MASLEIDOS

miércoles, 18 de julio de 2012

Tal vez así sí


En este gobierno hay figuras que parecen no tener la mínima noción humana, para con el panameño común.   Mientras ellos se revuelven en beneficios pagados por nuestros impuestos (del salario en adelante) y nos lo echan en cara, por otro lado le piden mesura, austeridad y retención a la ciudadanía.  ¡Qué infames! … pero bueno, ¿Qué se le puede pedir a un sujeto que nació en la opulencia, producto de la explotación humana a favor de unos pocos?  Pues nada, esa gente cree que algunos nacen para mandar y otros para obedecer, unos superiores y otros inferiores etc. etc. etc.  De igual forma gobiernan, entre excesos desmedidos, ignorando el clamor popular hasta que el pueblo se vuelca a la calle y les recuerda lo de la revolución francesa.  Al pueblo sólo lo buscan para echarle la culpa de sus rotundos desaciertos como gobernantes, y para ponernos impuestos que  cubran su desfachatez y tozudez administrativa.


El asunto es que no hay una escuela para hacer líderes, ni un mecanismo para juzgar a quienes nos han gobernado.  Todos los gobernantes panameños, menos Noriega (que fue encausado por una fuerza extranjera) han pasado impunes e inmunes a cuanto escándalo se han visto expuestos.  Como si existiera un pacto de rotación y una alianza tácita de “no te juzgo, no me juzgues”.  La actual administración asomó algún tipo de diferencia al respecto, pero todo quedó en nada.  En consecuencia, debo creer que a futuro (aún encima de tanto teatro que vemos) nuestros actuales gobernantes  tampoco serán juzgados.    Pero si pudiéramos medir, con algún sistema, de calificación tal vez, la efectividad de “tal o cual” gobernante…tal vez las cosas serían distintas, quizás mejoraríamos.  Pero estos sujetos son elegidos a la libre, por embustes mediáticos, y les damos un cheque en blanco para que hagan y deshagan en cinco años.  Todo esto lo hemos visto en su más alta expresión, en este último periodo, y no sé por qué me imagino que seguiremos viéndolo.




Quiénes entrenan a los mandatarios y su “corte” en las lides gubernamentales?...sus partidos políticos.  Lo cual no ha ocurrido con el actual presidente, cuyo partido no tuvo, ni pudo, ni quiso, ni intentó instruirle en nada.  Tal vez porque “su partido” es “él mismo”… no puedo asegurarlo. De algo le habrá servido haber sido servidor público en el Panameñismo y el PRD. De cualquier forma, tampoco se perdió de gran cosa. El entrenamiento es apenas no es nada beneficioso para el pueblo en sí, el entrenamiento tradicional, los lineamientos, las guías de mando son apenas un compendio de normas orientadas a perjudicar a las mayorías, en beneficio de las minorías dominantes.  Disfrazando, es decir, blindando el sistema de una argamasa legal con la que se protege a los menos, y se perjudica a los más, en una pantomima institucional que mal que bien llamamos por allí y por allá: Transparencia.    Que para nuestros efectos no sería más que prestidigitación, ilusionismo, manejo de masas, y represión popular.  


Pero si cada postulante, tuviera que pasar un periodo de “iniciación” previo, alejado de su círculo social, viviendo entre las clases más pobres y desfavorecidas.  Tratando de sobrevivir como un ciudadano corriente, lleno de “tranques”, injusticias sociales, problemas de subsistencia, dolores de cabeza, violencia, serios problemas económicos etc. durante los cinco años previos a su postulación como presidente, legislador o alcalde, no sólo aprendería lo que está haciendo mal su antecesor, sino que sufriría en carne propia la lenta agonía popular.  Muerte infinita y eterna, porque la única razón por la cual el pueblo no muere, es para que el rico siga disfrutando su explotación.  Si nuestros gobernantes tuvieran que pasar por esa austeridad, miedos y penurias, pues, tal vez serían más humanos.  Si nuestros gobernantes tuvieran la posibilidad de ser juzgados por el pueblo, de manera sistemática y cabildo abierto, una vez finalizada su gestión.  Tal vez así nos respetarían más, tal vez así trabajarían mejor

viernes, 6 de julio de 2012

¿Así quién no odia a este gobierno?



