un  buen gobierno. 

jueves, 13 de junio de 2013

El patio limoso que llevan dentro



A veces escucho a personas decir con algún tipo de orgullo: “Yo salí del barrio”… entonces les pregunto: “¿Y habrá salido el barrio de ti?”.  En cierta ocasión alguien me aclaró que “chombo” no es un color, sino una actitud.  Entiéndase, hay blancos con actitud de chombos.  También me explicaron que uno puede ser total y perfectamente pobre, sin ser chusma.  Porque la chusma existe aún en las clases adineradas. Como panameños y como individuos nos hemos acostumbrado a percibir el lado emotivo de las cosas, no el racional.  Vivimos de estereotipos, prejuzgamientos e intolerancia.  ¿Falta de educación?...no, cada día vemos más y mejores profesionales que como personas dejan mucho que desear.  ¿Mala crianza?...no siempre.  ¿Cultura?...quizás un poco.  En resumen, hablo del conjunto de factores (casa, escuela y sociedad)  que yo denomino “Formación personal”. Nuestra sociedad, tan hedonista e inmediatista,  deforma en lugar de formar. Lo malo se convierte en bueno porque todo el mundo lo hace, y las mentiras en verdades porque todo el mundo las repite.
El patio limoso no sale de la cabeza de muchos panameños, incluyendo notables políticos y autoridades.  Dicho sea de paso, varios de los cuales jamás han compartido experiencias in situ.  ¿Fenómeno socio-cultural?...  Sería muy triste tener que aceptar, que los panameños sólo mantenemos en común actitudes vivenciales de tan bajo perfil (juega vivo y poco importa)  Sin embargo, el aberrante mutismo de la gente decente de Panamá, ha empezado a tomar proporciones epidémicas.  Estos últimos años la política criolla ha dado un giro avieso, por no decir escatológico (cito lo del Lomotil) y violento (citando aquella grabación de los huesos rotos) 
En el patio limoso no cesan las trifulcas, en las cuales casi siempre gana el más vulgar o el que más grita, no así quien tenga la razón.  Lo de “limoso” es evidente, digo, una ciudad que no sabemos si están re-construyendo o destruyendo.  La acumulación de las aguas negras, la recolección de la basura, la actitud higiénica del ciudadano.  En el patio limoso todos los vecinos conviven en un espacio tan pequeño, compartiendo casi la misma realidad socio-económica.  El nivel formativo individual (que antes mencionaba) es muy similar entre los huéspedes, que tampoco desean mejorar sus circunstancias.  No pocas veces  bajo una perspectiva de vida parasitaria, “subsidiados” por decirlo de una forma más política (beca, tanque de gas, electricidad, pasaje)  En el patio limoso no hay autoridad, o mejor dicho, la autoridad se manifiesta inútilmente y casi siempre después de trágicos acontecimientos.  Existe mucho terror cotidiano (sostenidas amenazas)  y un par de “elementos controlando el área”...  La autoridad termina mimetizándose en mediocre comensalismo con el barrio (corrupción nacional) y triunfa la bribonada  en cualquiera de sus formas.  En el patio limoso los vecinos también se espían los unos a los otros, ya fuera para generar habladurías, o sacarse los trapos entre ellos, jamás en beneficio de alguien.
En el patio limoso los inquilinos se quejan de que no tienen forma de suplir sus necesidades básicas existenciales, sin embargo poseen modernos equipos de entretenimiento.  Podrán compartir el mismo baño,  pero no tanto como el plasma o el celular inteligente.  No tendrán comida, pero sí “bebida”.  Y ese mismo carácter vacuo de suplir lo superfluo más allá de lo realmente necesario, lo vivimos a macro escala en este “progreso” que sólo construye, pero no baja el precio de la comida, el combustible, nos ha encarecido la vida y ni siquiera recoge bien la basura de nuestro patio limoso. En el patio limoso también vive mucha gente honesta, inteligente, capaz y honrada, que se esconde y calla mientras se alborotan los escándalos, la campaña sucia, las trifulcas, los insultos, la balacera.  En consecuencia, sería conveniente reflexionar un poco más cada vez que veamos un reportaje del gueto, barrio, o patio limoso.  Pensando si de verdad estamos excluidos de semejante realidad, o acaso vivimos tan inmersos en ella que no la vemos, o no queremos reconocer en nosotros mismos.

