MASLEIDOS

domingo, 10 de junio de 2012


Esa extraña naturaleza

Se me ocurrió ir a la playa con mi familia sin pagar un hotel playero.  Elegimos “probar suerte”, y el destino nos fue guiando a una justo al lado de un gran consorcio playero.  Fue tortuoso y gasté gasolina encontrando la entrada “libre”. Hablo de direcciones falseadas y calles tormentosas que nos llevaron a la puerta de lujosísimos hoteles en los que había que pagar para entrar y acceder a la playa.  Hasta que por fin dimos con la “entrada libre”. Nos cobraron dos dólares por estacionar y cuidar el auto.  Personas que en la capital hubiéramos identificado como “bien cuidaos” pero que en el interior sólo eran pescadores.  Pensamos mil veces en quedarnos, pero aceptamos el reto tipo survivor en una ciudad post apocalíptica.   Reconstruimos un rancho entre basurales esparcidos y  ruinas deterioradas de quién sabe qué hubo allí antes.   Al poco rato apareció un señor ofreciéndonos paseos a caballo por la playa.  A juzgar por su aspecto y el área, no aceptamos. Aquel lado de la playa lucía considerablemente diferente al del hotel.  Del lado público había arena negra, basura, ruinas, suciedad y cero vigilancia.  Del lado del hotel había limpieza, arena blanca, cómodas edificaciones y personas que parecían vigilantes.  Luego vimos una caravana de four wheel proveniente de los lados del hotel, y entonces entendí lo del paseo a caballo por la playa… Finalmente ¿Qué decir de los baños?, en los caseríos de los pescadores.    Veinticinco centésimos por cabeza (sin pago por niños menores) entre basura, zinc oxidado, ruinas y gente viviendo en terrible pobreza.  Dos duchas paupérrimas, una al descubierto (imagino que para limpiarse la arena) y otra en un cuarto con una puerta de madera cayéndose.  Un baño rodeado de trazos de papel higiénico, cerrado por un pedazo de madera a medio cubrir del resto. ¿Pregunto, acaso el acceso público no debería ser mantenido y custodiado por el gobierno? ¿A quién  o a quiénes les conviene mantenerlo en semejante estado?   ¿Por qué he de asombrarme? Entre ambos accesos a la playa, surge la palabra que hace la gran diferencia: ¿Público o Privado?.  Allí, como en el resto del país, también ocurre el desbalance elitista de toda nuestra vida nacional entre lo público y lo privado.

La diferencia social en este país siempre ha estado muy marcada, y gracias a este gobierno (que atenta contra la clase media con sus impuestos terribles y el encarecimiento de la vida) el abismo social se ha agrandado.  Pero esa dualidad público privada está sustentada casi dentro de la naturaleza de nuestra sociedad.  La doble moral que todos hemos criticado, y de la cual todos hemos sido víctimas y victimarios en algún momento, nos impide crecer como pueblo, limitando el avance social sólo a quienes puedan costearlo, ya sea individualmente o en pequeños grupitos.  Lo mejor para los pocos que puedan pagarlo, lo peor para el pueblo, para lo común, para el resto social.  Por eso el panameño tiene una conducta pública tan atrofiada, porque no sabemos vivir como pueblo, si no que intentamos sobrevivir fuera de él.  Y al pueblo siempre le damos lo peor, y lo público siempre es lo peor, porque es de todos.  Como si la gran substancia colectiva del panameño fuera en esencia mala.  Doble moral, doble país, proporcionalmente bueno a lo que puedas pagar. ¿Y qué con el derecho colectivo?



Eso me recuerda mucho a la política clasista que establecieron los norteamericanos en el istmo y de la cual pareciera no hemos podido librarnos.  Me refiero al gold rol, destinado a los trabajadores blancos en la zona del canal, el silver rol para los negros, y una tercera para los panameños.  Este sistema discriminatorio generaba favoritismo y beneficios apabullantes sobre los negros y panameños.  Para nuestros efectos, el sistema de roles se ha perpetuado en función a la capacidad financiera de las personas y también racial (en muchos casos).  El gold rol sería todo aquel que pueda vivir del carácter privado y el silver rol sería el resto de los panameños que sobreviven de los servicios públicos.  Ahora ¿Qué decir de la Gran Colombia y de la Corona Española?  Yo no soy historiador y tal vez esté muy equivocado, pero me da la impresión de que en Panamá siempre ha existido una minoría privilegiada oprimiendo a una mayoría desafortunada. Cuando hemos pasado de una época a otra, ha sido porque parte de esa minoría se ha visto desfavorecida en algo, o simplemente pugna para rotar el poder ocultándose siempre en el clamor popular.  Es decir, en Panamá siempre han mandado los poderosos y/o ricos.  El engaño de nuestra época actual se llama “democracia”.  Los poderosos le dan las opciones de voto al pueblo, y el pueblo elige a cualquiera de ellos mismos.  Al final de cuentas, siempre queda un poderoso al poder y la representatividad popular se pierde, porque el poderoso siempre favorecerá al poderoso (aunque parezca lo contrario).  Eventualmente y como siempre, utilizando alguna facción del pueblo, para beneficiarlo, pero jamás desarrollándolo de forma auto sostenible (me refiero a los tradicionales subsidios y a las políticas paternalistas tipo cien a los setenta, becas universales, ángel guardián etc.) para generar votos y tener excusa de mantenerse en el poder. ¿Pero qué le queda al pueblo al percatarse del engaño?,  votar en las próximas elecciones por otra figura del círculo del poder, el círculo privado, la encarnación del gold rol.  En un sistema democrático real, la minoría debería ser la clase menos privilegiada.  En nuestras democracias tercermundistas, hijas de las dictaduras  (incluyendo obviamente a Panamá) ocurre lo contrario, las minorías son privilegiadas y mandan a las mayorías.