En campaña electoral, Ricardo Martinelli dio un discurso en el que presentaba la figura de un humilde trabajador panameño que pasaba muchas horas en un tranque vehicular tratando de llegar a su trabajo o a su casa. Palabras más, palabras menos. El ejemplo que dio me pareció insulso y cursi, por no decir falso. Mi sentido común no conciliaba las imágenes de un empresario sumamente exitoso, del que se dijo tanta "cosa" en campaña, capitalista (salvaje o no) preocupado por un peón cualquiera, saliendo de cualquier recóndito lugar istmeño. Digo, a muchos empresarios les importa un rábano si sus empleados viven lejos o viven cerca y mucho menos las horas que tomen en ir y venir. A ellos sólo les interesa que el peón cumpla con su horario laboral. También los hay que no cumplen con lo del salario mínimo, no reportan al seguro social, no pagan horas extras, ni dan tiempo por tiempo. Con ello no quiero decir que tal sea el caso de Martinelli (porque no me consta) ni mucho menos negar la existencia de empresarios magnánimos. Pero ese discurso me hizo mucho ruido en la cabeza, me costaba mucho creerle. Sin embargo, algo hizo o dijo, o algo dejó de hacer o de decir en el momento que quise darle el beneficio de la duda.

Pero que ha hecho nuestro flameante gobierno para solucionar la tragedia existencia de tantos humildes panameños, como el citado en aquel discurso, que pasan tanto y tan valioso tiempo de vida enterrados en el tranque. Pues, no mejoró su calidad de vida, sino que empeoró la del resto de los panameños. Nos sumió a TODOS en absurdos tranques viscerales, a cualquier hora y en cualquier punto de la ciudad. Como si la gente no importara más que las obras. El clamor popular reza que se han reparado calles que no necesitaban arreglo inclusive, en largos periodos de tiempo, primero un paño, luego el otro, haciendo el tránsito miserable a quienes la transitan a pie o en auto. Dejándolas finalmente englobadas por baches, a desnivel con la acera y todo sucio alrededor. Terrible!!! ¿Tiene eso sentido?

Muchos panameños odiábamos a los diablos rojos. ¿Qué ciudadano, alguna vez en su vida, no fue víctima del brutal manejo de aquellos choferes, de sus choques, atropellos, insultos, intimidaciones, muertes y mutilaciones? Sacarlos de las calles panameñas era todo un sueño, ¿Pero acaso esa era la solución? No era mejor disciplinarlos, pero hacerlo requeriría de algún grado mínimo de autoridad. ¿Autoridad en Panamá? Aquí sabemos de insultos, trompones, gritos, muertos, desaparecidos, amenazas, habladurías, miedo, pero ¿Autoridad? Peor si el dueño del bus era un diputado, militar, político o cualquiera con suficiente dinero para malear leyes, multas, pagar coimas etc. Luego, muy al contrario de sancionarlos o disciplinarlos, se les premió con una indemnización (no a la gran cantidad de víctimas) sino a los dueños del negocio, a los micro empresarios. Y aún así, se descubre un gran escándalo de corrupción que involucró autoridades en "el negociado de las indemnizaciones" cuyo origen y final aún se desconoce. Luego, a quién le pasaron el negocio, a una empresa extranjera que en teoría pondría orden al transporte. Pero hicieron las cosas al revés, y trajeron los buses antes de construir las paradas. ¿Tiene eso sentido? Forzaron al pueblo a utilizar una tarjeta, de costo superior y caducable. Como siempre, quedaron unos pocos (extranjeros, o los tradicionales juega vivo del patio) rebuscándose con el dinero y el sufrimiento del panameño, ungidos por la complicidad gubernamental. ¿Por qué digo sufrimiento del panameño? Porque ahora el panameño no tiene paradas, y forma filas exageradamente enormes a la intemperie, paga más, no le permiten llevar bolsas, espera más mucho más por un autobús y llega mucho más tarde a su hogar y a su casa. ¿Eso es mejorar la calidad de vida del panameño humilde?

