MASLEIDOS

miércoles, 13 de febrero de 2013

Sin embargo, Joseph le ganó a Benedicto




Renunció el papa, pero al panameño poco le importa.  Aunque tampoco es algo que atente directamente contra la comodidad y bienestar de nosotros.  ¿Estamos frente a una sociedad que se espanta por nada? O simplemente estamos frente a una sociedad que aún no regresa de carnavales.  La ceniza en la frente (y el ayuno) es algo doctrinario en el panameño, sobre todo a la hora de “purgar travesurillas carnavalescas”.  Por  lo menos tendríamos que cuestionarnos: ¿Qué pasó? ¿Qué le pasó? ¿Qué le hicieron? ¿Qué mosca le picó?  No es posible que la renuncia del alcalde de Panamá y la de Padre Alberto,  hayan causado mayor algarabía que la de Benedicto XVI. Pero no, no es sólo el panameño, es el mundo entero.  Y creo que la misma iglesia lo sabe, al anunciar su retiro en pleno carnaval.  Apenas un día antes al último de la fiesta (el de desquite).  Recordando que el carnaval es una fiesta internacional que no inventaron los panameños. Pues bien, si esto ha sido repentino, por lo menos “contaron con esa astucia”…para que la noticia arrancara en bajo perfil.   Según tengo entendido, el penúltimo papa en renunciar fue Gregorio XII (1415-2013) hace 598 años.  Gregorio fue papa por nueve años, Benedicto por ocho...  Gregorio fue el cuarto papa del Gran Cisma de Occidente.  Según el diccionario de la RAE (Real Academia Española)  Cisma tiene dos significados: 1-División o separación en el seno de una iglesia o religión 2-Escisión, discordia, desavenencia.  Cualquiera de las dos definiciones, implica conflicto. Cuando Gregorio XII renunció la iglesia estaba en serios conflictos internos, e implicaciones externas de índole revolucionario.  Por mencionar, masas de gente tumbando puertas, amenazando con “cortar cabezas”.  Actitudes que jamás veremos en los panameños, gracias a Dios (precisamente)  



Primero se dijo que abandonaba el cargo por “falta de vigor para regir el ministerio”, pero eso no me convence.  Sobre todo después de haber visto a un papa como Juan Pablo II morir con las botas puestas, con aquello de que “Si Jesús no se bajó de la cruz…” él tampoco lo haría.   Hablamos de que Benedicto XVI ha sido uno de los pocos papas (ni el único Benedicto) que han renunciado en una institución de dos mil y tantos años.   Un promedio muy bajo de renuncias, la gran mayoría en épocas sumamente difíciles.  Sin embargo es destacable que en la historia del catolicismo y el papado, la renuncia de Benedicto XVI tampoco ha sido el peor “escándalo”.  Recordando los rumores de asesinato que circularon alrededor de la muerte de Juan Pablo I, sobornos, vergonzosas exhumaciones etc.  Considerando la gran y vieja data de “tropiezos humanos” en la fe, los muertos en las cruzadas,  inquisición y evangelización inclusive, podríamos decir que Benedicto se ha retirado como un caballero.  Aunque siempre, el asunto de “renunciar” sea tan severamente estigmatizado con ribetes de cobardía, como cierta especie de “suicidio”...




Claro está, que todos nos quedaremos con la duda.  Y habrá muchos que preferirán creer dogmáticamente, dado la naturaleza de nuestra fe y la institucionalidad “ciega” de casi todas las religiones del mundo.  Más allá de esa estructura monolítica de la religión universal, poco sabremos.  Este último papa, prácticamente igualó la fama de Juan Pablo II en contrasentido.  Siendo Juan Pablo II mucho más conciliador, Benedicto XVI fue controversial y polémico desde su inicios (con aquel “pecado original” de haber pertenecido a la juventud hitleriana) pasando por sus polémicos comentarios y severas actitudes en puntos álgidos que así lo requirieron, hasta la forma en que finalmente sale del papado. Pero, si bien Benedicto  jamás tuvo una personalidad sumisa, ha quedado claro que por salud no fue. ¿Entonces por qué renunció?... Por el momento Ratzinger no ha sido lo suficientemente claro, pero decir que lo hizo por “el bien de la iglesia”, nos deja aún peor.  De qué forma  un papa puede afectar negativamente a la iglesia. Acaso el papa era malo y la iglesia buena. O la iglesia mala, y el papa bueno. Entendiendo que la iglesia somos todos, ¿De qué forma nos pudo haber dañado el papa?...  O el papa sabe algo que nosotros no, y con eso nos “dañaría”.  O el papa hizo (o haría) algo para dañarnos.  A mi parecer, Benedicto ha tenido una salida muy poco coherente para con el resto de su papado.  Un papado bien definido, claro y firme.  Sin embargo, tal parece que más pudo Joseph que Benedicto.  Mucho peor aún, si se retira hablando de “hipocresía religiosa”...