Pero en el fondo ¿Qué es lo que mantiene el éxito de este sistema clasista???...la misma gente, en alianza a los círculos opresores, y en oposición al desarrollo de las clases menores.  El pésimo sistema público (silver rol) existe para hacer masivamente rico al sistema privado, y el pueblo se manifiesta totalmente ausente de esa realidad.  El pueblo sólo está por sobrevivir al día, ya fuere siendo más pueblo, o viviendo desesperadamente para dejar de serlo.  No existe una visión colectiva, social,  de mejoría, de exigencia, de lucha.  Tal parece que nos hemos acostumbrado a eso, y así es como surge la clase media, básicamente por  la vergüenza que siente el pueblo hacia sí mismo, mezclado con bastante servilismo hacia la minoría dominante ( por un lado los terratenientes/latifundistas, por otro los mayorales, y debajo los peones).  Muchos de los profesores que trabajan en la educación pública lo hacen en la privada, muchos de los médicos que trabajan en la salud pública lo hacen en la privada.  Muchos de los que nos atendemos en la salud privada, también lo hacemos en la pública.  Y en definitiva muchos actúan de forma diferente en la pública y en la privada.  Recordando y comparando, dicho sea de paso, la actitud de los panameños hoy en día (después de tantos años que los gringos salieron del canal) sigue siendo diferente afuera y adentro de la zona canalera.  Adentro del canal todavía muestran decencia y respeto. Valga decir que aunque se fueron los gringos (círculo minoritario) el área revertida sigue perteneciéndoles a personas acaudaladas (círculo minoritario)  Sería interesante preguntarnos qué hubiera sido de la zona del canal, si en lugar de vender los terrenos a gente acaudalada y extranjeros, la hubiéramos cedido a nuestros tradicionales extractos populares… De cualquier forma todos seguimos sosteniendo esto con nuestra actitud, víctimas y victimarios, afectados y no afectados, contribuimos a mantener el sistema elitista, histórico,  que nos divide en dos clases bien definidas y una muy pequeña tercera clase intermedia que aspira más a no ser pueblo, que a ser privilegiada. ¿Por qué?,  porque lo llevamos en las generaciones, en la historia, en esa extraña naturaleza.

domingo, 3 de junio de 2012

¿Qué pasaría si en Panamá no hubiera diputados?

Todos los privilegios, que muchos de ellos entienden como “gastos operativos”, pero que el resto de los panameños visualiza como “privilegios”, supuestamente fueron creados  para facilitar la gestión de los diputados, legisladores o como quiera llamárseles.  Luego, ¿La gestión de un legislador es hacer leyes, o “ayudar a la comunidad”?.  Porque hasta donde tengo entendido hacer parques, paradas,  aceras, regalar neveras, bloques, bolsas de comida, estufas y demás no es trabajo de un legislador.  ¿Necesita tanto dinero el legislador, para reunirse con su comunidad de cuando en cuando, y luego sentarse a legislar??? Aún así, si fuera realizando obras sociales ¿Pudiéramos decir que invierten efectivamente el dinero que se les otorga?  Me parece que la figura del diputado aún no está clara, o por lo menos no quieren dejarla en claro, y mientras tanto seguir cobrándonos por dicha ambivalencia.  ¿O legislan, y legislan bien, o continúan de “regalones” haciendo indirectamente campaña política (con nuestro propio dinero)?


En una ocasión me explicaron que las autoridades debían tener salarios tan “altos”,  para evitar  ser seducidos por coimas, sobornos etc.  Con salarios altos se espera  que el individuo sea menos proclive a corromperse.  Pregunto entonces: ¿Acaso así se lograría evitar la corrupción, o sólo aumentaríamos el valor del supuesto  “soborno”?.  Y por allí va el asunto, al aumentar el costo de los posibles sobornos… ¿Quiénes estarían en capacidad de pagar dichos sobornos?, pues, los mismos poderosos de siempre (los mismos que han controlado a Panamá, toda la vida).  Es decir, el salario que ostentan nuestras autoridades, definitivamente no los inmuniza contra la corrupción, ni mucho menos. 