Ni bien, ni Very Happy


Con relación al gobierno, de la palabra “bien” y el anglicismo “Happy” (feliz) se pueden establecer las siguientes combinaciones.  Podemos estar ni bien ni Happy, Happy y no bien, bien y no Happy, o Happy y bien.  Tal parece que “Happy y bien” sólo están los allegados al gobierno.  El resto concreto de los panameños nos debatimos en las otras tres posibilidades: Ni felices ni bien (el peor de los casos), felices y no bien, o bien y no felices.  Dado que, hablando en términos gubernamentales, es muy poco probable que alguien esté bien y no esté feliz, podemos inferir que la mayoría de los panameños no estamos bien, ni felices con este gobierno. ¡Vamos bien! dice la gente del gobierno.  ¡Very Happy! Dicen las canciones en inglés de sus cortos promocionales en radio y televisión.  Yo me pregunto: ¿Quién va bien? o ¿Quién Very Happy?. 

Acaso puedo estar yo Very Happy cuando voy a buscar un medicamento en la farmacia del seguro y no hay.  O cuando voy a la farmacia privada, y lo han subido de precio, como a la comida, la gasolina y todo lo demás.  Puedo estar Very Happy cuando para ir al trabajo o regresar de él paso mucho más tiempo de lo habitual enterrado en un tranque, sobreviviendo a calles en “reparación eterna”.  Estaría Very Happy la gente que protestó en la cinco de Mayo y la Asamblea, las barriadas donde no les llega el agua, o no les recogen la basura, o viven secuestrados por la delincuencia.  Estarán bien los familiares de los indios masacrados en las protestas de Chiriquí y Bocas del Toro, los familiares de los muertos por la KPC.  Dirán Very Happy los pasajeros del metro bus formando aquellas filas intestinales, bajo un aguacero diluvial (de estos últimos que han caído) porque no tienen paradas.  Dirán Very Happy los niños con mochilas y becas universales, que tienen que esconderse de los maleantes y las balas, o comer cualquier cosa porque la canasta básica está por las nubes.  Pues yo no creo que ni bien, ni Very Happy.  Mi parecer es que Very Happy están los de Juan Hombrón, o los que están detrás de las nuevas cámaras de tránsito, los nuevos y viejos ricos de este gobierno y los que andan en esas camionetas cuatro por cuatro, rompiendo tranques con luces y sirenas, o el nuevo presidente de la asamblea, o el círculo más pegado al gobierno.

Como he dicho, esa es mi opinión.  Sin embargo he querido ser objetivo, así que,  desde hace ocho meses vengo realizado “mis encuestas de carne y hueso”.  Lo más natural posible, apenas pronunciando y observando la reacción general a una simple frase, de las tantas alegóricas, representativas y publicitadas por el gobierno.  Las he dicho a profesionales de diversos tipos, empresarios, cajeras, empleados públicos, médicos, taxistas, raspaderos etc.  La famosa frase “vamos bien”, y aquella otra gringada “Very Happy”.  Mi objetivo es abarcar diferentes estratos sociales, nivel de preparación, nivel económico, sin distinción sexual o religiosa.  Personas que no frecuento, ni volveré a topar siquiera.  Simples panameños “de a pie” (utilizando la frase de moda, que ya todos repetimos).  Lanzo la expresión “Vamos bien” o “Very Happy” según sea la ocasión, o la persona que la escucha, y frecuentemente  no obtengo alegría, ni aprobación alguna.  La mayoría de las personas me mira como diciendo: “¿Y debo reírme?, ¿Cuál es el chiste?”.  Eventualmente llego a sentir inclusive repudio y rabia.  Unos pocos bromean a modo de sorna.  Otros me miran mal, me tuercen la boca, o emiten un soplido de cansancio, frustración o fastidio.  Entiendo entonces que paso de incordio y desisto.  Pero cuando la respuesta no es tan evidente voy más allá, haciendo un comentario para “ahondar”.  Entonces se sueltan expresando frustración, rabia y malestares de todo tipo.  Muy pocos no opinan, asumiendo posturas indiferentes.  En todo ese tiempo sólo he visto reaccionar positivamente a dos personas, una de ellas vinculada de alguna forma al gobierno.