¿Contra quién peleó Joseph?, o mejor dicho: ¿Quién le ganó a Benedicto? ¿Quién en este mundo,  tiene el poder de derrocar (o renunciar)  a un papa? ¿No que el papa es la cabeza de la iglesia, por qué se va de esa forma entonces?  Yo he sabido muchas veces que los gobiernos (inclusive los de las grandes potencias) son títeres  de los fines ocultos transnacionales.  ¿Pero al papa, el sucesor de Cristo en la tierra?...  Tal vez si tuviéramos una feligresía un poco menos fiel, pudiéramos saber  algo más.  Pero bueno, pedirle a un hombre de ochenta y cinco años como Ratzinger, que desafíe a un entorno que a todas luces lo supera…no es humano.  Tal vez por eso lo de “no tener ya la capacidad de ejercer el ministerio petrino con el vigor que el mismo requiere”.  Total, yo tampoco me creí lo de Bin Ladem.

viernes, 8 de febrero de 2013

¿Jamones, progreso o espejismo?




La primera realidad que percibió al volver en sí, fue tan abrumadora y asfixiante, que de momento le hizo añorar la inconsciencia.  Jamás hubiera creído en mares de arena, mucho menos a tan pocas horas de la ciudad, y de su propia casa.  El aire caliente que respiraba le apretaba el pecho, su boca era una caja de madera áspera, y la lengua un trozo de algo muerto enterrado en el bajo paladar. Entonces, apenas justo antes de que su piel reconociera la caricia más lacerante del sol, pensó haber llegado al final.  A pocos metros de donde se arrastraba reconoció un manantial, una fuente de agua, copiosa, fluyendo a borbollones lácteos de una raja en crudo sobre la tierra agonizante.  Pero, ¿Acaso podría ser agua de verdad?...  El diccionario de la real academia de la lengua española define la palabra espejismo, cómo: “Ilusión óptica debida a la reflexión total de la luz cuando atraviesa capas de aire de densidad distinta…”.  “Cuando atraviesa capas de aire de densidad distinta…” me agradan esas palabras.  El PRD y el panameñismo demostraron tener poca diferencia en la praxis, luego, podríamos decir que gobernaron en “la misma densidad de aire”.  Cambio Democrático prometió ser “el cambio”, léase, otra densidad de aire distinta. ¿Será posible que el citado “progreso” que estamos viviendo en Panamá, no sea más que una ilusión óptica, un espejismo?

Estados Unidos no ha quedado bien, definitivamente, después de la crisis inmobiliaria se puso peor (ya que tampoco andaba muy bendito). En aquel entonces, los bancos osaron conceder muchos préstamos hipotecarios de alto riesgo.  El evento, causa y efecto de una falsa sensación de bonanza nacional, llevó a la gente  a endeudarse por sobre sus posibilidades financieras.  El negocio inmobiliario creció sobre mera especulación.  Luego, la economía del país cambió a peor, las personas no pudieron salir al frente de sus obligaciones, y varios bancos tampoco pudieron recuperar su inversión.  Quebraron los menos fuertes, ya que los más fuertes no sólo se mantuvieron, sino que el mismo estado (la gente)  los indemnizó.  De tal forma, además de sobrevivir fortalecidos, eliminaron en el doloroso tranque a la competencia. ¿Y el pueblo en  medio,  qué?... ¡A la porra!, como diríamos en buen panameño.  El pueblo norteamericano todavía intenta reponerse de la jugarreta que le hicieron sus propios poderes económicos, aquellos arquetipos del sueño estadounidense, íconos de su propio consumismo, sus diosecillos verdes.  Ahora topan al demonio casi a diario, tratando un exorcismo que les sabe a purgante. ¿Entonces, podrán nuestras economías florecientes de Latinoamérica, mirarse en aquel espejo?.


