MASLEIDOS

viernes, 27 de junio de 2014

La tecnología, las personas y el consumismo





Algunas personas me han criticado porque compré un celular Chino que copia y supera a uno “americano”  por  un tercio del precio.  Son personas que gustan de “marcas”, como si la “marca” fuera un atributo de su naturaleza.  Luego, qué hago yo venerando un objeto como atributo de mi naturaleza, si debe ser todo lo contrario, el objeto debe estar al servicio de mí naturaleza. ¿Qué pasa cuando el objeto de “marca” se me daña?  Lo más probable es que me quede la deuda (o el contrato) aún por pagar, pero algo aún mucho más importante, al perder el objeto pierdo parte mía.  Sin embargo, ellos lucen sus objetos “de marca” como si fueran galardones bien ganados.  Digo yo, qué hay de bien ganado en trabajar para “comprar un objeto”.  Si tú me dices que te enorgulleces por haber trabajado para que tu hijo tenga una excelente educación, bueno…pero para que tu hijo tenga un “teléfono de marca”.  Hay algo extraño allí. 



Si se ve a la luz de los acontecimientos, es como el perfume.  Muchas personas se echan perfumes caros encima, para ocultar sus olores verdaderos.  Pero, ocultarlos de quién ¿De los otros, o de sí mismos? ¿Acaso no basta con un buen desodorante? Claro, hay gustos y hay gustos, y hay necesidades y hay necesidades.  Pero, las personas que se acostumbran a verse de afuera hacia adentro, según las prendas y atuendos que carguen encima, necesitan vivir con un espejo que les recuerde qué tan bonitos son.  Así, si no están en casa, se consiguen una persona que constantemente se los recuerde (un lambón que actúe de espejo)  El asunto de “ocultar nuestros olores” es un símil.  Parece increíble que muchas personas, mientras más bajas se sienten consigo mismas, más vainas se tiran encima.  Se ocultan, o por lo menos, piensan que se ocultan. 



Disculpen el ejemplo a seguir, un poco escatológico, pero, requiero para el buen aprendizaje, el impacto de la breve dolencia. Si usted es muy sensible, por favor no continúe la lectura.  Es decir, cuando usted entra a un baño, satisfactoriamente estrenado por un estítico,  lo más probable es que el olor sea muy fuerte (aunque humano, las cosas que más nos  “apestan” de nosotros mismos, son precisamente las cosas que debemos corregir, y no paramos de ver, ni criticar en los demás)  Pero en fin, digamos que el olor está prendido, explotado, etc. y usted agarra desodorante ambiental y lo riega… Así queda uno, cuando trata de disimular su verdadera naturaleza, detrás de las cosas malas que tenemos. Solución simple y barata: No se compre un perfume caro, báñese mejor  (o más constantemente) no reutilice mucho las prendas de vestir  (curtidas) y póngase un buen desodorante.  Sin embargo, aquí está el truco del capitalismo salvaje.  Tan sencillo como hacerle creer que su “olor” es antinatural, y no tiene remedio sin una inversión costosa. 



En lo que se disfraza “un lujo” por “una necesidad”,  gastamos, y seguimos gastando y nos endeudamos terriblemente (al punto  de ni siquiera alarmarnos por cuánto nos han aumentado la deuda externa, porque estamos acostumbrados a vivir de, y para la deuda)  Ahora repliquemos el modelo a las medicinas,  la comida, los autos,  viviendas y tendremos una sociedad consumista, esclavizada y unos pocos muy, pero muy adinerados.  Para vivir bien, no hay que tener exceso de cosas, para vivir bien sólo hay que re-aprender a vivir con expectativas realistas.  Entendiendo, claro, que no somos lo que somos por lo que tenemos, sino sencillamente por lo que somos. ¿Conozco realmente lo que necesito (no lo que me quieren vender)? ¿Lo que estoy comprando cumple con mi requerimiento (no  los “extras” con los que lo promocionan)? ¿Lo que estoy comprando está dentro de mi presupuesto (excluyendo el crédito a disposición)? Si usted responde que “sí” a estas tres preguntas, proceda.  Si responde que no, a cualquiera de estas preguntas, no lo haga. Ahorre o invierta el dinero, recuerde que si bien ahora puede “darse lujos”,  quizás mañana requiera ese mismo dinero para suplir una auténtica necesidad.