Dosificando el veneno social del cambio



Así como trajeron a MiBus (del Metro Bus) una compañía extranjera para que maneje todo el transporte del país, quitándoles el negocio a comerciantes nacionales, sin importar el sufrimiento y todo el malestar que nos han traído.  Lo mismo hacen con el resto del país, arrancándolo de las manos de todos. Pero de forma tan elaborada, que el panameño “de a pie” no lo percibe.  El asunto está en manipular las proporciones, hasta que un día amanezcamos descubriendo por fin que vivimos en un país inmanejable, por lo económicamente  desproporcionado.  Y el cuento es tan bueno, que muchos extranjeros han empezado a migrar para vivir “el sueño panameño”.  Sería interesante conocer cuántos inmigrantes llegan, por cada turista que nos visita.  Así podríamos saber, si nuestra proyección internacional funciona correctamente.
No podemos pagar con efectivo el autobús.  Únicamente utilizando aquella tarjeta  cuyo funcionamiento, dicho sea de paso,  ha ocasionado iguales o mayores problemas a los del servicio en sí.  Muy pronto en los corredores sólo se viajará mediante tarjeta.  Si bien tenemos una moneda habilitada para circular en todo el país, ¿Por qué en los corredores y el Metro Bus no se puede pagar con ella?  Es como si nuestra moneda nacional, sólo sirviera en ciertos lugares, caso tal no deberíamos llamarle “nacional”. ¿O será que debemos cambiar algunas leyes, para que Panamá se adapte al nuevo esquema del cambio?  Porque la filosofía de este gobierno no es adaptarse al estado, sino que el estado se adapte al gobierno.
Pesamos el pan al pagarlo.  Supuestamente, a un pan menos pesado, un costo menos elevado. A mi parecer, el pan sigue pesando lo mismo pero más caro.  ¿Dónde podría estar la ganancia del consumidor? Tal vez al comprar más pan, el precio total sea levemente menor a cuando lo compramos por unidad. Pero el panameño no compra en cantidad, sino lo que le permita la quincena.  Algo bastante similar ha ocurrido pasándonos de libras a kilos.  La libra era una cantidad más pequeña y manejable.  Cosa que no ocurre con el kilo, 2.204 libras.  Ahora el panameño tiene que acostumbrarse a trabajar con grandes cantidades, o aprender a pedir en fracciones de kilos.  De cualquier forma terminamos pagando más.
Con el cambio de galones a litros, vamos de una cantidad mayor a otra menor.  En un galón hay 3.785 litros.  Cada vez que compramos gasolina, parece que le echáramos más cantidad de unidades.  Es correcto, echamos más unidades, pero unidades más pequeñas. ¿En qué nos afecta esto? Que ahora los aumentos se darán en función de cantidades “menores”, creándonos la falsa sensación de que el aumento es poco.   Si uno tiene mucho dinero, le resulta más barato manejar grandes cantidades de cada cosa que compra.  Pero si no, las cantidades pequeñas son mucho más adaptables a nuestra economía. Luego, considerando la pésima distribución de riquezas panameñas, y que la mayor parte de nuestra población se maneja con pequeñas cantidades de efectivo, concluyo que trabajar en grandes cantidades a mediano o largo plazo termina mal afectándonos. 
Como quien induce mucho veneno en pequeñas dosis, adicionando todos los demás incrementos de precios en nuestra economía (electricidad, combustible, impuestos) para evitar reacciones nos deslumbran con todo este falso progreso, jamás equitativo, que nunca será nuestro.  Como el galgo correteando la liebre de cartón, o el insecto sintiendo el creciente calor de la llama que lo atrae y calcina.  Así nos traen, sufriendo engañados.  Sin embargo, el voto sigue siendo nuestro. ¡Que Dios salve a Panamá!... o lo que dejen de ella.

martes, 28 de mayo de 2013

¿Ciudadanos, empleados o esclavos?