Fue aberrante la enorme cantidad de personas (muchos extranjeros) el veinticuatro  de Diciembre pasado en los centros comerciales panameños.  Bajo esa óptica, tal pareciera que en Panamá sí hubiera progreso.  Pero de qué tipo: ¿Real o especulativo?.  Si un ciudadano se sobre endeuda para embellecer su casa, la que progresa es la casa, no el ciudadano.  Si a un ciudadano le aumentan el salario (mínimo o no) pero al mismo tiempo le suben los impuestos, la comida y todo lo demás, no hay tal progreso, sólo apariencia.  De cualquier forma, el progreso debería estar al servicio del ciudadano, no el ciudadano al servicio del progreso. En los últimos años, hemos visto cómo Panamá se ha retorcido en obras viales (de aún no comprobada efectividad) mermando la calidad de vida del panameño con tranques vehiculares, que nos quitan tiempo de holgura o descanso familiar.  Todo bajo la patética excusa de que “el malestar pasa y las obras quedan”. Luego, ¿Cuál es la fórmula que promueve el gobierno para el desquite sicosocial del ciudadano?...enriquecer más a los comerciantes de este país, volcándonos todos juntos a los centros comerciales, como ocurrió la noche buena pasada. ¡Que el panameño se endeude más!.  A todo esto podríamos llamarle progreso, o mejor dicho, especulación.  Cuando en algunos años termine el reordenamiento vial, la ampliación del canal y el metro, qué va a pasar en el país. ¿A dónde va a quedar toda esa gente, desempleada y endeudada?  ¿En nuestras calles delinquiendo? Acaso nos re-endeudaremos aún más,  para seguir generando empleomanía enlatada y especulativa. ¿Más subsidios que pagamos nosotros mismos? ¿Más gobierno de piñata? ¿Más jamones, progreso o espejismo?

La marca del panameño es GRANDE pero individualista

 
No podemos decir que perdimos, porque obviamente fue un empate.  Aunque también habría que considerar los dos goles que le metimos a los ticos.  Recordando que los ticos, si bien no son Brasil, tienen mucho más cultura futbolística que Panamá.  Así que podríamos decir que nuestros jugadores (sin contar la defensa y la dirección comprometida y siempre cuestionada) hicieron buen papel.  Aunque yo creo que ya está siendo hora de aceptar que si bien tenemos buenos jugadores, aún no tenemos un buen equipo.  Aparte de que somos poco consistentes en el triunfo, recordando aquella lapidaria frase de  “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, creo que nos falta el asunto del “equipo” propiamente hablando.   Panamá tiene buenos deportistas, eso es indudable, de hecho tenemos demasiados para los pocos que somos.  Sujetos forjados a la hechura de las adversidades, que han triunfado mundialmente.  Como también han triunfado músicos, artistas y profesionales panameños.  La marca del panameño es grande, pero individualista.



Tal vez un cuerpo técnico más experimentado nos pudiera ayudar a consolidarnos mejor en la cancha.  Sin embargo, yo creo que el problema está en el comportamiento mismo del panameño.  Somos buenos, pero terriblemente individualistas. ¿Quién lo duda?...analicemos un poco nuestra realidad social.  Muchas de las agrupaciones sociales panameñas tienen muy corta duración y aún más bajo perfil.  ¿Cuáles serían las más exitosas?...cualquier cosa que tenga que ver con diversión o lucro.  Digamos pues, la política y los carnavales.  ¿Qué ganamos de los carnavales? ¿Cuánto perdemos en la política?  Esto no lo digo yo, esto lo sabemos todos.  El panameño se asocia muy pocas veces para superarse como individuo, persona, ser o ciudadano. ¿Ahora, podríamos esperar algo mejor de nuestro avance social? No es por ser pesimista, pero hay que ver las cosas desde la óptica real.  Que deje de ser así, o cuándo deje de ser así, pues depende mucho de nosotros mismos.  Muy pocos panameños respetan liderazgo y procedimientos, lo cual es fundamental en cualquier estructuración social exitosa.  Tampoco manejamos muy bien el concepto de esfuerzo invertido, con fruto  a mediano o largo plazo.  El éxito panameño no pocas veces se reduce a: triunfar con un mínimo esfuerzo, lo más pronto posible, y haciendo lo que me da la gana. ¿Funcionaría esto en el fútbol, o cualquier otra disciplina?