Cuando Martinelli ganó las elecciones había alegría colectiva, una complicidad reverberando en las personas.  Eso no se siente ya, ni mucho menos, ni creo que se pueda volver a sentir hacia él (Martinelli) ni hacia alguno de sus representantes, copartidarios, o allegados. ¿Por qué la popularidad presidencial se ha ido al caño tan rápidamente?. Creo que por muchas cosas.  Una de ellas ha sido la falta de visión.  Una visión totalmente empobrecida por alguien que al parecer no quiere ni le interesa escuchar a las masas, rodeado de un cortejo de aduladores, parásitos, sin vergüenza ni carácter que estorban, dificultan y equivocan la acción gubernamental en gran parte de su espectro.  También está la imposición, la confrontación, las metidas de pata, los escándalos, falta de contacto con la realidad más apremiante, pérdida de contacto con la realidad, impunidad, desubicación, chabacanería, vulgaridad, improvisación, tapujos, maleantería y síndrome faraónico.  Sin contar aquella lama propagandística de fraseología patética, trillada y cínica.  En consecuencia, ¿Vamos bien o Very Happy?…tal parece que ni bien, ni Very Happy.

¿Funcionarios públicos o fichas de alguien?

¡Esta calidad de políticos! de patio limoso.  Haladera de greñas, que si yo te demando, que si tú me demandas, que si te saco los trapos, que si me tiras las cajas.  Verduleras, bochinche, pereque.  Y en el medio el pueblo, impávido viendo el show, o mejor dicho, pagando para verlo.  Como el asunto de las novelas se ha vuelto tan folclórico en nuestro haber cotidiano, y mientras más escandalosa y polémica tanto mejor…Pues, así estamos, lo único que esta novela ya nos salió demasiado cara (con muertos y todo). Si por lo menos dijéramos “teatro”, pero no pasan de una vulgar novela, televisión enlatada que harta  el embotado intelecto común panameño.    Comida chatarra para la conciencia colectiva, que no se digiere e indigesta.

Recuerdo cuando y desde la ruptura de la alianza, que empezaron los ministros a arreciarle a Varela.  Y él, como autoridad superior no tuvo los pantalones de pararles la fiesta.  Así como no ha tenido la entereza de eliminar relaciones comerciales con otros de sus archienemigos políticos, para entonces poder saberse, decirse y manifestarse enteramente como oposición. ¿Pero, por qué no?, si la política es otro tipo de negocio, uno de los mejores (sino el más lucrativo)

Con los acontecimientos pasados en la asamblea, e individuales para con ciertos diputados, escucho gente proclamar aterrorizados que la política panameña da asco.  Y es cierto, yo mismo lo he dicho, ¿Pero cuándo carajo no?. ¿Qué no tenemos memoria, o sufrimos de vez en cuando de cierta amnesia oportunista?. Hace apenas unos años salió un legislador abanicando billetes productos de supuestos sobornos.  Hace algunos años también, descubrieron a otro con maletín, o maletines.  Yéndonos más lejos, yo recuerdo bien a una figura prominente en la actual política exterior panameña, agarrándose a golpes con un legislador del PRD en tiempos de la dictadura militar, en plena asamblea.  Y a la ex ministra, ex alcaldesa, ex legisladora, ex candidata y actual prominente política panameña, revolcándose en una acera cuando vino Bush a Panamá.  Y me cuentan que antes de los militares, la realidad panameña, sino era igual era peor.  Que ahora nos dé asco, es hipocresía.  Ya deberíamos estar acostumbrados.


Lo que ocurre en la actual administración, no es más que el destape total, vulgar y descarado.  ¿Por qué un ministro, un presidente, un legislador tiene que excusarse, rendir cuentas o halarse las greñas con un periodista, sindicalista o ciudadano común en la radio o televisión?.  Llegando inclusive a exhibir el resultado o avances de investigaciones y estudios internos, de modo acusatorio o informativo.  Actitud seriamente penalizada en la empresa privada.  Porque nuestras autoridades están más preocupadas en figurar, repito figurar, que en resolver.  Ocultándose en el falso reflejo de “la transparencia”, han declarado patio limoso a la cosa pública.  No son conscientes del rol que desempeñan, ni de la investidura de su cargo, ni se dan a respetar, luego  ¿Cómo esperar que hagan bien su trabajo?.  Estas autoridades nuestras, parecen cualquier cosa menos eso: Autoridades.  Simplemente les interesa más ser “ficha de alguien”, que ejercer como auténticos funcionarios públicos.  De allí la oprobiosa necesidad de lucirse en los medios.