He pensado en más de una ocasión, por qué este gobierno nos trata como lo hace.  Tratando de ser objetivo, escucho detenidamente todos sus alegatos, pero no hay substancia que me dé arraigo racional.  Algún tiempo lejano, muy lejano, quise creerles, y de hecho así lo hice.  Pero el encanto me duró poco.  Ante los acontecimientos, cualquier ser humano de mediano alcance intelectual, se daría cuenta que no sólo engañan, sino que también explotan.  Lo que no tiene sentido de todo esto, es su insistencia enfermiza de hacernos creer que es para el bien de todos.  Un progreso que nos aplasta, que no toma en cuenta al pueblo, al ser humano, a la gente, no es bueno.  Como muy torpes sofistas, convenciéndonos de que la realidad es otra.  Esta arremetida brutal que le han montado al panameño, no tiene arte.  Por todos lados, resuena la palabra “corrupción”, y el patético recuerdo de “entran pobres y salen millonarios”. Este gobierno parece una broma de muy mal gusto, una morisqueta que trunca en llanto.Como si construir un par de carreteras, mal arreglar dos huecos, ampliar calles y prometer cosas fuera más importante que la supervivencia ciudadana.  Con esa otra frase “las molestias pasan y las obras quedan”, nos ponen a sufrir como burros de carga.  ¿Pero quién gana realmente? Porque los alimentos siguen caros, el combustible y el costo de la vida aumentan.  Este progreso no llega realmente al panameño.  Sin embargo, lo peor de decir mentiras, no es precisamente decirlas sino creérselas.  Y me parece que ellos  han empezado a creérselas.  Los otros gobiernos pecaban de mayor lentitud e inacción, sin embargo, éste sufre de agresividad eventualmente innecesaria hacia el propio nacional.  Como si realmente nos odiaran.  El asunto de los metros buses es algo que lo demuestra.  Cómo tratan a la gente, como si fuera ganado.  Igual con las jumbo feria, formar filas inhumanas esperando a que “el sistema” se compadezca.



Todo queda en entre dicho o entre visto, como si nos hicieran un favor de agradecimiento vitalicio.  Como si esto fuera “algo” antes jamás visto por  los pobres e inmerecidos ojos panameños. ¿Pero por qué pensarán que debemos agradecerles que hagan su trabajo, que construyan con el dinero de nuestros impuestos  y justifiquen el salario que les pagamos? A no ser que verdaderamente crean que, en lugar de servirnos ellos a nosotros, nosotros tengamos que servirles a ellos.  Como si no se tratara de un gobierno, pueblo y empleados públicos;  sino de dueños, un negocio y sus empleados. ¿Indeseable efecto colateral, al fusionar el poder público con la empresa privada?  Y como aquí en Panamá, muchos de los dueños no ven a sus empleados como colaboradores, sino como esclavos... pues, así han empezado a tratarnos.  Nos azotan a diario con semejante mediocridad, y encima debemos reírnos agradeciéndoles tanto maltrato social (tranques, transporte, costo de la vida, agua, aseo, electricidad etc.) Como si debiéramos agradecerles que "embellezcan" a la ciudad (con nuestro dinero) sin proveernos más y mejor comida, salud, seguridad y educación pública.  Por eso, por esa equivocada forma de pensar, megalómana, prepotente y de ponerle precio a todo, por eso nos tratan así.  Como si no valiéramos como humanos, sino sólo por cuánto (y lo que)  producimos, o qué tanto nos arrastramos. Eso se llama: CAPITALISMO SALVAJE, y los panameños lo estamos sufriendo en carne propia a diario.  Sin embargo, el peor riesgo de mentir,  es terminar creyendo la mentira.  El hombre jamás puede estar al servicio del progreso.  No hay progreso “bueno”, que desestime la existencia humana.  Esa es la verdad, y el panameño ha empezado a entenderla.