Lo cierto es que, si no trabajamos en grupo, ¿Cómo diantres esperamos triunfar en equipo? No sólo lo digo por los deportes, sino por la política también.  “Votamos como nunca, y perdimos como siempre”…nuestros elegidos suben al poder con amplia mayoría, la luna de miel es corta, y la agonía demasiado larga.  Luego, en lugar de cultivar y “entrenar” nuestra propia democracia, quedamos rezagados, “aguantando callados” al vilo del despecho en las próximas elecciones.  Dicho sea de paso, esa misma actitud de soñar una cosecha que no hemos sembrado, nos limita las opciones al momento del voto.  Y así nos vamos encerrando, cada vez con menos y peores opciones.  Tristemente, la democracia es un asunto grupal, no individualista.  Todo aquel que conciba la democracia como algo individualista, pues, sólo sube a rebuscarse ¿O me equivoco? Por eso, no avanzamos política, ni social, ni deportivamente hablando.  Porque es un asunto del comportamiento panameño (heredado y aprendido) no así de nuestra naturaleza humana (que siempre es buena)  Así vemos una gran nación de mucho calor humano y poco éxito social.  Lo cual se nota en la pésima distribución de las riquezas, inclusive.  Unos cuantos (jugadores individualistas) viviendo un país de primer mundo, y los demás (el gran resto del equipo) enterrado en el tercer mundo.  Mientras el técnico (el gobierno) ejerce un dudoso desempeño.  Entonces, no quieran convencerme de que el progreso en este país es de todos, y que el desarrollo es para todos.  Si el “todo” panameño no existe, ni adentro, ni afuera de la mente de sus ciudadanos.

viernes, 11 de enero de 2013

Amores colectivos y desengaños masivos.


El humano se basa mucho en figuras de mando con naturaleza centralizada.  Lo cual, a lo largo de la historia, nos ha hecho susceptibles a  caudillos, líderes, cabecillas, y, tiranos finalmente.  El poder corrompe, dicen unos, desenmascara, dicen otros. Es como si existiera un breve, pero complicado proceso de enamoramiento y posterior divorcio, entre los pueblos y sus líderes.  En nuestro caso, el amor dura cinco años.  En el caso de los americanos, el amor suele durar dos periodos electorales consecutivos.  En el de los cubanos quién sabe cuánto (como aquellos matrimonios viejos, en los que una parte somete y anula completamente a la otra, quedando más costumbre y dependencia que cualquier otro sentimiento) ¿Cuándo aprenderemos a ser menos amorosos y más racionales, política y socialmente hablando?



Como siempre he dicho, que el comportamiento político se basa en el social y el social en el individual.    La emotividad nos vuelve estúpidos, pero hay estupideces, y ¡estupideces!…unas duran cinco minutos de bobería, otras toda una vida, otras un periodo electoral, otras varias generaciones.  La incertidumbre que vive los pueblos, con la existencia o inexistencia de alguien “que los gobierne”, me llama mucho la atención como ingeniero.  No hay estructura que funcione mejor que la de núcleos independientes, distribuyendo cargas, pesos y fuerza aplicada.  Pero, nuestros países optan al final de la historia, por ser esencialmente centralistas.  Lo hemos visto en Panamá, de hecho lo vivimos en el último Viernes negro panameño, cuando un sindicato se tomó las calles del país, hubo saqueos  y nadie hizo nada hasta que el presidente diera instrucciones.  Los modelos centralizados son poco eficientes, poco escalables y casi siempre deben su fuerza de cohesión al dogmatismo impartido alrededor de la figura central (mucha leyenda, poca realidad). A nivel social podemos ver este modelo, casi con la misma frecuencia en que lo vemos a nivel político.  Cada vez que una madre sale solicitando ayuda, porque algo le pasó a su marido y ella no puede “sostener sola la casa”, cada vez que una mujer (u hombre) sale quejándose de ser “padre y madre”.  Observamos un modelo centralista y dependiente, patriarcal o matriarcal.  Acaso lo ideal no sería que las cargas se distribuyeran proporcionalmente sobre cada miembro de la familia (incluyendo a los hijos) de modo que todos se sintieran parte integral del todo familiar.