 
Digamos que les pagamos tanto por ser “nuestros representantes”.  Sin considerar el hecho de que algunos ni siquiera pasan tiempo, ni tiempo de calidad en sus comunidades.  Ni aunque tuvieran sangre azul, o viviéramos en un régimen monárquico, eso sería válido.  Cualquiera de nosotros que tenga a su bien pagarle a otro por trabajar, ¿Acaso le pagaría para trabajar en su contra?...no me parece.  El pueblo se queja constantemente de que los legisladores, por quienes votó,  aprueban  leyes impopulares, que en lugar de beneficiar, deterioran su condición de vida a favor de unos pocos “poderosos”.  Frecuentemente se oye de ausencia masiva, escándalos de corrupción (compra y venta de otros legisladores o autoridades) escándalos sexuales (el gobierno pasado)  botellas, vulgaridad, violencia, sobornos, discusiones y peleas de patio limoso etc.  ¿Acaso uno le pagaría bien a una persona de la cual duda profundamente, y ni siquiera cumple con su horario laboral?  ¿Entonces por qué lo hacemos, y encima tanto dinero???

El órgano legislativo debe existir como contrapeso del poder ejecutivo, o algo por el estilo.  No soy abogado, ni politólogo, ni nada de eso, pero en la escuela me hablaron de “la separación de poderes”.  Recientemente he escuchado que una de las principales quejas para con el actual gobierno es esa, un órgano legislativo totalmente plegado, entregado, vendido o “dejado” al ejecutivo.  Pero si la memoria no me falla, los últimos gobiernos en democracia, no tanto en el de Endara, han cojeado de ese lado.  El problema, tal dicen, es que ya no se trata de una cojera, sino de la amputación de la pierna.  Es decir, que el gobierno ande en un solo pie: El ejecutivo, eso dicen.  De todas formas ¿Podemos decir los panameños que contamos con un órgano legislativo independiente y digno? ¿Digo, mucho más ahora que se ha acrecentado el asunto de los tránsfugas?.

El órgano legislativo debe existir en función a la separación de poderes, como contrapeso al ejecutivo etc..  Todo lo cual me parece políticamente correcto. ¿Pero en un país como el nuestro (en el que todo el mundo hace, o quiere hacer lo que le da la gana) suena rentable tener una asamblea legislativa aprobando leyes a diario? ¿No sería mejor unificar esfuerzos para hacer cumplir las leyes de manera imparcial?  ¿Existe en Panamá alguna estadística real e independiente, que diga cuántas leyes vinieron promovidas por organismos auténticamente representativos del pueblo, y cuántas fueron  promovidas por intereses privados de carácter y beneficio personal? ¿Acaso se da seguimiento al impacto social de cada ley, positivo o negativo? ¿Cuáles legisladores votaron a favor, y cuáles en contra?. Porque si tuviéramos esa fuente de información libre y pública (como efecto de la transparencia que tanto mencionan) pudiéramos establecer por frecuencia y efectividad, el valor práctico-social del órgano legislativo y sus representantes.   Algunos diputados hacen lo que les da la gana porque no tienen quién los regule durante el periodo, e inclusive ya ni siquiera obedecen a sus partidos políticos.



Dado todo lo antes expuesto y aunque pase de ignorante para algunos, sobre todo porque PAGO IMPUESTOS, tengo todo el derecho de preguntar: ¿Qué pasaría si en Panamá no hubiera diputados? ¿El país entraría en caos, o letargo infinito?  ¿Quebrarían los partidos políticos? ¿Colapsaría nuestro devenir socio-político? ¿Se terminarían las obras sociales en las comunidades? ¿Sufriría gravemente el ejercicio democrático? ¿Cerraría el tribunal electoral por inoperante? ¿Habría huelga de botellas? ¿Moriría la actividad política nacional? ¿Quebrarían los periódicos? ¿Aumentaría el desempleo y la delincuencia considerablemente? ¿Empeorarían los tranques vehiculares? ¿Subiría aún más la canasta básica? ¿Subiría aún más la gasolina? ¿Se agravaría la crisis del agua y la basura? ¿Subiría la deuda externa? ¿En qué nos afectaría considerable y negativamente, la carencia absoluta de legisladores?. 


 
Ahora bien,  ¿Por qué no eliminamos la asamblea de diputados y la reemplazamos con un único órgano consultivo-promotor, de igual autoridad pero compuesto por representantes de la sociedad, de las iglesias, de los gremios  y las universidades.  Profesionales sin afiliación política o mercantil, ni prontuario delictivo,  cuyos integrantes no ganen más de tres mil dólares al mes, no tengan privilegios, ni superen en número a treinta. Renovados sin reelección inmediata, cada dos años y medio.  Cuyo desempeño sea evaluado pública y periódicamente en foros comunitarios. Que puedan ser removidos según desempeño. ¿Por qué no?. Aunque suene a “sueño”, realmente pienso que nos iría mejor.  El estado se ahorraría mucho más dinero, el pueblo tendría mayor representatividad y control, los deteriorados partidos políticos menos poder, disminuirían los escándalos y la posibilidad de corrupción.  Ahora bien, ¿Lo permitirán ellos?.  No creo… que esa sea la pregunta, sino más bien: ¿Lo querremos nosotros?...   De cualquier forma, si los diputados llegaran a faltarnos, es muy probable que nada dramático ocurriría, e inclusive,  gran parte de la población ni siquiera llegaría a extrañarlos.
Todos los dictadores del mundo