Como el perro que se muerde la cola


 
 
¿Podemos decir que un rayo no cae dos veces en el mismo lugar?...en Panamá no.  Mejor aún, respondamos la pregunta: ¿Cuántas veces tropieza un hombre con la misma piedra antes de aprender?, diciendo que ya por fin certificamos por qué Cambio Democrático no firmó el pacto electoral… Deprime, por no decir asquea la situación político-social panameña.  La sociedad panameña es como un zombi que camina medio muerto y medio vivo, con una nube de aves carroñeras picándole la espalda.  Si yo hubiera vivido antes del golpe de estado del 68, diría que Panamá está viviendo niveles de corrupción política muy similares a aquel entonces.  Y eso me preocupa, por la consecuencia inmediata que ha de esperarse según el buen ejercicio de la lógica…nada bueno, en resumidas cuentas.  Que los panameños estemos reviviendo tristemente  un déja vu,  más de dos décadas hacia atrás. Tenemos más carreteras, mejores salarios, mayor deuda, más edificios pero ¿Estamos mejor? ¿Igual? o ¡Peor!  Lo que le pasó al aspirante a alcalde del PRD, tropezar con la misma piedra, nos está pasando a todos los panameños.  ¡Ojo!

Yo escuché la grabación, y debo confesar que me parece increíble.  Pese a su anterior traspié con el caso Murcia, me llamó positivamente la atención que el señor Velásquez mantuviera la cordura, sin cogerse a insultos con nadie, como lo hicieron dos de sus precandidatos presidenciales en las campañas pasadas.    El nivel de decencia manifestado durante esta campaña interna del candidato, e inclusive su facilidad de expresión, por no decir el grado académico, me dificulta creer en aquella grabación (más propia de un maleante)  Sin embargo, desde el punto de vista técnico no tengo por qué dudarla, sin equipo especializado, me parece que no hay modulaciones extras, ni cortes, ni variaciones en el ruido ambiente ni nada que me haga sospechar que las frases más contundentes fueron prefabricadas.  Ahora, mucho menos he de repetir cuáles fueron.  Pero, hablando de “remembranzas”, cómo he de olvidar aquella grabación tan célebre de una tal “Raque” en los tiempos de la dictadura, exponiendo a una figura pública de aquel entonces.

Las grabaciones, los chantajes, los “recuerdos”, los regresos, las vueltas en círculo de las figuras públicas y políticas panameñas es algo triste.  Sobre todo porque parece que no avanzamos en el tiempo, estamos estancados en lo peor de nuestra historia social, cívica, no sé cómo decirlo.  Pareciera que estuviéramos predestinados a vivir revolviéndonos en el miasma. ¿Por qué el presidente fue una de las primeras figuras en hablar de la grabación?...no por eso podemos, ni debemos vincularlo a la misma. Sin embargo, crea una terrible suspicacia.  Sabrá el presidente que atribuyéndose la “exclusividad” de semejante primicia, más que mandar un mensaje de terror a la oposición, o a cualquiera que se le oponga, lo desluce (por no decir anula) como la primera autoridad del país.  Porque, en lugar de velar por la seguridad de la persona señalada, evitando que se cometa un delito, lo maneja a modo de bochinche de patio limoso.  Recordando también pues, que hace poco el gobierno le dio asilo a una figura acusada de espionaje interno, chantaje y soborno en un país hermano.  Nada de esto habla bien del gobierno, del presidente, ni siquiera de su partido político.