A la altura de nuestras expectativas electorales



No es el hecho de que sea Sergio Gálvez o no, el nuevo presidente de la asamblea.  Es que son otro montón de cosas las que van detrás de esto. Siempre he dicho, que a este pueblo le molesta mucho ver un reflejo tan puro de su realidad socio-cultural.  Lo vimos hace algún tiempo atrás con una ex primera dama que causaba cierto escozor por ser joven, de extracto racial, social y económico promedio.  En comparación con las otras primeras damas, de alta alcurnia.  La principal queja que he escuchado por allí sobre Chello, ha sido su funesta combinación de su gordura y la chabacanería.  Digo, total, de gordos y chabacanos…¿Quién tiraría la primera piedra, en este gobierno?.  Sin embargo, el sujeto rebajó.  Luego, queda el asunto de ser o no ser chabacano.  A mí en lo personal, me choca mucho ese asunto, pero para ser realistas, hay cualquier cantidad de panameños que lo son, de todos los estratos, niveles y clases sociales, sin haber sacado tanto provecho al asunto como lo ha hecho él.  El panameño común confunde trato humano y don de gente, con vulgaridad y chabacanería.  Por eso, precisamente, tenemos lo que tenemos... ¿Entonces, cuál es la queja ahora?.  Eso sí, a través de diferentes toldas políticas, hay que reconocer que el sujeto se ha mantenido, tal vez con una política paternalista hacia sus representados, pero, como sea se ha mantenido, o mejor dicho, ha sabido mantenerse.  Tal vez porque  gran parte de nuestro electrorado, aún no sabe distinguir entre lo que es ser un legislador, un representante o un padrino. 

Analizando los antecedentes, o mejor dicho, la actualidad, Sergio no ha sido el único, ni el primero y lo más seguro es que tampoco sea el último de su clase.  ¿Cuál clase? Definitivamente que no la clase social, sino lo que representa con esa personalidad tan polémica, que algunos adoran y otros detestan.  Reservo mi postura al respecto, pero he de decir que se debate en la realidad afectiva de muchos de nosotros, algunos nos odian, otros nos aprecian.  Otra figura similar, tal vez menos chocante, es la del ministro Ferrufino que fue escogido como legislador.  Se le critica el hecho de la falta de substancia política.  Nuevo en el tema, llega “al poder” con la principal queja ciudadana de no haber terminado la Universidad.  Y si nos vamos hacia atrás en la historia política de Panamá, tendríamos muchos casos como este.  Por mencionar uno de los más recientes, he allí el del humorista que llegó a la Asamblea y luego ocupó cargo diplomático.  ¿Qué decir de Mireya Moscoso? O, mucho peor aún, qué decir de los mismísimos militares, ¿Cuál fue la preparación académica y política de Omar Torrijos o Manuel Antonio Noriega?  Queda establecido pues, que para ostentar el poder no es preciso ser educado, ni inteligente, ni culto, ni nada por el estilo.  Apenas se requiere una buena dote de suerte, orientación y dejarse llevar oportunamente por el poder detrás del poder popular eligiendo estar en el lugar preciso, en el momento preciso y con la gente precisa.  Si no que lo digan los tránsfugas.  Algo que entendemos mucho en la cultura popular como: Apostarle al ganador.


Para ser honesto, el hecho de que Sergio Gálvez haya sido elegido presidente de la Asamblea me choca menos de lo que me preocupa (que dicho sea de paso, me choca bastante).  Pero verlo allí, sólo refleja un hito más en la descomposición social  panameña.  Algo que viene ocurriendo desde hace muchos años atrás, y que debe ser real motivo real de preocupación, no sólo en el aspecto político,  vulgar o cultural, sino en su impacto dentro de nuestra supervivencia ciudadana.  Recuerdo bien que una figura de muy alto perfil de este gobierno, en un desfile patrio hace casi tres años, aceptó ser alumno regular, alumno de tres en la escuela.  Bueno, ser alumno de tres es una cosa,  ¿Pero, aceptarlo en medio de un desfile patrio, con tantos estudiantes tratando de dar lo mejor de sí a la nación, y viniendo de un funcionario de semejante investidura?...O peor aún, haber sido invitado para un evento de graduación en una de las escuelas más prestigiosas del país, y terminar premiando a los que sacaron menor promedio… No es algo positivo.  ¿Cuál sería el mensaje entonces que nos manda este gobierno? ¿Qué para triunfar en Panamá no es preciso estudiar, ni ser alguien importante, ni resaltar?  ¿Entonces, qué se requiere para triunfar en Panamá, tener un arma y dar un golpe de estado, rodearse de rufianes y aprender de ellos, o hacerse de todo el billete posible?  Yo aprendí en mi escuela, en mi universidad, que uno siempre tiene que aspirar a la nota más alta, por si las cosas no salen bien, quedar dentro del nivel. Pero si uno aspira a lo mediocre, entonces, si las cosas no salen bien ¿Dónde quedamos?  Y eso me lleva a pensar a dónde vamos a quedar si las cosas no le salen bien a este gobierno… ¿En la lama? (como dicen por allí, empleando el término popular, ya que estamos hablando de chabacanería y demás)