Cuando voy a un comercio de la localidad, si compro algo me dan  regalitos (checheritos).  Los dichosos regalitos son un atractivo y su valor no equipara en nada al costo de lo que compré, pero es un atractivo.  Los negociantes lo utilizan para capturar la atención del consumidor, eventualmente, y a tal punto que ciertos consumidores compran algo por los “regalitos”.  El comercio que suple necesidades reales, es bueno.  El comercio que inventa necesidades, endeuda, sobre-endeuda al consumidor confundido y engaña, en ningún momento podría considerarse bueno.  ¿Por qué? Porque parte de algo malo: El engaño.  Nada que parta de algo malo, puede terminar bien.  Los regalitos son un engaño. Dicen que al hombre hay que enseñarle a pescar, no regalarle el pescado.  ¿Por qué? Porque en buen panameño, darle el pescado al hombre sin enseñarle a pescar  sería “pan’pa hoy, y hambre pa’mañana”.  Si el hombre no aprende a pescar, su alimentación (y su vida) queda dependiendo del que le dé el pescado (la comida)  Pero si aprende a pescar, puede proveerse él mismo sin depender de nadie.  Si un gobierno le genera al pueblo los mecanismos para auto gestionarse, proyectarse y avanzar, es como el hombre que enseña a pescar a otro.  Si el gobierno le “da” al pueblo todo, el pueblo jamás se desarrollará y siempre será una sociedad atrasada (dependiente del gobierno de turno)  Los gobiernos paternalistas generan pueblos atrofiados.  Romper la atrofia cuesta un mundo, pero una vez conseguido la nación entra en vías de desarrollo y desarrollo sostenible (no momentáneo, no transitorio y no sólo económica sino socialmente también) ¿Podemos decir entonces,  que Panamá está realmente en vías de desarrollo?...


Los regalitos que nos ofrece este gobierno, no van con las necesidades globales del pueblo, por eso no se puede decir que Panamá esté en vías de desarrollo, y si no prestamos atención podríamos estar en vías de retroceso.  Los regalitos de este gobierno son: La Beca Universal, Las computadoras portátiles, Cien a los setenta, Jumbo Ferias, aumento del salario mínimo, obras, Metro etc.  ¿Por qué son regalitos? Porque no resuelven los problemas fundamentales de la vida diaria del panameño en general, son paliativos orientados a diferentes sectores de nuestra sociedad pero no a todos los panameños.  La Beca, la computadora, Cien a los setenta, el aumento del salario mínimo e inclusive la Jumbo Feria son dádivas, cosas que se le da a las personas, regalos para unos patrocinados por los impuestos que pagan otros (que en el evento son utilizados para hacer politiquería)  Eso es paternalismo, sólo regalitos.  Una solución real e integral sería arreglar todo el sistema de la educación pública (escuelas, materiales, calidad de la educación, nombramientos) o por lo menos levantar una organización a elaborarse gradualmente, bien establecida, definida y lograda.  De igual forma la salud, de igual forma la seguridad, de igual forma el agua, el aseo, el tránsito, la economía.  Hasta la fecha sólo se ven promesas absurdas (para cumplirse como sea, en dos años) y estos regalitos que más que convencer, tratan de hacer propaganda o de ocultar el sol con un dedo.  Muy parecida a las ofertas de un almacén que sólo abarata los precios en los departamentos de menor consumo, menor calidad, o de consumo selectivo, o en los productos de próxima expiración.  Un estadista promueve globalmente al estado, lo proyecta e impulsa en su totalidad.  Una persona que “resuelve problemas”, sólo resuelve aquí y allá (un apagafuegos) ¿Acaso tenemos la visión correcta?

¿Por qué considerar al metro, pese a su tamaño y envergadura, otro checherito, un checherito de lujo?  Porque el metro no va a resolver el problema del tránsito vehicular en Panamá, es apenas otro paliativo.  Una tremenda obra, muy buena, pero que no va a resolver medularmente el problema.  Las “obras” de este gobierno son soluciones sectorizadas, y no obedecen a un plan de seguimiento de reestructuración urbano.  Es decir, otro paliativo.  Claro que este gobierno, en lugar de trazar o seguir un plan de desarrollo nacional, que pueda involucrar varias administraciones presidenciales, pareciera querer hacer muchas cosas en muy poco tiempo y sin un norte o integración coherente.  Porque pareciera que hacen las cosas para decir que “las hicieron”, o que “hicieron algo” o “que están haciendo algo”.  Panamá necesita planificación y ejecución gradual, no un gobierno egoísta, con ínfulas de eternidad, que quiera improvisar soluciones de vigencia corta, y para colmos, sumamente enredados en escándalos de corrupción, represión, imagen internacional muy deteriorada, sobreendeudamiento, costo de la vida demasiado elevado, y violencia creciente.  La visión egoísta de la actual administración (cito el asunto de la “continuidad”) no permite ver el florecimiento de Panamá en comunión a otros gobiernos (como lo proyectaría un auténtico estadista).  El gobierno tiene para con el pueblo la misma visión posesiva y enferma, del amante abusivo hacia la mujer maltratada: “Si no es mía, no es de nadie.  Si no es mía, no es, ni va a ser de nadie”… Y desde luego, el asunto megalómano de confundir a Panamá, al estado con el gobierno, como si el país fueran ellos.