Prefiero ser una persona verdadera, mostrando cosas falsas. A ser una persona falsa, ocultándome tras cosas verdaderas. ¡Vivan los chinos, que rompen el monopolio emulando a precios humanos, cuanta vaina sacan los amos del mundo para deshumanizar y esclavizar!  La tecnología debe estar al servicio del humano, y no el humano al servicio de la tecnología. Veámosla como un mecanismo de liberación, no de opresión masificada amarrándonos a lujos disfrazados de necesidades.    


No, no fue suficiente

Qué lloramos?  Haciendo honor al mérito y a los estribillos, esto fue sólo un sueño (que ya terminó)  ¿El mérito?, poner a soñar a los panameños.  Y como todo buen sueño, siempre duele al despertar.   ¿Qué peleábamos, el pase al repechaje? eso es como llorar porque perdimos la oportunidad de rehabilitar.  Una areciación bastante insuficiente, como insuficiente fue la fanaticada (recordando el juego en que se abucheó a la selección, que dicho sea de paso, debimos ganar)  como insuficiente fueron los jugadores y como insuficiente fue el técnico. 

Cuando no se gana, es porque no se hizo lo suficiente para ganar, o dicho de otra forma, se hizo todo lo necesario para perder (obviando la suerte, porque el fútbol no es un juego de azar)   En algún momento de la competencia dejamos de jugar para “ganar” y empezamos a jugar para “llegar”... al mundial (así fuera a rastras) ¿Con esa actitud qué nos extraña?  Como el estudiante que sólo estudia para “el tres”, y se sorprende al fracasar.  No tenemos derecho a la sorpresa.

Mucho se habló de que Panamá había mejorado, mucha excusa se dio y mucha culpa se repartió.  Al final de cuentas perdimos como antes, como si no hubiéramos aprendido nada en todo este tiempo, en los últimos minutos  (Jugamos como nunca y…) Ratificamos nuestro viejo estilo de perder, a los pies (por ser fútbol) de un viejo adversario: USA.  Luego,  cabe preguntarnos: ¿Qué hemos aprendido?, o mejor dicho: ¿Acaso un sueño enseña más de lo que enseña la realidad?  ¿Qué queremos los panameños, sueños o realidades? ¿Pesadillas o soluciones?  A tan poco tiempo de las próximas elecciones, habría que pensarlo a profundidad.  Porque aunque sea más fácil (y menos responsable) verlo como dos cosas distintas, el fútbol refleja mucho de nuestra realidad sociopolítica.    

Pedro Calderón de la Barca dijo: “la vida es sueño”, a lo que yo añadiría: “Sí, pero tampoco tiene que ser una pesadilla”.  Como panameños, las circunstancias nos están obligando ser un poco más exigentes con nosotros mismos y con lo que nos rodea.  Para luego no llorar desengaños, o desencantos tardíos.  Sencillamente, no se puede sufrir mucho, por lo que no se ha luchado “tanto”.  Los equipos se hacen con tiempo y esfuerzo, no se “arman” para tal o cual encuentro.    Tenemos que aprender a dar más de nosotros en cada cosa (fútbol, política, trabajo, sociedad)  desde el principio, y perseverar.  Tal vez no por el ánimo de ganar, sino para hacernos cada vez mejores (a nosotros mismos)  Quizás lo de “ganarle al otro”, venga sólo por añadidura a vencerse a uno mismo.  Aprendiendo a ser campeones, de adentro hacia afuera.

Ultrajando la mente de un político sucio





Hace poco escribiendo un libro nuevo que trata de la conducta humana en las oficinas, me vino a la cabeza preguntarme qué distanciaba a un administrativo cualquiera, de un político sucio.  Por casi veinte años he visto a gente devorarse entre ellos mismos (sentido figurado) por algunos cientos de dólares de diferencia entre salarios.  Y al mismo tiempo racionalizar casi a gusto,  que un legislador, ministro o magistrado gane tantos miles por encima de ellos (fuera de todos los bienes colaterales que mal o bien obtengan)  La respuesta no demoró mucho en llegarme al cerebro.  Esas personas que tanto pelean por apenas unos cientos, jamás aplicarían a la política.  No está en su naturaleza comportarse así, ni siquiera sacar pecho en un evento público.  Muchos de ellos prefieren destriparse en las cálidas entrañas de cualquier oficina, los unos a los otros.  La clase media panameña está llena de gente de oficina, desunida, maledicente y peleona ganando salarios paupérrimos.  Por eso algunos políticos suben y nos roban a todos.  No sé por qué tengo la impresión de que tanta “alienación” es sólo cobardía popular, ante los problemas sociales que nos aplastan y que juntos pudiéramos hacer trizas.  Pero es más fácil discutir con el oficinista de al lado, que ir a una marcha.  Para eso están los institutores, el arte, la universidad y el SUNTRAC.  Para eso, y para que les demos plomo cerrado e hipócritamente,  cuando lo hacen.