Pero, lo que más me deprime, por no decir asquea de la situación, no es la sorprendente actitud de los políticos, ni de las autoridades panameñas, ni el hecho de que vivimos inmersos en una vorágine vandálica de la peor calaña que define de antemano nuestro futuro nacional.  Lo que más me asusta y preocupa de todo esto es la indolencia del pueblo panameño.  Aparte de reducidos grupos sociales y los políticos (los mismos de siempre, o los nuevos de ahora) al panameño común, al panameño “de a pie” parece que le diera igual todo lo que le pasa al lado.  Como si aquí cada cual estuviera por robarse un pedazo de lo de todos, cuidar su hueso o mirar para otro lado.  Las personas comunes no exigen cuentas, no reclaman, no se involucran, no participan, sólo callan y se evaden como si nada estuviera pasando, o nada hubiera pasado.  Por esa actitud de olvidar tan pronto, o de no valorar los acontecimientos que nos vienen encima, por esa misma actitud regresamos siempre a revivir lo peor de nuestra historia (antes, durante y después de la dictadura) Porque no aprendemos, y tampoco queremos aprender a manifestarnos, y vivimos como el perro que da vueltas mordiéndose la cola.

martes, 21 de mayo de 2013

Progreso insufrible


Una característica bien definida del “cambio” es que ha puesto a sufrir a todos los panameños.  Cuando iniciaron nos vino encima una crisis de agua y aseo, que dicho sea de paso, después de casi cuatro años aún no superan.  Recuerdo gente de barrios medios y altos, formando filas para tomar agua de carros cisterna (igual que los pobres toda su vida)  Y así han seguido torturándonos a todos, por “un progreso” que no termina de llegar.  Luego nos vienen con ese cantito de la “continuidad”… Este gobierno, más que los mediocres anteriores, ha venido a tocar la puerta de nuestros hogares con malestares innecesarios.  Entre espasmos escandalosos de corrupción, confrontación armada (no pocas veces)  y tinglados masivos de pueblo contra pueblo, autoridades contra pueblo, gremios contra gobierno... ya no hay paz en este país.  Paralelamente a los escándalos que explotan cada semana, viviendo en suspenso con lo del agua y la electricidad, sobrevivimos al tranque más anormal  de todos los tiempos. Y entre tanto desgaste, la vida subiendo de precio sin que el gobierno haga algo por evitarlo, peor aún, aumentándonos los impuestos.  Frecuento los buscadores de trabajo en línea, y no veo tal crecimiento o mejoras en las ofertas laborales.  El tipo de empleo que parece haber aumentado (el que nos da este espectro de superávit en el país) ha sido el menos profesional.  Los empleos de buen recaudo se lo dan a extranjeros, por la patética excusa de que en Panamá no hay “mano de obra calificada”.  Y los representantes de nuestras prestigiosas casas de estudio públicas y privadas, callan.  Como si aquí sólo hubiera obreros, chicheros, buhoneros, raspaderos, choferes, cantineros, meseras etc.  Y mientras los poderosos se reparten nuestro país, el resto tenemos que sobrevivir sumidos en tranque, aguas negras, basura y corrupción.  ¿Qué le pasa al panameño que no habla, que no se queja?  Será que este gobierno nos ha golpeado tanto, que ya ni quejarnos podemos.  O será que esperamos silentes el 2014 para “sacarnos el clavo”.  Si seguimos en esa actitud,  en el 2014 podremos sacarnos el clavo… pero con otro gobierno peor.   