La dependencia y centralización es algo que practicamos desde el seno de nuestros hogares.  Luego, a nivel social y político, jamás podríamos salir de dicho esquema.  En esencia, la descentralización de los poderes en los tres órganos: Ejecutivo, Judicial y Legislativo, buscaba evitar la concentración de los poderes sobre el órgano ejecutivo.  Inoculándonos de dictaduras o tiranías.  Lo curioso es que, en nuestros gobiernos, todos los gobiernos pos-dictadura, no han hecho más que intentar centralizar el poder en el Ejecutivo, sometiendo de una u otra forma a los otros poderes.  Seguimos apelando como ciudadanos, a un modelo de pensamiento lineal y no pocas veces impositivo, de visión circunscrita, pobre, dependiente y altamente vulnerable.  Apenas sostenible a mediano o largo plazo, por imposición y violencia.  Sería muy conveniente a nivel individual y social, que aprendiéramos a pensar en paralelo, y a llevar diferentes hilos racionales, ordenadamente dentro de nuestras cabezas.  Los modelos conductuales centralizados, en eficiencia son inversamente proporcionales al crecimiento del conglomerado en sí (a medida que el grupo crece, se vuelven más ineficientes) porque obedecen a formas de pensamientos lineales, restrictivas y restringidas.  Cuando el alcance del modelo se vuelve insuficiente (proporcionalmente al tamaño que vaya adquiriendo el grupo) por la gran cantidad de fuerza cohesiva que debe irradiar del centro nuclear (gobierno) hacia al extremo del objeto (el refuerzo) surgen los refuerzos (remaches). Para soportar físicamente, el peso de semejante estructura monolítica.  Entiéndase, imposición física, emocional o racional, al fin y al cabo violenta en cualquier plano manifiesto.  Nace la intolerancia y ocurren los desencantos, a nivel personal, social y político.



Mal que bien, los hogares, los pueblos se acostumbran a vivir dependientes del núcleo, violento, impositivo e inestable (llámese padre, madre o gobierno) para luego entrar en caos ante su súbita ausencia. ¿Es esto correcto? ¿Acaso no sería mejor elaborar un sistema político-social auto sostenible, retro alimentable y escalable, que pudiera regenerarse a sí mismo, operativo aún sin varios de sus núcleos?...Primero, tendríamos que cambiar nuestra estructura intelectual, y volvernos racionalmente menos mezquinos.  Si continuamos “creciendo” bajo un control centralizado y racionalmente lineal, el mismo crecimiento se convertirá en nuestro peor enemigo.  Recordando obviamente que, la pésima distribución de las riquezas en Panamá, es un típico ejemplo de modelo centralizado, de pensamiento lineal y restrictivo.  Para crecer proporcional e integralmente, individual, social y políticamente, requerimos de una sociedad que  piense en paralelo, y reconozca el libre albedrío  a cuesta de su propia responsabilidad existencial-individual.  Que cada ciudadano acepte ser el líder o tirano de su propia existencia, como parte integral de nuestra sociedad.

¿Realmente importa que viva o muera un líder?

Fuera de lo lamentable de toda pérdida humana,  y más hacia la trascendencia socio-política del evento en sí, ¿Realmente importa que viva o muera un líder?.  No tanto porque el líder, en sus supuestas cualidades “extra normales” trascienda la ideología en sí, sino que la ideología (y mucha gente tras ella) toma al líder de títere, maniobrándolo por su propio ego.  Siempre me ha parecido extraño que Fidel no se mantenga al frente del gobierno cubano. Sin querer empoderarlo, personalidades de esa naturaleza no se “rinden” así porque sí. No porque sean fuertes o sobrenaturales, ni nada por el estilo, sino porque son patológicas, adictivas y crónicas. Por algún entuerto del destino, estos individuos quedan dotados de ciertas oportunidades… y después nadie los puede bajar del poder. Dicho sea de paso, cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. Me dirán fantasioso, pero a mi parecer Fidel dejó el mando hace buen rato… y no precisamente a su hermano Raúl. Digo, ¿Quién ha dicho que los americanos son los únicos que pueden hacer efectos especiales, y llevarlos a la palestra mundial así por así?. Y no hablo del viaje a la luna (que muchos consideran uno de los primeros Hoax del mundo) sino más recientemente a la caída del vuelo 93 del 911 (que se “estrelló” en Pennsylvania) o peor aún, la muerte de Bin Laden.



Quien conoce de dictadores y demás personajes de alto perfil, llámese Hussein, Gaddafi, Obama o Trujillo, conoce de los famosos señuelos. Acaso ya todos olvidamos que durante la transmisión de la llegada de Noriega, se engañó al país entero siguiéndole el rastro a un supuesto señuelo, mientras el ex hombre fuerte de Panamá llegaba sano y salvo por otro lugar. Los señuelos son personas que simulan ser otras, con meros fines de distracción y protección. Como los dobles de una película, son parecidos a los actores principales y los suplen en las escenas más peligrosas. Un actor que simule ser Fidel, haría pensar a todos que el líder aún vive, pero jamás podría dirigir el estado (dado que tampoco se trataría de Ronald Reagan). De allí que lo mantengan, no al frente, sino a un costado del poder. ¿Para qué?, para que la revolución no muera con el revolucionario. ¿Por qué?, porque para que una revolución se mantenga, no es preciso un revolucionario, sino única y exclusivamente un pueblo sometido o proclive a someterse. El revolucionario es perfectamente intercambiable, por un objeto inclusive (cuadro, retrato, monumento etc.). ¿Por qué?, porque el hombre en su naturaleza, está mental, física, emocional y hasta espiritualmente capacitado para seguir ideales, íconos, arquetipos, cuestiones inexistentes, ideologías, doctrinas, fantasmas. Y eso lo saben, precisamente los revolucionarios.