Pero este artículo no trata de eso.  Es más, ya casi se me olvida de qué era el tema.  Panamá parece la ciudad gótica antes de la aparición de Batman.  Y como todos estamos esperando a un “salvador”… sólo espero que ese Batman no use botas militares de nuevo.  Hoy quise escribir un artículo algo diferente, y de una forma aún más diferente.  Así que, vuelvo al inicio y comienzo de nuevo.  Entrar a la mente de un político sucio, es casi como un exorcismo a la inversa. Todo un reto a mi imaginación de escritor “casi profesional”.  Pero bueno, allí va mi experimento.  Hay cinco puntos básicos que diferencian a un político corrupto, del resto humano.  Y que también lo igualarían  por naturaleza afín con un comerciante inescrupuloso y un falso pastor de la fe.  Las conclusiones sáquenlas ustedes mismos, que el tranque me dejó con dolor de cabeza y no quiero hacer ese ejercicio mental ahora.  Total, sólo son cinco atributos.



La visión de corrupción, es algo con lo que se nace, o se adquiere en el proceso del crecimiento (crianza, escuela, amigos, etc.)  El corrupto ve oportunidad de robar, adulterar o corromper en donde usted no la ve.  Es como si tuvieran rayos X para descubrir cosas mal puestas, o fáciles de torcer.  Ojo, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.  Imagínese a un niño abriendo un regalo sin romper el forro ni la caja. ¿Por qué lo haría de esa forma, si todos los niños corren a romper el forro y abrir la caja?  Porque el regalo no le pertenece.  Así es la visión de corrupción.



Miseria solidaria.  Los gringos tienen un refrán que dice: “La miseria busca compañía”.  Y es curioso, pero cierto, toda persona que anda en malos pasos atrae gentes a montones.  No estoy seguro de por qué pasa esto, me parece que es algún reflejo de su conciencia perdida.  Como que aclimatan el ambiente, para no sentirse tan mal consigo mismo, sabiendo que hacen alguna cochinada por allí.  Pero su peor defecto no está en engañar a los demás, sino en pensar que todos somos así.  De allí nacen frases como “todo el mundo tiene su precio”.  Por eso, cuando se encuentran con alguien a quien le vale tres rábanos delinquir, sufren un colapso psico emocional, y los odian hasta el tuétano de los huesos.  Porque ese tipo de personas les recuerda que existe una forma digna de existir, lejos de la basura, y peor aún,  sin tener que comer de ella.



El amor por el dinero es algo definitivo en todos ellos.  ¿Por qué? Porque necesitan algo que “justifique” su actitud, que bien saben, es deplorable.  Algo visible e inmediato, como los bienes materiales y servicios que compran con el dinero.  Así que, mientras más roban, mejor se justifican.  Al contrario del ideal tan comercializado, por no decir prostituido, de que el hombre necesita tener más para sentirse mejor, quitando la persuasión mercantilista de vendernos lujos como necesidades,  el común de los humanos se encontraría tranquilo apenas supliendo cómodamente sus necesidades y las de su familia.  La prueba es que muchos de nosotros vivimos con medio y bajo poder adquisitivo, sin que de eso dependa nuestra felicidad.  Sin embargo, la felicidad de ellos sí está en el dinero.  Más comunes son los suicidios de la gente que pierde dinero, a los que lo hacen por no tenerlo.  Así que, ellos necesitan amar el dinero obsesivamente (concubinato con la papa)



El fin justifica los medios.  Frase antiquísima, muy utilizada por los comunistas y todo el mundo.  Entendiendo la necesidad patológica del corrupto por el dinero, no es difícil entender por qué hacen lo que sea por tenerlo.  Maletines, exhibiciones de trapos sucios, asesinatos, extorciones y todas estas “nimiedades” que hemos estado viendo cada vez más, y cada vez más recientemente.  Para el corrupto, delinquir es un acto de naturaleza y de supervivencia, de allí su ferocidad a la hora de hacerlo.  Usted lo haría por la salud de un pariente enfermo, o la propia.  Ellos no, ellos lo harán por dinero.   Por eso es que viven demostrando sus excesos sin la más mínima prudencia, porque quieren decirnos a todos: “Valió la pena; y tú, tú no te atreviste, tú te lo perdiste…sé como yo, sé más vivo”.