Cuando los indios salieron, el gobierno los acusó de intentar desestabilizar al gobierno.  Cuando los obreros salieron, igual.  Cuando los maestros salieron, igual.  Cuando los estudiantes salen, dicen que la culpa es de “los infiltrados”, para desestabilizar.  Cuando las enfermeras salen, dan a entender que son unas vagas con cuarenta y cinco días de vacaciones. Cuando el pueblo sale a protestar por sus necesidades básicas, nos culpan a todos tildándonos de parásitos y arrimados.  Cuando sale un nuevo escándalo, nacional o internacional, culpan a la oposición.  Prometen un progreso encarecido, con el que no podrá vivir el panameño promedio, porque sencillamente nos van a encarecer demasiado la vida. No nos tratan como ciudadanos, sino como imbéciles esclavos de una monarquía con ribetes de fanatismo religioso.  Nos deterioran la existencia en más horas de tranque, menos horas de sueño y filas intestinales.  Todo para “embellecer” una ciudad que sólo será para los turistas pudientes, y los dueños de Resort u hoteles.  En consecuencia, los jóvenes tendrán que abandonar sus estudios para servirle a turistas o vender raspado.  Si el panameño no reacciona y corrige su actitud, con menos juega vivo y más inteligencia, lo que le pasó a los dueños y conductores de diablos rojos, nos va a pasar a todos los profesionales, asalariados e inclusive negociantes menores de este país.  Nos van a sacar la república de las manos.  Ojalá los muertos y mártires del nueve de enero regresaran a darnos clases de soberanía y orgullo nacional, dignidad ciudadana y esas cosas, que parece hemos perdido entre el alcohol, palo y aporreo de todos estos pésimos gobiernos. De una u otra forma, es por nuestra falta de solidaridad que estamos viviendo este caos de “sálvese quien pueda”, en lugar de “salvémonos todos”.  Sería bueno que los ancianos de cien a los setenta, los estudiantes con beca universal o los beneficiados del proyecto Curundú, nos digan cómo les va con el transporte y el costo de la vida.  No hay progreso sostenible, no hay crecimiento integral, no hay desarrollo equitativo.  Aquí lo único que se ve, es un desorden incosteable para la mayoría de los panameños, y un negocio redondo para unos pocos aprovechados.  Un pequeño MEGA país de grado de inversión, sumergido  en aguas negras, basura, pésima distribución de riquezas, injusticia social y corrupción.  Ya es hora de que, como pueblo empecemos a generar  nuestras propias opciones, recordando que la lucha no violenta también genera opciones, pero la mansedumbre sólo nos trae más y peor esclavitud.


Ciudadanía Indolente



Ahora este nuevo escándalo de patio limoso que se ha formado entre el presidente de la república y el periodista aquel.  Sin contar lo del decreto de la alcaldía y los supermercados del presidente, supuestamente vendiendo bebidas alcohólicas aún bajo el efecto de la ley zanahoria. Peor aún, la polémica presencia del candidato de CD en los actos gubernamentales de inauguración de obras.  Primero que todo, analizando la respuesta del presidente, descubrimos que hemos dado otra vuelta al círculo vicioso en que opera este gobierno.  Más de aquella política de “ataca al mensajero, no al mensaje”.  El presidente reacciona contra el periodista diciéndole que es un acosador sexual y coimero… ¿Pero acaso eso qué tiene que ver con la veracidad de la noticia publicada?  A mí no me interesa saber si el periodista es o no es un coimero y acosador, a mí me interesa saber cuáles son los vínculos de poder del presidente, y si mal invierte (o no) el dinero del estado (mí dinero, nuestro dinero).   En cuatro años de gobierno, el presidente aún no sabe comportarse como tal, ni controlar sus impulsos, recordando lo ocurrido con aquel otro periodista y el asunto de las drogas.  Y salen sus más viperinos y rastreros defensores, con la absurda excusa de que el presidente es un “hombre común y corriente” y por ende reacciona así cuando lo atacan. 