Hace unos días, en Barú mientras inauguraba un proyecto,  el presidente me dio a entender que sin su gobierno, el país perdería “todo lo bueno que ha hecho” y que todo lo anterior o futuro fue y será malo.  Es verdaderamente triste oír al presidente negarle al país un mejor futuro, sólo por el hecho de no darle continuidad a su gobierno... Esa no es la visión de un estadista, sino de un egoísta.   ¿Acaso él  piensa que Cambio Democrático es lo mejor que le ha ocurrido a Panamá, políticamente hablando?  Eso me parece un grandísimo problema de ego, y pérdida total del sentido de la realidad.  Panamá es lo que es hoy no por Cambio Democrático, sino por el Arnulfismo, el panameñismo, el PRD, el PAPO, el PALA, las Fuerzas de Defensa,  los gringos, el movimiento inquilinario, el Liberal Auténtico, acción comunal, la Democracia Cristiana, la cruzada civilista y todo los que fueron y todos los que vendrán.  Si el presidente de la república tiene una visión tan restrictiva de Panamá, que limita al país a su sólo espectro, o a su sola existencia política (la de él y su partido) pues, en mi opinión comparte la misma visión equivocada de todos los dictadores del mundo.   
Una gobierno a patadas y puñetazos

Desde que yo vi al gobierno del cambio generar aquellos desaciertos en el servicio diplomático, asumí que esto no iba bien. Me refiero al cónsul que salió hablando del canal, en un programa de entretenimiento norteamericano.  Luego el otro que se disfrazó de mujer, en una fiesta en Canarias.  Y más recientemente, el escándalo sexual en Filipinas.  Siempre me he preguntado si en Panamá no existen profesionales idóneos en el manejo de las relaciones exteriores.  Lo digo por éste y los otros gobiernos de la nueva democracia panameña.  Hemos tenido hasta comediantes, envueltos en nuestra diplomacia.  Sin embargo, las relaciones exteriores y la imagen de un país no pueden tratarse como si fuera un chiste o un sindicato más que reprimir. Entre tanto, pareciera que el ministro de relaciones exteriores se preocupara más de la política interna, que de lo que nos ocurre internacionalmente.


El gobierno del cambio se ha caracterizado desde sus inicios por la confrontación.  Confrontación con los empresarios, los gremios, los indios, los medios, la sociedad civil. ¿Por qué el nivel tan elevado de hostilidad?, no sé.  Pero he escuchado decir que “el gobierno es víctima de una campaña de ataques masivos orquestada por la oposición y afines”.  Una campaña tan, pero tan grande, que ha tejido intrigas internacionales (Italia) en contra de nuestro gobierno. ¿Acaso eso no suena a locos? ¿A paranoia? … Ahora bien, nosotros acá en Panamá es una cosa, pero cómo nos vean en el exterior es otra muy distinta.  Recientemente he escuchado decir que Varela no debió viajar a Washington, porque nos da mala imagen internacional.  Hasta lo han considerado “traición” a la patria etc.  ¿Y mientras tanto, cuál es la imagen que nos da el gobierno en el extranjero?

Cómo olvidar el primer gran escándalo diplomático:“La salida de Panamá del PARLACEN”.  Evento que curiosamente marcó el primer roce de Cambio Democrático con el Tribunal Electoral. Luego, en la época en que estábamos tramitando con Francia la lista de los paraísos fiscales,  Panamá consiguió que el gobierno francés emitiera una declaración conciliadora, amenazando con la cancelación de un negocio millonario a una empresa francesa.   Hace poco, con el escándalo Lavítola, el ministro Mulino declaró que Panamá podría anular los contratos millonarios con Finmeccanica. Qué decir de las  medidas de retorsión a empresas, instituciones y ciudadanos de Ecuador por mantenernos en su lista de paraísos fiscales. Y ahora más recientemente tenemos esta “diferencia diplomática” con el gobierno de Taiwán, admitida por el presidente de la república.   Considerando todas estas “torceduras de brazos diplomáticos”, los cables filtrados por Wikileaks de la ex embajadora norteamericana, lo mucho que nos “sonaron” en Italia con el caso Lavítola y los escándalos de travestidos, relajados y abuso sexual,  me preocupa seriamente nuestra imagen en el extranjero.  