¿Tiene sentido seguir a un fantasma?...depende, si lo que se busca es continuidad. Reitero, cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.  Si detrás del difunto hay demasiados vivos que dependen del “ideal”. Si no, que lo digan las dos fuerzas políticas más grandes del estado panameño: PRD y Arnulfismo, quienes técnicamente, casi no dejan descansar en paz a sus líderes difuntos.  Y virtualmente los exhuman en cada campaña electoral. ¿Por qué?, porque para que “la revolución siga”, no se necesita al revolucionario, repito, apenas un esquema de sometimiento (voluntario o involuntario) intelectual, emocional o físico, y algo de conocimiento en manejo de masas. Mucho se ha dicho que nosotros los panameños vivimos del pasado y somos renuentes al cambio (reitero, cualquier parecido con la realidad es absoluta y mera coincidencia) que nos desenvolvemos en un mundo de direcciones basadas en sitios que hace mucho tiempo dejaron de existir. ¿Por qué extrañarnos de que el resto humano, siga un perfil similar? ¿Acaso los panameños somos extraterrestres? No!!!. Y pongo un ejemplo. El billete de un dólar norteamericano dice: “IN GOD WE TRUST”, lo que en buen panameño significa: En Dios confiamos. ¿Y quién no confía en Dios, excluyendo a los ateos más recalcitrantes?. ¿Habría que ver a Dios para confiar en Él?...pues ¡No!. En la misma mecánica psico-emocional, fluctúa este asunto de creer en líderes ya fallecidos.



¿Pero por qué no simplemente aceptar: Ya falleció? ¿Por qué inventarse la enorme complejidad, de tener un señuelo en background 24X7?. Para figurar una transición gradual, que garantice la continuidad revolucionaria, o el nuevo sucesor. Dependiendo de la calidad de espectáculo presentada, el hombre optará por creer, no creer, o si acaso qué tanto creer (considerando el acto de engañar, como de mutuo consentimiento). Y aunque de facto venimos al mundo condicionados a “creer”, al degradarse la calidad de vida, se nos hace cada vez más difícil hacerlo. Pese a nuestra naturaleza crédula, ya no luchamos tan fácilmente por un ideal, por una ideología, por una causa noble.  El hombre contemporáneo se ha acostumbrado a vivir su realidad, y a sentirla a través de una televisión, de actuaciones, o de quién sabe qué, antes que aceptarla “tal cual” sobre su propia carne. El rotundo éxito de los Reality Show, constituye un clásico ejemplo de la amplia capacidad alienante, del hombre moderno para con los medios de comunicación.  De no ser así (por los medios de comunicación) debido a sus terribles gestiones,   algunos gobiernos ni siquiera se atreverían a soñar en continuidad. Insisto, cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia. De cualquier forma, cuando la realidad se nos vuelve tan cruda, jamás cae mal un señuelo, un actor, una imagen que eventualmente refuerce nuestra fe.  O dicho de otra forma, cualquier cosa que mantenga viva la revolución, ideología o credo. ¿Por qué?, porque así hemos sido diseñados, y socialmente somos reforzados, inclusive desde la infancia. Así que, finalmente cabría preguntarse: ¿Realmente importa que viva o muera el líder?... o es apenas morbo mediático, en el fondo muy similar al de la crónica roja.

lunes, 7 de enero de 2013

¿Un gobierno de más tener, y de menos ser?