La poca vergüenza.  Bueno, este punto lo metí porque sí, pero en realidad se desprende como causa y efecto natural de todos sus delitos.  No puedo decir qué fue primero, si el huevo, la gallina, o  ¿El político?... Lo más seguro es que en algún momento de su vida, quizás en su más tierna infancia, tuvieron algo de vergüenza (valores, principios etc.) pero a la luz de los acontecimientos la fueron perdiendo.  Luego, la falta de vergüenza los fue justificando dentro del medio corrupto.  De ser un estorbo al inicio, la falta de vergüenza se convierte en un motor de vida, su “deber ser”.   De allí que cada día veamos más chabacanería y poco importa en ellos.  Como el himen para una prostituta, estos sujetos pasan por un proceso de desfloración moral (para luego lucrar masivamente) inclusive antes de incursionar en la política corrupta.



En fin, ya me quedé sin gasolina para seguir escribiendo.  Todo lo demás lo ha reemplazado el sueño.  Los políticos corruptos son como el alacrán que transporta a la rana de una orilla a otra del charco, y en medio del camino la pica. Primero se ganan su confianza y luego la pican… ¿Por qué? Digo, siendo la rana el pueblo, diríamos que traicionar está en  la “naturaleza” del político, y confiar…en la comodidad del pueblo.

Esclavos de plata, oro y piedras


Escribo esto como un breve llamado a la conciencia nacional, es increíble el nivel humano al cual ha llegado nuestra política, descontando homicidios, narco y demás.  Hoy iba rumbo a mi trabajo cuando escuché un par de expresiones del ministro de salud que me hicieron dudar sobre la racionalidad y el irracional culto a la personalidad de algunos funcionarios públicos.  Quiero pensar que escuché mal, porque de otra forma sería muy triste que una persona se exprese de semejante forma.  En este gobierno hemos visto prácticamente de todo, pero a diario, cuando precisamente uno empieza a creer que han tocado fondo, siempre se hunden un poco más. 
Se refería el ministro a las palabras del presidente ayer, cuando les aseguró sólo verbalmente, muchas mejoras a la ley que, dicho sea de paso ya firmó, sobre la contratación de trabajadores de la medicina extranjeros.  Abriendo un paréntesis, noté un poco de desdén cuando le respondió a uno de los periodistas sobre una inquietud de los técnicos en medicina… A mi parecer sonó despectivo, mostrando cierto grado de desconocimiento para con la ley en cuestión.  Hace algún tiempo atrás, el presidente reunió a varios notarios, para certificar su decisión de no reelegirse.  ¿Por qué lo hizo? Para que la gente le creyera, y dejaran de molestarlo con el tema. ¿Pero por qué la gente no le cree al presidente? ¿Por la oposición, por los gremios o porque sí?  El presidente, eventualmente muestra una actitud contradictoria, y en algunas situaciones se ha tenido que disculpar recogiendo el hilo de lo que dijo.  Siempre escudado por “su humanidad” y su proclividad a equivocaciones, sin importar investidura, cargos, ni responsabilidad.  Y tampoco le creemos porque aunque prometió tratar eficientemente el costo de la canasta básica, hace poco reconoció no poder con el tema.   
Sin embargo, el ministro de salud hoy dijo que el presidente fue “enfático” (o algo por el estilo) ¿Tiene eso sentido?, pregunto al sentido común colectivo.  ¿De qué me sirve que el presidente se ponga enfático, grávido o intenso si no lo deja por escrito? Y ni aún así, porque ya la ley fue firmada.  O se les olvidó el refrán de “las palabras se la lleva el viento”.  Pero lo más triste, absurdo y deprimente no fue eso.  Sino peor, siendo el ministro un médico, profesional, de certificado prestigio, muy buen representante de la noble profesión que ejerce o ejerció (no sé) diga que “la palabra del presidente es sagrada”...  Aún quiero pensar que escuché mal y que no lo dijo.  La única palabra sagrada que existe está escrita (precisamente escrita y no sólo dicha) en los diferentes libros religiosos del mundo.  Hace siglos atrás, mucha gente murió decapitada por la abolición de la realeza. Por favor, doctor, a la humanidad le ha costado un mundo… entender que el aspecto divino no se mezcla con la política, mucho menos en un desesperado intento de arrastrarse.  Porque los jerarcas de antes utilizaban dicha coyuntura para explotar a los pueblos.  Es patético y muy triste, escuchar a un profesional de alto perfil auto reducirse a nada, perfectamente sometido al culto de la personalidad. En ese momento, el doctor se igualó ideológicamente a los varilleros que defendieron a los militares en su última época.  Aunque, aún esforzándome no recuerdo que alguien haya serpenteado de semejante forma bajo la bota militar, batalloneros, CODEPADIS, paramilitares, ni siquiera militares.
¿Dónde queda la decencia, el orgullo y el amor propio, la dignidad de un profesional que se expresa de esa forma? Yo no sé, pero, definitivamente un título y muchos millones no servirán para limpiar la esencia de una persona que dice algo como eso, y de la forma como lo dijo (tan servil)  Yo no soy muy religioso, pero la vida y mi experiencia ante lo imposible, me han enseñado que mientras más lejos se está de Dios, más esclavo se vuelve uno del hombre.  Pero hay hombres que prefieren ser esclavos, con tal de que  sus cadenas sean de oro, plata y piedras preciosas.