Otras de las principales quejas que se le acuña a Sergio, es no asistir debidamente a la asamblea, y tener doble desempeño en cargos de elección. ¿Cómo podría yo premiar con la dirección de un gremio, a quien no asiste a sus reuniones?.  Ah, pero el suplente nunca falla…es decir, de este gobierno sólo podemos esperar resultados de “suplencia” no de principales. ¿Entonces quién gobierna aquí?, o mejor dicho: ¿Qué gobierna aquí?...las personas por la cual votamos, o aquellos que los suplen.  ¿Qué resultados obtenemos de ellos, resultados de primera mano, o de segunda, buenos o mediocres? ¿Acaso ése es el esfuerzo que nos están dando? ¿Podríamos decir, dada la dualidad electiva de Chello, que el nuevo presidente de la asamblea actúa o se siente, o ejecuta un rol  más de representante que legislador?  No me extrañaría, ya que este gobierno y sus adláteres, son nombrados para una cosa y nos dan mucho menos de lo que esperamos de ellos.  Tal es el problema real de  todo esto, y más específicamente de nuestro gobierno actual, especialmente  para con los funcionarios elegidos popularmente.  Que votamos  por algo muy distinto a lo que nos están dando, algo que de hecho no está, ni se acerca a la altura de nuestras expectativas electorales.   ¿Pero, acaso podemos esperar más del actual presidente de la asamblea, que anteriormente se reconoció mentiroso, y le dijo mentirosos a todo el mundo, inclusive a sus votantes, sólo para justificar al presidente Martinelli ?...

jueves, 28 de junio de 2012

¿Ser o no ser negro en Panamá, racismo, hipocresía o payasada?




Según he escuchado, los resultados del pasado censo en el que se preguntó si uno se consideraba o no afro descendiente, no arrojó los resultados esperados.  Recuerdo que cuando me formularon la pregunta me hice el tonto, y la encuestadora procedió a explicarme muy amablemente: “Si usted tiene algún papá o mamá, abuelito o abuelita negra”.  Pensé en jugarle una broma, precisamente de humor negro, haciéndome el ofendido con algo que sonara a: “¿Qué si tengo algún chombo en mi familia?... (Que dicho sea de paso, sí los tengo y varios, chombos de piel y de actitud).  Pero no me pareció oportuno, ni necesario y tampoco estaba seguro de que la joven (mezcla de varias razas, incluyendo la negra) llegara a apreciar mi broma.  Pero resultó que en Panamá hay menos negros de lo que se ve a diario.  No sólo el asunto de que por cada “N” blancos sacan a un negro en televisión, sino porque el mismo país no se considera afro descendiente.  ¿Qué cosa más ridícula y racialmente hipócrita, no?. En Panamá uno voltea la vista y ve varios negros, negroides, afro descendientes, zambos, culisos, morenitos, timbos o como se les quiera llamar.  Pero la consciencia colectiva se considera cualquier cosa, menos negro o afro descendiente siquiera.  


