MASLEIDOS

jueves, 9 de agosto de 2012

Viejos padres, para un mundo nuevo



Yo fui criado al estilo antiguo, poco afecto y mucho énfasis en el desempeño intelectual.  Me criaron para ser independiente emocional, mental, física y económicamente de los demás.  Por el lado económico, como diría el ex-ministro aquel: “Estamos trabajando en eso”, por lo demás creo que lo he conseguido bastante bien.  Aunque sí me considero bastante dependiente de mis seres queridos, sobre todo los más próximos, mi familia descendiente.  Pienso que no hay mucho problema en ellos, y es normal.  Como padre siempre he procurado predicar con el ejemplo y la compañía,  fui partidario de la crianza estricta durante muchos años, llegando inclusive a probar la persuasión física en los casos de riesgo inmediato a los chiquillos: Corriente, vidrio, cuchillo, fuego, medicinas y altura.  Luego, por el cansancio, la intolerancia, el estrés, el trabajo, sueño, tranques y todo lo demás, quedé utilizando la persuasión física como recurso primario e inmediato... Reconozco que ha sido bastante difícil, pero de cualquier forma, he tratado de crearles un hogar funcional, sólido, con fundamentos religiosos, principios, respeto, educación, valores y todo lo demás. He obtenido muchísima satisfacción y amor de mis hijos, pero también un cerro de disgustos, algunos de los cuales me han llevado a conversar con sus maestros, sicólogos etc.  De dicha interacción, no me queda más que aceptar algo bastante triste y difícil: He criado a mis hijos en el pasado.  Algo pasó en el mundo estos últimos diez años, en los que estuve tratando de consolidar un hogar.  Quisiera decir que ocurrió algo malo, pero ni siquiera llegó a la certeza intelectual de que pueda llamársele malo.  Tal vez la ausencia e irresponsabilidad de los padres, la sociedad, falta de disciplina, mala educación, la televisión o todo eso junto (y cualquier otra cosa más que no recuerde ahora) han contribuido de buena fe a crear jóvenes de mala fe, que no respetan, no les interesa estudiar, no insisten, no tiene sentido de lo que significa luchar, con marcada tendencia a la violencia, desconocen la importancia de Dios (del hogar  y de los padres) materialistas, de mentalidad “innecesariamente abierta”, y adictos a la tecnología.  Gracias a Dios, no todos.





 Me aterroriza la dirección que ha tomado el mundo, que dicho sea de paso, no parece ninguna de provecho pero a leguas se nota la fuerte tendencia a los anti-valores, la anulación a la identidad genérica, la racionalización, religiosidad contra-espiritual,  desvalorización de la vida, sobrevaloración de la tecnología, híper-productividad, capitalismo salvaje, tolerancia al homosexualismo, racionalización y aceptación de los vicios, y la violencia.  Antes estas cosas no me llamaban la atención, pero a medida que mis hijos han ido creciendo, proporcionalmente me preocupo más.  Ahora se aboga con mayor seriedad, por la legalización “controlada” de las drogas.  Se alegan muchos principios de índole filosófico y sociopolítico profundo, cuando lo cierto es que no han podido con los maleantes que las hacen, los que las distribuyen, y los que las consumen.  Y eso me preocupa porque nuestros gobiernos tercermundistas, cuando no pueden contra algo, simplemente lo “institucionalizan”, “reglamentan” o “privatizan” para que otro se encargue del problema que ellos no supieron resolver.  Hace poco me enteré que co-paternidad se le llama al hecho de que un niño tenga dos padres varones  (homosexuales).  Deduzco por asociación que co-maternidad sería el hecho de que un niño tenga como madre dos lesbianas.  Metrosexual, es aquel hombre que se preocupa tanto en su aspecto, que llega inclusive a rayar en actitudes femeninas de vanidad y belleza. Y así pudiera ir mencionando nombres, títulos, definiciones de un mundo “nuevo”, que de nuevo sólo tiene la nominalización, aceptación y tolerancia de lo peor del mundo viejo. ¿Pero qué piensan los padres de esto?..., que “hacen todo lo posible”.