Obras grandes, gobierno pequeño


Yo no apoyo la ley, porque por defecto a este gobierno no le creo ni el padrenuestro.  Han expuesto motivos muy nobles para apoyarla, siempre utilizando las necesidades del pueblo como escudo, cuando en el fondo, ellos son los principales culpables de que el sistema de salud ande manga por hombro.  Este gobierno y los anteriores, en complicidad con los mismos médicos, han llevado el sistema de salud pública a las condiciones en que se encuentra.  Y es increíble la calidad de solución que nos ofrecen, como si se tratara de un negocio de compra y venta: Importar.  Todo lo resuelven importando, en este caso médicos.  La inteligencia no les da para otra cosa que no sea mercadear, importar o construir, como si el estado fuera un comercio cualquiera, sostenido a punta de publicidad engañosa, ofertas desfasadas y deuda sobre deuda.   
Digo yo que la visión de un buen gobierno, debe ser mucho más que “acumular fortuna” o malbaratarla.  Como si el país completo fuera una caja menuda, no tan menuda.  Como si Panamá fuera una tiendita de chinos, crecida.  Es absurda la falta de liderazgo, visión y misión.  Desde que este gobierno subió, ha hecho tres cosas fundamentales: Golpear a la clase media con todas sus ansias, aumentar la dependencia de la clase popular y fingir soluciones.  Todas las obras sociales, los cien a los setenta, la beca universal etc. están diseñadas para volver al pueblo más dependiente.  Levantar el barrio de Curundú, no le da el alcance benéfico para darse golpes de pecho, gritando que son lo mejor que ha pasado en cuarenta años… ¿Por qué? Porque sus medidas no han desarrollado al pueblo, apenas lo vuelven más dependiente.  Muy al contrario, han deteriorado nuestra calidad  y encarecido el nivel de vida.
Las mega inversiones sólo nos han generado una mega deuda, y a futuro una inflación sostenida que sólo podrá mantenerse con más deuda.  El costo social, las confrontaciones, el desmantelamiento de los gremios, la desintegración de la oposición, de los partidos políticos y demás estructuras sociales, no sólo han atentado contra la institucionalidad estatal, sino con la paz que teníamos antes.  Cuando no hay un conflicto, hay un invento nuevo, todo en contra del panameño.  Pequeñas molestias por todos lados, los tranques, la gasolina, la comida, el aseo, el agua, los escándalos, las confrontaciones, la inseguridad, y sobre todo: Soluciones insuficientes, mega deuda y mega improvisaciones.  Siempre prohijando una lucha social, de pueblo contra pueblo, dividiendo, separando, creando más discordia. ¿Solucionarán estas mega obras los problemas de tránsito?...no podemos decirlo, ni ellos mismos se atreven a asegurarlo. Pero, lo que sí es seguro y cierto, es el nivel de endeudamiento que nos han dejado.
Yo no apoyo la ley  porque parece diseñada para destruir al gremio médico, simulando que sólo  se trata de “romper la gran rosca blanca” de todos los trabajadores médicos, para que el panameño pobre “pueda acceder a un servicio de salud primermundista”. Eso es mera demagogia barata, y al final de la historia sólo queda una canasta de medicinas genéricas...  Yo no apoyo la ley, porque después querrán hacer lo mismo con el resto de las profesiones del país.  Gobernar, dirigir, no se trata de mandar sino de servir, eso no lo han terminado de entender nuestras autoridades.  Si el pueblo les importara de verdad, finalizarían la huelga en el mejor término. Pero no, ahora mismo nuestro gobierno sólo tiende a dañar al nacional, ya fuera sosteniendo una huelga que perjudica a los más necesitados, o aprobando una ley que daña al gremio médico (y de rebote al pueblo más necesitado)  La intransigencia característica de este gobierno, pone nuevamente de manifiesto su poca capacidad de negociación, su nulo liderazgo y la inmadurez política que tanto los empequeñece.  Es por eso que, mientras más grandes sean sus obras, increíblemente más pequeños se seguirán viendo.  