Con agrado recibo la noticia de que se considera aumentar el salario de “las hormiguitas” (el personal de aseo que recoge la basura) a quinientos dólares.  La mayoría es de sexo femenino y realizan un trabajo temerario, considerando la inclemencia del tiempo y  lo aseada que es parte de nuestra sociedad (tirando a la calle, cualquier basura que tengamos a mano). Si la memoria no me falla, en tiempos de la cruzada civilista existía un pregón que decía “El fufo le dio el voto a la mujer, Noriega la puso a barrer”.  Es triste que en democracia no hayamos podido hacer algo mejor por estas mujeres.  Pero le van a subir el salario, eso es muy bueno. Lo malo es que no le quitan la escoba de las manos… ¿Progreso sostenible y escalable?.  Con agrado también recibo la noticia de que se está considerando aumentar el salario de los choferes de metro bus, a ochocientos dólares.  Aunque algunos de ellos sean material reciclado de los diablos rojos, me alegra la noticia de que se les aumente el salario.  Hay quienes dicen que la lucha es justa.  No conozco las interioridades del conflicto, pero de cualquier forma, me parece positivo.  La responsabilidad de llevar a tantas personas en un transporte “público”, el desgaste físico y sicológico (dado los aberrantes tranques que ha generado este nuevo gobierno) lo justifica.  Con agrado recibí la noticia del aumento que se le hizo a la tropa policial.  Sobra recalcar su importancia.  El desgaste físico, riesgo vital, sacrificio y nobleza del oficio (aunque históricamente lo hayan convertido, sus propios líderes, en cualquier otra cosa).  Hoy en día, una persona que maneje bien el inglés, puede llegar a ganar de quinientos a novecientos dólares en un callcenter.


Antes (veinte años atrás) un salario entre quinientos y novecientos balboas era considerado “suficiente”, para quien iniciara su vida profesional.  Entendiendo por profesional, al graduado universitario.  Aproximadamente, de cuatro a seis años de estudio en diversas disciplinas.  El problema radica en que actualmente, todavía hay muchos profesionales sobreviviendo en dicha escala salarial.  Está bien que las hormiguitas, los choferes de bus, los policías y el personal de callcenter ganen buenos salarios.  ¿Pero qué del resto de los panameños?  Cualquier gobierno que se llame “bueno”, generaría la suficiente plataforma económica, para que toda la población tuviera mejor porvenir laboral.  No sólo exprimir a la clase media, y llenar a “los pobres” con subsidios.  Entendiendo que los subsidios, también llegan a sectores no pobres de la población. Y que en Panamá  muchos “pobres” tienen celulares, juegos de video, televisores de pantalla plana, cable, internet.  Sin caer en la ridiculez de los raspaderos que ganan dos mil quinientos balboas (B/. 2,500.00) mensuales, definitivamente, somos más consumistas que productores.  Desde que subió este gobierno no he parado de preguntarme, a quién le queda el progreso (descartando a las hormiguitas, los choferes de bus, los policías y los operadores de centros de llamada)  ¿Qué hay de los ingenieros sub pagados, los médicos desempleados, los abogados taxistas, los maestros y profesores que renuncian para irse a trabajar en los callcenters porque el dinero no les alcanza, las enfermeras que terminan de cuidadoras de ancianos extranjeros?  Luego, de qué sirve estudiar tanto en una universidad.




Bajo este panorama, cómo extrañarnos de que  en este país haya tan pocos estudiantes de matemáticas, física, biología, química, música, artes.  Y cada vez mucho menos profesionales.  Dicho sea de paso, ¿Dónde quedó la transformación curricular, y de qué sirvió? ¿Por qué los panameños conocemos más del metro, que de los logros en educación?.  Será porque la transformación curricular no funcionó, será que hubo falta de divulgación, será que el gobierno sólo nos vende una idea: “La idea de tener, no la de ser”.  De cualquier forma, quién querría estudiar tantos años, si apenas tomando un curso de inglés o algún tipo de  entrenamiento, obtendrías un empleo de casi mil dólares mensuales.  Por otro lado,  ¿Cuál ha sido el apoyo a nuestros productores, dónde quedó la cadena de frío? ¿Qué ocurrió con los técnicos expertos que vendrían de Vietnam a educar al productor nacional? ¿Cómo nos  ha impactado el tratado comercial con los norteamericanos? ¿Acaso sólo pensamos en comer y vivir de las importaciones? ¿Por qué importar (tener productos) en lugar de producirlos (ser un productor)? ¿Quiénes se benefician del perfil de importación, y más endeudamiento estatal? ¿Acaso tanto desarrollo “sostenible y escalable”, sólo “escala-crece” la deuda pública? ...   De cualquier forma, ningún país progresa integralmente si sus universidades públicas se devalúan y sufren tanto.  Luego,  ¿Qué estamos haciendo de Panamá? ¿Un paraíso consumista, en el que más importa  tener, que ser, saber, pensar o entender? A mi parecer, todo desarrollo sostenible y escalable debe hacer que el ciudadano tenga más, siendo mejor (mejor profesional, mejor ser).   De lo contrario, más que promover, sólo prostituimos a la nación y a sus ciudadanos.   