Nuestro gobierno, en lo que se refiere a relaciones exteriores, por un lado hace el ridículo con disfraces y chistes, y por otro lado se comporta igual que a lo interno: Intimidando y Reprimiendo.   A veces le funciona, otras veces no.  ¿De cualquier forma,  este sistema de “agresividad” y “torcedura de brazo” es lo que debe ser? ¿Acaso esa es la forma correcta de llevar las relaciones internacionales de un país?.  Creo que parte de la disociación que viven las autoridades en Panamá, que aún no saben si están gobernando o politiqueando, que aún no distinguen entre el patio de su empresa y la cosa pública, todo dentro de un marco  esquizofrénico (ellos dicen que vamos bien, nosotros sentimos que estamos mal) paranoico (todo el mundo contra el gobierno), de agresión y represión reiterativa,  lo están exteriorizando internacionalmente. 



Es conveniente corregir esta forma de operar, antes de que la comunidad internacional reaccione tal y como ha reaccionado la comunidad nacional, guardando proporciones, dado que, viniendo del resto del mundo jamás podríamos esperar cierres de calle o huelgas, sino cosas mucho peores cómo los bloqueos económicos (nada favorable, considerando la crisis económica internacional).  Y esto lo debería entender un estadista (no un boxeador), o cuando menos su grupo de asesores (no los esparrings).  Si bien es cierto que el gobierno ha tenido choques con los medios de comunicación, los empresarios, los gremios, los indios, la sociedad civil etc., como nación no nos resulta viable tener un historial de “roces inespecíficos” con Centro América, Estados Unidos, Ecuador, Francia, Italia, Filipinas y ahora Taiwán.  ¿O acaso será que se trata de establecer una forma de gobierno a patadas y puñetazos?.
Sin embargo, el miedo pudo más

Yo fui a votar con una “minoría cerebral” a favor del “Cambio” y otra mayoría en contra. Me aterraba la idea de que Balbina ganara, y Varela vendió de la peor forma (rindiéndose en el último round) mi intención de votar “sano” en las pasadas elecciones. Como votante me sentí desamparado, por no decir: Acorralado. Fue terrible. Después del anuncio de la alianza, después de haberlos visto, oído y leído sacarse las tripas e insultarse en público, esa alianza fue como una secuencia de escupitajos al rostro, deletreándome la palabra: Traición. En consecuencia, decidí no votar por nadie. Pero una muy pequeña parte de mi cerebro entró en pánico ante la posibilidad de que ganara Balbina, y voté en contra de mi mayoría cerebral, en contra de mí mismo. Así fue cómo se hizo “la magia negra”, el vudú en mi cerebro. Por el terror. Habitualmente no tomo decisiones sin pleno consentimiento cerebral, sin embargo, el miedo pudo más. ¿Qué me decía el resto de la materia gris? Pues, que no me engañara, que ninguno servía, que la alianza no funcionaría, que iba a ser malo (aunque jamás imaginé qué tanto) que no creyera el cuento, el show de los raspados, el bus, la chicha. Y fui a votar, ¡Y resultó esto!... Ahora entiendo cómo a veces uno hace cosas en un par de minutos, que duran años de sufrimiento. Cosas que si acaso se piensan, se piensan con la minoría cerebral.


Claro está, el resto de mí presentía que había elegido mal. Inclusive, intelectualmente hablando me escudé en el hecho de que “no había de otra”. Quise creer que Varela haría peso, por todo ese asunto de la inexperiencia del “cambio” y la experiencia del panameñismo. Quise creer que la alianza sería buena, deseché las ideas del empresario “dueño” acostumbrado a mandar autocráticamente en su negocio. Imaginé a un hombre magnánimo, seguro de sí mismo y capaz de mediar en beneficio de Panamá. Llegué a creer que, finalmente, un gobierno de corte empresarial sería bueno para oxigenar la modorra institucional, la burocracia y el estancamiento en que habíamos quedado después de la última administración. Ahora entiendo que cuando uno sabe que actuó mal, casi por reflejo intenta engañarse a uno mismo…y así traté de hacerlo. Pero la cadena de acontecimientos me ayudaría a no seguir fantaseando. Vino el asunto de las camisas del presidente. Entonces todo empezó a olerme mal. Luego vino el aumento del ITBMS, los escándalos del cuerpo diplomático, los cuchillos del MIDES, la ruptura de la alianza, Juan Hombrón, los radares, el alza indiscriminada de la comida-gasolina, los tranques infernales, el supuesto golpe de estado, el caso Lavítola y todo un rosario (por no decir intestino) de “misterios dolorosos” hasta nuestros días.