Qué pensamiento más estúpido, qué justificación más imbécil, e imbéciles la que la replican, y más imbéciles (morones o tarados) los que se la creen.  Si las enfermeras de este país estudiaron tan difícil profesión, aún sabiéndose desactualizadas en la escala salarial nacional, y los médicos y los maestros tienen que laborar estoicamente por “vocación”, es decir, no se les permite pedir mejores salarios porque la supuesta “vocación” les borra cualquier necesidad humana de alimentación o sustento decoroso… ¿Por qué al presidente sí debemos perdonarle que actúe tan incordio, e impropio? ¿O será que debemos cuestionar la vocación de nuestro presidente, que no se sacrifica estoicamente por sus ciudadanos, aunque lo cuestionen y les publiquen turbios escándalos?  En la empresa privada, los altos cargos están ligados a altos salarios generalmente, y esos altos salarios, esos altos cargos implican alta responsabilidad y  “manejo de presión”.  Ahora bien, entonces, ¿Qué debemos esperar del presidente de la república?  ¿Un sujeto que a veces se comporta como tal, y otras veces como presidente?   ¿A veces cuerdo, y a veces no tanto?


¿Por qué el tribunal electoral, u otra autoridad no se manifiestan con pantalones con relación al candidato de CD y su “oportuna” compañía gubernamental?   Hace unos días, con esto de la “crisis de energía”, la ASEP salió a multar cualquier cantidad de comercios pequeños y medianos (los grandes, supuestamente tenían plantas) ¿Ahora quién se atreve a multar a los supermercados aquellos, caso tal hayan cometido alguna falta? ¿O van a modificar las leyes, para no multar a los negocios del ciudadano presidente? ¿Quién carajo tiene cojones en este país? ¿Peor aún, dónde se ha escondido la oposición panameña, que más bien parece taparse tras la sotana del “pacto ético” para que el sujeto de poder no le saque los trapos sucios en público? ¿O será que las relaciones comerciales entre unos y otros les impiden hablar, cerrándoles la boca con un taco de billetes?  Este gato suelto, o “loco de atar” hace que todos ellos luzcan como pequeños ratones.  O cucarachas, que prefieren la oscuridad porque la luz las vuelve vulnerables.   De cualquier forma, parece que detrás de la  fachada del pacto ético, hubiera un pacto de maldad oposición-gobierno, para desangrar al pueblo y repartirse el país.  La ciudad destruida, por todos lados huecos, charcos de aguas negras, basura, escándalos de corrupción explotando a cada rato como palomitas de maíz, pero ¿Qué hace la gente en medio de este paraíso gótico? 




La misma gente que forma filas durante horas para ir y venir de casa, que no le alcanza el dinero (con o sin subsidio, con o sin beca) porque todo está más caro, que esquivan las balaceras de su barrio, que no encuentra medicinas ni tratamientos a tiempo en los centros públicos, que no llega a ver a sus hijos por culpa de un tranque anormal, como anormal tienen a todo el país.  A mí lo que más me asquea de semejante podredumbre, no son los asquerosos de siempre, ni los nuevos de ahora, sino la miserable resignación del pueblo panameño.  Esclavos, burros de carga, o definitivamente cobardes.  Una tierra de campeones mundiales de boxeo, con un pueblo tan flojo y cobarde, indolente e indiferente.  Parece que la gente estuviera encantada, embrujada, porque mientras más cochinadas les sacan en cara, mientras más le dicen: “Hey, están robando tú plata, la de tus hijos, la de tus parientes enfermos” menos hacen, menos quieren oír, más rápido se venden y más pronto se evaden.  Como el avestruz, bajando la cabeza cuando se siente en peligro.  Así las cosas, en un pueblo de esclavos cualquiera es faraón. ¿Dónde ha quedado la gente honesta de este país, de este paraíso gótico?  Y como si fuera poco, sale una bufonada estadística diciendo que el panameño prefiere votar por el relevo de la corrupción. ¿Verdad o mentira? Nadie sabe, pero de cualquier forma, da pena por lo que está pasando Panamá.  Mucho crecimiento económico, mucho desarrollo y un pueblo, un ciudadano cada vez más reducido.