Aclaro, aún para los que me conocen personalmente, yo sí soy afro descendiente y lo digo con orgullo.  Aproximadamente un 25% de mi constitución genética es negra, y el 75% restante se lo reparten el indio y el blanco.  El asunto es que tal vez muchos pensaron que ser afro descendiente implicaba exclusivamente ser hijo de negro o negra, chombo o chomba.  En Panamá el que no es chombo, en alguna fase de su vida ciudadana ha llegado a sentirse chombo.  Porque la forma de ser del panameño tiene muchos atributos negroides.  Como bien me explicara una persona hace algunos años atrás, chombo no es un color sino una actitud.  Y felizmente muchos de nosotros acogemos actitudes de chombo, casi sin pensarlo, o peor aún sin aceptarlo.  Me refiero a esa alegría expansiva y jovialidad tan naturalmente sencilla como festiva, de nuestra querida raza negra.  Por eso pregunto: ¿Cuál es la hipocresía? Afilemos un poco la vista, aprendamos a ser más honestos con nosotros mismos y los que nos rodean.  Aprendamos a ver más allá del maquillaje, las cremas, el alisado o la ropa, y veremos aún sobre la piel blanca una nariz aplastada, el cabello difícilmente domado, labios salidos y carnosos, y no pocas veces un hermoso y gran trasero. Pero bueno, como bien dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver…

Luego caemos en las situaciones tan públicas como ridículas (por no decir payasas) como el asunto de las trenzas en las escuelas públicas, o el desagradable incidente de la Doctora Camargo en el supermercado. ¿Es racismo, hipocresía o payasada?.  Hace algún tiempo alguien me dijo que en Inglaterra era más fácil para un negro casarse con una blanca, que en Panamá.  ¿Será acaso porque muchos panameños son natural y tontamente racistas, o porque en Panamá es mucho más difícil encontrar una “blanca” en todo el sentido de la palabra?.  Porque aquí hay culizas, cholas, teñidas, pintadas, desteñidas, morenitas, chombitas, yeyesitas, rabiblancas, rabiprietas (como diría Pedrito) pero ¿Blancas?...Habría que analizarles la sangre, aunque, obviamente no tantas como en Inglaterra.  De cualquier forma, el primer insulto que acuñamos en cualquier discusión subida de tono refiere directa o indirectamente al origen racial predominante en la persona.  Es decir, en Panamá el racismo consistiría no en ser negro (indio, chino, judío etc.) sino en qué tan negro (indio, chino, judío etc.)  se es.  Así un chombo blanco,  es moralmente apto de insultar racialmente a un negro.  Lo cual, más que racista suena estúpido.  En consecuencia, el racismo panameño no se trata de ser o no ser negro, sino de que tan hipócrita, payaso o estúpido se puede llegar a ser en un momento determinado.

Queríamos un presidente, no un ilusionista


Dándole el beneficio a la duda, cosa que no se le niega a nadie… aunque con ellos no debería, me he preguntado si este gobierno tiene un problema de enfoque, visión, viveza (por los escándalos)  u orgullo…o tal vez un poco de todo.  Por cómo van las cosas, ya nada me sorprende.  Hace poco el ministro de economía dijo “que se le había pasado la mano en pollo”. ¡Pues claro! Recuerdo que en alguna entrevista de algún canal de televisión, algún funcionario gubernamental  habló de “pajas mentales”.  Desde que el actual gobierno subió al poder, nos han publicitado tanto los dichosos mega proyectos, que la suspicacia natural en la malicia panameña, hizo que todo aquello me sonara a “pajas mentales”  (parafraseando al ilustre funcionario en su momento).  Y es que llegaron pensando en “hacer”, disponiendo de un dinero, sin pedir autorización al dueño.  Me refiero a la venta de las acciones, terrenos y demás.  ¿Acaso tiene sentido hacer planes con un dinero que no se tiene, o peor aún, disponer sin permiso de dineros ajenos?.  Yo sólo dispondría de mí dinero, mis negocios e inversiones, pero hacerlo con la cosa pública…deja de manifiesto un problema de enfoque  y visión.  El presidente debe ser administrador, no dueño.  A no ser que yo me crea “el ungido” y pueda pasar por encima de todos y de todo lo que existe, para reinventar la rueda, desconociendo de primera mano qué hay de malo “CON LA CARRETERA”… porque yo soy yo: “El ungido”.  ¿Un problema de personalidad, de orgullo, no?.