Todo se ha degradado tanto en este país, que lo que antes me aterraba, hoy ha empezado a merodear con ínfulas de factibilidad en mi cabeza. Lo que antes me aterró, ahora cobra el beneficio de la duda, y pensar así sí que es terrible. ¿Que un terror pasado, sea mejor que nuestro presente?...da escalofríos, pero aún mucho más bochorno. La pregunta que me incomoda, culpa y avergüenza es: ¿Habría sido mejor con Balbina?. Eso en lo personal me deprime, no tanto por ella, obvio, sino por lo que representa no tener más opciones. ¿Retroceder en el tiempo dos años, buscando lo malquerido de entonces, como lo mejor de ahora?, significa que en dos años hemos empeorado. Significa que el tiempo transcurrió para mal. He de suponer que las obras sociales y de infraestructura pudieran hacer la diferencia, pero… ¿De qué sirve embellecer a un país invivible? ¿De qué me sirve el metro si no puedo pagar la comida? ¿De qué me sirve soterrar los cables, si no tengo agua, y cuando llega sabe a tierra? ¿Los radares sirven para evitar que roben en mi casa?. Las protestas en este país se han vuelto más crudas, ya cobran muertos. La gente protesta por agua, por comida, por salario, por vida (los envenenados del CSS). ¿Acaso eso es más bonito que el metro, o la ampliación de la Domingo Diaz? ¿Por qué nos suben los impuestos y a los casinos y a las areneras se los bajan?. Eso no tiene sentido. Pero, menos sentido tiene, que no tengamos futuro porque nuestro pasado se lo tragó.



¿Qué vendrá después? Si analizamos la secuencia de presidentes en democracia, hemos ido decreciendo en expectativas, esperanzas y optimismo. ¿Por qué? Porque cada uno se esmera en decepcionar más al pueblo. En consecuencia, siguiendo la relación lineal casi no me atrevo a imaginar ¿Qué clase de gobierno tendremos mañana? ¿Uno aún más informal, escandaloso, insensible y conflictivo que el actual?. No me agrada retar al destino especulando de esa forma, pero me preocupa aún mucho más especular sobre “lo que pudo haber sido”. Urge que empecemos a proyectarnos como pueblo, como sociedad, a ser más unidos, más solidarios y menos “pacieros”, más inteligentes y menos vivos, que generemos nuestras opciones, que participemos más, de lo contrario, viviremos sobreviviendo de “lo menos peor”, o de lo que nos deje el miedo.


¿Y dónde están los diplomáticos?

Ya que el presidente habla de “telenovela italiana”, yo quiero recordar aquella comedia gringa: “¿Y dónde está el piloto?”. La forma en que el presidente celebra veladamente los “logros” de Lavítola para Panamá, me recuerda mucho a todas aquellas personas que defienden históricamente a Bunau-Varilla (guardando muchas proporciones, otro extranjero involucrado en la política nacional para supuestos beneficios locales) La cuestión es: ¿Un beneficio a cambio de qué? ¿Sería que Lavítola se proyectaba como un magnate, en un paraíso de corrupción? Jamás podremos saberlo, ni mucho menos aseverarlo. Mucho nos queda por especular, porque mucho más es lo que se seguirá diciendo.


En una ocasión escuché que alguien decía por la radio (no recuerdo quién) que los puestos diplomáticos en Panamá se repartían como piñata, a diestra y siniestra, sin orden ni ciencia, sin Dios ni ley, pagando favores. Sólo bastaba ser hermana de un ministro, hijo de un alcalde, nieto de una gobernadora, hija de una ministra, sobrino de un diputado etc. Luego, para qué tener estudios o experiencia comprobada en “relaciones exteriores”, si al final de cuentas lo que importa son “las relaciones interiores” (cualquier vínculo sanguíneo, afectivo, económico o político).
Cuando los primeros escándalos en el servicio diplomático, yo empezaba a dejar de creer en el cambio. Siempre me cuestioné: ¿Por qué no aplicar sanciones ejemplares de primera mano, antes de que todo empeore? Primero fue uno, hablando inexactitudes y desaciertos del canal, en un programa de joda estadounidense. ¡Qué bonito!!! Entonces pensé ¿Por qué no sancionarlo ejemplarmente? Pero la sanción sólo fue verbal (creo) nada ejemplarizante, apenas un tirón de orejas. Luego (como quien dice que lo que no se corrige se agrava) vino el otro disfrazado de mujer, repito, disfrazado de mujer. Allí hubo una renuncia, pero igual, nada ejemplarizante. Después sí llegaría una sanción ejemplarizante, que se convertiría en otro escándalo internacional de nuestro cuerpo diplomático. Porque el canciller utilizaba “varios sombreros”... Me refiero al despido de Varela.

Ahora que tenemos este tremendo escándalo internacional ¿Y dónde están los diplomáticos? ¿Podemos contar con un cuerpo diplomático a la altura? Curiosamente, en esta crisis internacional el cuerpo diplomático ha sido el menos sonado (tal vez porque sus esfuerzos se aprecien o apliquen directamente en Italia). Pero iniciando, el canciller tenía diarrea (o cualquier otra complicación estomacal) Una excusa perfectamente válida para cualquier otro cargo de menor espuela, o en una situación mucho menos álgida. Luego, ¿Quién atiende el caso de primera mano?... una de las figuras del gabinete menos querida por el pueblo, e involucrada en escándalos similares. ¿Acertado? ...