Avistamiento o Descubrimiento, ¡Qué carajo!




Tal vez lo que diga a continuación, escandalice a un par, así que, si usted es historiador, amante de lo autóctono y lo originario, de los derechos humanos y demás, por favor no lea lo que sigue.  Voy a tocar (no tan profundamente) temas de xenofobia, homofobia, misoginio, racismo y demás. 



Hay que entender algo, los europeos (digo europeos y no sólo españoles, porque el mismo Colón ni siquiera era español)  llegaron a América en la peor época de los imperios indígenas.  Si lo hubieran hecho durante el esplendor del imperio Azteca, Maya (abriendo un poco más la curva del tiempo)  o Inca, otra cosa hubiera sucedido.  Con todo y los barcos y la pólvora de su lado, hubiera sido probable que la historia se volteara.  Los grandes imperios originarios de nuestras Américas tenían tanto o más conocimiento, cultura, misticismo y espiritualidad que las civilizaciones más antiguas de Europa y África inclusive.  La salvajada criminal no se mide en función a si se usa taparrabo o calzón.  Dicho sea de paso, el nivel de crueldad en ambas culturas era bastante similares, esto independiente a la tecnología empleada.  Tal vez la misma corrupción y guerras internas  que destaparon su decadencia, fueron en esencia similares  a la de nuestras prostituidas democracias.



Ayer se celebró el “Avistamiento del Mar del Sur” y hubo una protesta indígena, "por la lucha y resistencia..." ¿Hasta cuándo el resentimiento generacional? ¿Quinientos años y aún no superan eso?  Está igual o peor que los judíos y el holocausto, o los negros y el racismo, las feministas y la discriminación, los homosexuales y los homofóbicos.  Si bien es cierto, uno no elige gran cantidad de acontecimientos en nuestras vidas, sí podemos (debemos) elegir  cómo afrontarlos.  La historia fue como fue, el pasado no puede cambiarse, sin embargo es tremenda fuente de conocimiento para el futuro.  Tampoco es correcto dejar de disfrutar el presente, por sufrir del pasado o temer al futuro.  Mi experiencia es que llorar del pasado (llorar sobre mojado) nos ata a él.  Aprender del pasado, nos libera.



Ser considerados por los demás, no implica autoflagelación, exhibicionismo, ni llamar la atención desesperadamente.  El ser humano es tremendamente egoísta y antropomorfista de naturaleza (o cuando menos, socialmente adquirido)  lo cual puede o no llevar implícito el egocentrismo, y en extremo algo de megalomanía.  Nadie nos va a querer, nadie nos va a considerar, si primero no luchamos por nosotros mismos.  No podemos exigirle a los demás que nos quieran, si no nos queremos primero nosotros a nosotros mismos. No podemos buscar el amor en otro, si no lo encontramos primero en nosotros mismos.  El egoísmo, el egocentrismo y la megalomanía es una tercerización de lo que debería ser nuestra búsqueda interior hacia ser más felices.  Entendiendo que la vida es buena, aunque en determinados momentos no nos guste, o disguste.