Este gobierno (y los anteriores) me recuerda a aquella persona que busca un cargo laboral, siguiéndole el rastro a determinado salario.  “Se vende” al jefe del área  como lo mejor del mundo, e indispone a quien está actualmente en el cargo.  Pero esa persona ni siquiera se ha tomado la molestia de averiguar cuáles son las dificultades/limitaciones del personal actual, las necesidades que suple, ni en qué consiste el puesto para el cual aspira.  Ese empleado, ignorante total de su rol administrativo, empieza a improvisar, no hace lo que le solicita el jefe sino lo que él piensa que debe hacer y de la forma en que lo quiere hacer.  Sólo está allí por el salario, y teme tanto a que lo boten (porque conoce consciente e inconscientemente cómo llegó al puesto) que se vuelve por un lado “alegórico” (ficticio, mentiroso, propaganda)  y por otro lado agresivo e impositivo (agresión que en el fondo es miedo a ser sacado del puesto).  Las personas que suben a los gobiernos panameños, por lo general llegan haciendo oposición (indisponiendo al empleado actual) sólo les interesa los beneficios,  altos salarios y comodidades (el salario del cargo) y luego de nombrados desconocen al pueblo (el jefe/dueño). Terminan improvisando, o haciendo lo que les da la gana, menos resolviendo los problemas reales del estado (porque desconocen la naturaleza del cargo, sólo les importaba  los beneficios).  Lo malo aquí es que en esta empresa que llamamos estado, el jefe (el pueblo, que para nuestros efectos es el dueño también) no está pendiente de su negocio. Por eso nos toca aguantarnos cada administrador…


Yo hubiera creído que esto no iba a ser igual con el actual presidente, que fue funcionario público dentro de las vertientes políticas de mayor peso en el país.  Llegué a creer (aunque muy brevemente)  que acabaría con el monstruo, quizás por eso muchos panameños le dieron el voto, pero terminó convirtiéndose en un tumor para el cuerpo estatal.  Pero tal vez no se involucró demasiado tiempo con el pueblo (fuera de campaña) tal vez sobreestimó sus capacidades, o subestimó la burocracia, el sistema, no sé.  Algo le salió mal, algo nos salió terriblemente mal.  Si tan sólo se hubiera tomado un poco de tiempo para conocer realmente al pueblo, tal y como conoció las formas de gobernar del Arnulfismo y el PRD, hubiera enfocado su forma de gobierno a resolver problemas y no a cumplir promesas, hubiera dado la solución sin haberse sumado al problema.  Porque Panamá requería un presidente, no un mago ilusionista, no un prestidigitador (peor aún).

Queríamos que los diablos rojos funcionaran como debieron funcionar, no que nos vendieran una empresa de transporte más cara, insuficiente y extranjera.  Queríamos resolver el problema vehicular del país, no necesitábamos un metro, ni tantas calles rotas en supuesta reparación.  Queríamos resolver el problema del agua, no soterrar cables.  Queríamos una mejor educación, no portátiles, ni mochilas (y para las becas ya estaba el IFARHU).  Queríamos mejor salud pública, no crisis por KPC  ni un staff de lujo intimidatorio.  Queríamos los alimentos más baratos, no jumbo ferias (ya el PRD nos había dado las ferias compita, y tampoco llenaron). Queríamos mejores salarios, no mejor salario mínimo.  Queríamos mejor economía, no más edificios.  Queríamos más seguridad, no policías mejor vestidos.  No queríamos más impuestos, de hecho se nos dijo que había plata y malos administradores, pero  nos aumentaron las cargas impositivas.  Queríamos menos pobreza, no más casas para pobres.  Queríamos más seguridad, no más cárceles.  Queríamos que todo el país progresara, no sólo algunas personas. Queríamos más y mejores  empleos, no más empleos temporales. No pedimos pesar el pan, ni la impresora fiscal, ni el cambio de metraje, ni compatibilidad numérica, ni más aeropuertos, ni que creciera la cinta costera, ni un centro de convenciones nuevo. A mi parecer el gobierno actual se ha enredado en cosas innecesarias, y en las realmente necesarias no ha figurado adecuadamente.  Para rematar,  siempre envueltos en escándalos y vínculos tibios débilmente soslayados con “yo dije que no dije, que él dijo, que ellos dijeron que yo dije”…y al final de cuentas queda el sospechoso libre y el acusador demandado.  Como si los demás fuéramos estúpidos. De cualquier forma, los problemas no se resuelven con magia ilusionista y propaganda, sino con soluciones.  No votamos por un mago, sino por un presidente.  Exigimos realidad, no fantasía.  Un gobierno de verdad, no de pacotilla (parafraseando a aquel funcionario, en aquel tiempo).