De cualquier forma, el cuerpo diplomático panameño es una institución muy bien catalogada y acreditada histórica e internacionalmente. Pero me parece que en estos momentos (caso Lavítola) las relaciones exteriores se están llevando a cabo como si el gobierno estuviera jugando a “¿Quién le pone la cola al burro?” Estoy seguro de que Panamá cuenta con profesionales serios en el área, enteramente capacitados en la resolución de crisis similares o peores. Sin embargo, todo se reduce a un aspecto de “confianza presidencial”, como si el presidente (y no Panamá) fuera el único afectado en todo este embrollo.

Activista filipino quemando la bandera de Panamá, en protesta a lo ocurrido

¿Por qué una negociación entre países, se dio como una transacción comercial entre millonarios (ahora muy cuestionados)? Como si sólo fuera un negocio entre ellos, apenas salpicado de papelería gubernamental. Con el consuelo de que el cuerpo diplomático italiano se manifestó activo durante los trámites, ¿Pero qué decir del nuestro? Varela (ex canciller) trató de limpiarse las manos, pero Martinelli no lo dejó. La informalidad como se están llevando las cosas en Panamá, aparte de que da muy mal aspecto y olor a todo… nos deja la duda planteada de ¿Cómo nos ve el señor presidente, como un estado o como un negocio?...
¿A cuál gobierno creerle?

Yo recuerdo que en la pasada campaña electoral, la palabra “bipolar” estuvo muy de moda. Primero con una connotación negativa, luego el término se hizo agradable y jocoso. Sin embargo, el chiste de aquel entonces se ha convertido en nuestra tragedia actual. Ahora bien, ¿Qué significa “bipolar”, más allá del entuerto sicológico con el que fue conocido anteriormente?. Según el diccionario de la real academia de la lengua española, bipolar significa que tiene dos polos. Como un imán, un polo que atrae, otro que repele… y así es como estamos. Por un lado pareciera que vamos bien, por otro sentimos que vamos mal. Ante un gobierno que atrae y otro que repele, ¿A cuál creerle?.

Por el lado positivo están las obras sociales como las casas en las Garzas, los departamentos en Curundú, el reordenamiento vial, los cien a los setenta, el salario mínimo, el metrobus, el metro, la beca universal, las mochilas, las computadoras, las inversiones, el turismo, las calles, los puentes etc. Por el lado negativo está la total apatía de nuestras autoridades ante el aumento del costo de la vida (gasolina, comida, impuestos, etc.) el aumento de los tranques vehiculares, el deterioro de la salud y la seguridad pública, la crisis del agua y la basura. La conveniente sordera de nuestras autoridades para con ciertos temas sociales (envenenados del jarabe, aumentos, minería y demás) que desencadena cierres de calle y conflictos violentos que ya cobran muertos. Las medidas impopulares, los rumores de golpe de estado y, finalmente, como rey de la casa: El escándalo. Por alguna razón nuestras autoridades coexisten rodeadas de un halo gris que genera demasiada suspicacia. Apenas cubiertas por un velo translúcido que, más allá de ocultar un muerto (el escándalo) lo exhibe públicamente, cual insulto a nuestro intelecto, lógica o sentido común. Generalizando así, un terrible no sé qué de corrupción, impunidad e injusticia.


¿A cuál gobierno creerle? ¿Estamos haciendo o deshaciendo? ¿Esto es una carrera hacia el progreso, o una simple procesión (un paso hacia adelante, dos hacia atrás)? De cualquier forma, en las situaciones que exigimos determinación y soluciones efectivas, recibimos pinches paliativos como respuestas no pocas veces mediáticas. Por ejemplo, ante el alza de los alimentos, el gobierno nos ofrece “La jumbo feria”. Ante el alza del combustible y los tranques, nos dicen que utilicemos carros más económicos o el transporte público (prohibiendo el carpool). Entre tanto nos aumentan los impuestos, o nos crean nuevas cargas impositivas, y a los casinos se la bajan. Nos hablan de justicia social, y de pronto el presidente queda envuelto en un escándalo de tierras junto a un empresario extranjero, en contra de un simple campesino (me refiero al caso de Pixvae) Luego, ¿A cuál gobierno creerle?


Yo quisiera creer que estamos en trayectoria de despegue, pero tal parece que el peso del “equipaje” es mayor al soportado por nuestra nave (el estado). Vivimos en zozobra, cierre tras cierre, escándalo tras escándalo, conflicto tras conflicto. ¿Será que eso es “lo que le toca al pueblo”?. Nuestras autoridades viven en un eterno conflicto con el pueblo, ellos en un polo, nosotros en otro. Cada uno viviendo una realidad distinta, un polo distinto. Para ellos el país es una maravilla, para nosotros el país es mera supervivencia. Ellos bien, nosotros jodidos (digo, si el presidente puede hablar de joder...) ¿Y en la mitad de esta realidad polarizada, qué queda? Mucha incertidumbre, tensión, dolor, deudas y una clase media martirizada con fuerte tendencia a desaparecer.