Polipartidismo Social




Aquí hay algo que no cuadra en la lógica nacional.  Todos los problemas se resuelven mediante “el diálogo”...  ¿Acaso tal es el deber ser de nuestra realidad nacional?, no sería mejor sencillamente evitar repetir el ciclo, concertar, evitar los problemas, dialogar primero, co-gobernar.  ¡Estamos dando vueltas en círculo! ¿Hasta cuándo del ritual bastante desgastador e insulso?. Como si la existencia diaria del panameño se redujera a una lucha de poder que a la larga queda en nada, o en la más triste resignación para el más débil.  El mecanismo de por sí es bastante similar y podría decirse que hasta primitivo.  Ya deberíamos sabérnoslo de memoria, ¿O acaso nuestra limitada memoria social, no da para tanto?.  Sólo este año, el ciclo ha dado dos o tres vueltas más de lo mismo. ¿Cuánta inteligencia o terquedad, se necesita para tropezar infinitas veces con la misma piedra? No lo sé, pero la situación se empieza a tornar deprimente, deprimente porque empezamos a acostumbrarnos a trabajar de esa forma.   Igual a como nos hemos acostumbrado a comprar agua potable, o a recoger en casa para bañarnos.  La calidad de vida del panameño se ha degradado tan rápido, que no nos han dejado opción de analizar globalmente ¿Qué está pasando?  Todo ha venido de golpe, y todo junto: Saneamiento de la Bahía, reparación de las calles, Metro, soterramiento de cables, impresora fiscal, aumento del ITBMS, cambio de un sistema de transporte por otro de muy dudosa efectividad, alza en el costo de la vida, degradación del agua, escándalos de corrupción a nivel nacional e internacional, represión en masa, bacterias súper-resistentes, confrontación, degradación de la política panameña (tránsfugas y vendidos), migración masiva de extranjeros, deterioro de la seguridad pública,  vulgaridad, agresión, persecución, metidas de pata al por mayor etc.


La metodología es tan sencilla como repetitiva.  El gobierno implanta algún tipo de ley u ordenanza que crea inconformidad masiva.  El pueblo se levanta, luego viene el esquema represivo, que arrastra muertos y heridos, en su mayoría puestos por el lado más débil de la balanza, el pueblo.  Aún así, el gobierno termina retrocediendo y tiene que declarar “un diálogo” cuando las cosas se le salen de la mano o alcanzan eco internacional.  Una vez establecidos los diálogos, las partes involucradas entran en una  segunda fase de lucha.  Luego, entre dilaciones y protestas reiterativas subyacentes, todo se va perdiendo en el olvido popular.  Finalmente, “algo” se quiebra en el transcurso de los acontecimientos, y nadie sale ganando.  No pocas veces, declarándose al final de los acontecimientos un empate pírrico, que ni justifica a los muertos, ni a los ciegos, ni a los heridos.  E inclusive, aún sin ley de por medio, por cualquier eventualidad explota una confrontación social pueblo-gobierno.  Esto, más que progreso, cambio, desarrollo o como quiera llamársele, se asemeja a la situación conyugal previa al divorcio.  Situación en la que ambos cónyuges no se soportan y pelean por cualquier cosa, leve o grave.  Suena ridículo, pero es lo que más se aproxima a nuestra realidad nacional.  Entre tanto y tanto, no dejo de preguntarme qué ganamos de esta lucha innecesaria.  Al gobierno le falta bastante madurez y mucha menos hambre, si tan siquiera pudieran  entender que, pese a tener todo “el mando”, siguen estando en minoría…nos harían a todos (a nosotros y a ellos mismos) la vida menos insufrible.  Al pueblo le falta entender definitivamente por quién, o por quiénes votan cada cinco años.   


Hace algún tiempo se decía por estos lares que el panameño no da mantenimiento a las cosas, sino que prefiere simplemente adquirir nuevos ejemplares, desechando los anteriores. ¿Será que tal concepto lo hemos venido aplicando a la política cada cinco años? Éste gobierno ha sufrido la oposición más cruda de la nueva democracia, curiosamente, el gobierno que subió con mayores expectativas y aprecio popular.  Curiosamente, a este gobierno lo han adversado las masas en su extracto más popular, como a ningún otro que yo recuerde. De cualquier forma, las últimas manifestaciones populares me han hecho pensar que tal vez estemos renaciendo a una época más solidaria entre los panameños.  Sería bastante sano que empezáramos a ser un poco más preventivos, socialmente hablando.  Y que esto no sólo se trate de la reacción “inmunológica” del sistema, ante una nueva forma de gobierno.