La vida está diseñada para funcionar, dijo alguien, y la evolución nos empuja a seguir adelante.  Claro, la inteligencia también.  Yo he visto muchos pueblos indígenas y negros desarrollarse sin perder su cultura, sus raíces y su orgullo. ¿Dónde están nuestros pueblos indígenas? ¿Cerrando calles, protestando, auto-compadeciéndose, retorciéndose ancestralmente en contra de los españoles?...Si muchos  de los españoles que nos colonizaron eran incultos o delincuentes,  ¿Podríamos culparlos (quinientos años después)  de las asquerosidades de nuestros políticos contemporáneos?  El mismo espíritu de guerra que prohijó su conquista por unos más violentos, quizás los mantenga aún esclavizados, no digo que a todos sino a varios de ellos.   A mi parecer uno no protesta contra de la esclavitud, si primero no celebra la libertad.  Si no entendemos ese concepto, y si no aprendemos a generar y amar la libertad de adentro hacia fuera nuestro primero, no pidamos al resto que deje de tratarnos como esclavos, o inferiores. 

Engaño, mediocridad, corrupción y agresión

La segunda ley hermética, mejor conocida como principio de correspondencia dice:”Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba”. Es decir, que todo tiene una correspondencia. Aplicando dicho principio, para entender la poca efectividad de nuestras autoridades más altas, basta con entender a las chicas o viceversa. Me refiero al tránsito (y a la policía) vs ministros, legisladores, presidentes, magistrados etc. Es increíble cómo el transito parece haber “colgado los guantes” ante el diluviano tranque que se arma cada día, los 365 días del año. Un tranque obsceno, incoherente y ofensivo, a cada instante. Así dijo este gobierno que nos iba a mejorar la calidad de vida… Y qué decir de la policía, rendida frente a los femicidios, la violencia urbana, y los narcos que se han tomado el país como polígono de tiro o pista de carrera, mientras ellos sólo se preocupan en atajar la droga para que no le llegue a los gringos. Los veo por allí, hablando por celular y parqueando, mientras se arman las intestinales filas y los ciudadanos se atacan verbal, física y vehicularmente entre sí. Sin embargo, cuando se trata de abrirle el paso a una personalidad de las tantas grises que conforman este obscuro gobierno, pues se activan a rajatabla. Y el pueblo que se siga matando.

Cuando por fin deciden “ayudar”, lo que hacen es bloquear todas las salidas que se arman naturalmente, en aquellos atajos siniestrados por las mega obras, que manan del problema como simple ejercicio del sentir y sentido común urbano. Tal parece que las autoridades en Panamá sólo existen para hacerle la vida más fácil a una elite, e insufrible al resto. Igual en el gobierno, si no eres mi amigo, eres mi enemigo. Exaltación bipolar, sin mediación racional alguna. Nos han puesto a vivir en los extremos de cada cosa, mediante imposiciones que nada resuelven. Te comes el tranque, o te pongo una infracción, y si protestas te apreso. No hay entendimiento, mucho menos liderazgo, apenas publicidad engañosa, falsas expectativas, y una realidad “maravillosa” que no existe más allá de la pantalla del televisor, o la bocina del radio, o la boca de un miserable lisonjero. Pero sí existe un afán patológico de figurar en los medios y agredirnos con cada nueva locura, cabezonada, rebusca o exabrupto, generando mucha más tensión social. Y como buena patología, siempre amenazando con no retirarse del organismo huésped, hasta eliminarlo. 

Persiguen a las personas con el PL Police, la factura fiscal, el costo de los alimentos, el peso del pan, el Kilo de carne, el Litro de combustible, el etanol y una ridícula moneda. Luego nos venden el efecto narcótico de “las obras”, como si a un buen gobierno lo juzgáramos por la cantidad y calidad de construcciones, y no por la calidad y cantidad de soluciones. Pero no resuelven nada, sólo publicidad engañosa, falsas expectativas, lavado cerebral y puras promesas. Aún menos mencionan el tamaño de la deuda que nos van dejando sus mega-obras. Tapando el aumento del costo de vida panameño, con la mentira del salario mínimo, otro figurín de este gobierno, que sólo ayuda a una pequeña parte de la población y aumenta la inflación, mientras el resto se debate entre el alto costo de los alimentos, los impuestos recrudecidos y aceptar una canasta de medicamentos barata, que traen de quién sabe dónde. ¡Si serán tan brutos!...que no aprenden de la cabezonada fatal y masiva del PRD con el jarabe tóxico, que recién ahora “vuelven a sacarlo del mercado”. La insalubridad psico-social a la que nos están sometiendo es inaudita, y su efectividad como gobierno apenas los lleva a revolcarse en el chiquero de la corrupción, compitiendo con lo más asqueroso de nuestro pasado político.