La semana pasada estaba formando fila para pagar en una tienda de chinos, delante de mí había una mujer y un niño pequeño de ocho años.  La dama venía de trabajar, a juzgar por su atuendo, y el niño llevaba ropa de casa.  En eso llegaron dos adolescentes que al parecer conocían al pequeño, cogieron dos cosas, uno salió de la tienda y el otro quedó hablando con la mujer.  En eso la mujer le dice “Tú como que estás queriendo colarte”, el joven sonríe pero no dice nada.  Ella responde: “Bueno, pasa delante de mí”, y lo coló.  No fue una situación agradable, para ser honesto, preferí aguantármela, antes de exhibirla delante de su hijo y el joven oportunista. ¿Podrá esta joven señora el día de mañana reclamarle a su hijo porque se copie, o cualquier otra situación indebida, si ella misma propicia, acepta y apadrina las conductas mal habidas, delante de todos, sin importarle un rábano? Eso me recuerda a los anuncios de “piratería” en las películas de video casero original, aquel chico del “diez pirata”, y de la niña de “tenemos un papá pirata”, pero sobre todo me hace reflexionar sobre el esquema: ¿Tú como padre, qué le estás enseñando a tus hijos?. La vida no nos permite pasar demasiado tiempo al lado de ellos, y cuando por fin podemos, ¿Lo llevamos a una tienda para comprarle una chuchería, y lo exponemos a un anti-valor?...no tiene sentido.  Habrá quienes digan, ¡Por Dios, sólo fue un “cole”!!!.  Sí, sólo fue un cole, ahora cómo será con algo peor????. 



Ayer estaba comprando algo en una ferretería y escuché la voz de un niño decirle al papá “¿Papá, por qué no compramos de esta y probamos?”.  El chiquillo parecía hablar demasiado bien para la edad que aparentaba, unos siete años, me llamó la atención.  Antes de que volteara a verle, escuché la reacción del papá: “Dejaaaaa eso, dejaaaaa eso, no toques nadaaaaa, nadaaaaa, quédate quietooooo”.  Lo dijo con rabia, en un volumen de voz pronunciado y de una manera grosera e intimidatoria.  Yo pensé que habría de ser otra reacción desproporcionada, que a veces se nos saltan a los padres producto del estrés etc.  Caminé un poco más allá, con diferencia de tres minutos si acaso, y veo otro niño, como de nueve años, sentado en el piso de la entrada del supermercado jugando con un celular.  Para ser honesto, vi un poco desaseado que el niño estuviera sentado en el piso de afuera, pero el niño se veía muy ensimismado en sus cosas, y finalmente me causó risa.  “Bueno, algo de gérmenes por un buen momento feliz”, pensé.  Al poco rato salió la mamá y le ha gritado, agachándose cara a cara con el chiquillo, una serie de improperios.  Exigiéndole que se levantara, ella sí gritando, delante de todos los que estábamos allí.  Luego lo haló de un brazo y lo levantó a la fuerza.  Ambos niños, el de este caso y el otro tenían cara de “perdidos” y asustados.  A juzgar por sus rostros, no entendieron del todo bien por qué les gritaban, pero sí se les veía bastante asustados.



¿Por qué pasarle todo el estrés de la calle y de los trabajos a nuestros seres queridos, especialmente si son criaturas pequeñas y ni siquiera están del todo capacitados para entender el mundo desde nuestra perspectiva?  ¿Acaso es justo que ellos paguen por la gente de la calle o de nuestro trabajo? ¿Tenemos tiempo suficiente para gastar con ellos gritándoles, insultándoles, enseñándole anti-valores, humillándolos y hasta golpeándoles? ¿No sería mejor aprovechar el poco tiempo que nos queda ENSEÑÁNDOLES cosas buenas, o, tratando de entenderles?  Me ha costado mucho entender esto, pero, si mi hijo no tiene la confianza de contarme cosas y de estar a gusto conmigo, con su madre o en su propio hogar porque todo es golpe y grito…pues, terminará mintiéndome por cualquier cosa, y sintiéndose mejor, afuera de mi hogar.  Luego, me lo habrá ganado el mundo.  De allí tal vez por qué, cuando llega la adolescencia, hay muchos padres que desconocen a sus hijos, e hijos que detestan a sus padres.  Tal vez no se trate de ser “amigos” de nuestros hijos, tal vez no se trate de ser “blandos” con ellos, sino únicamente de aprender a escucharlos, aprender a entenderlos, tratar de estar más tiempo con ellos, dar el ejemplo y practicar una disciplina más efectiva que el grito, el golpe o la humillación (peor si es pública).  Un cambio conductual en cualquier adulto toma tiempo, nosotros lo sabemos porque seguimos aferrados a patrones viciosos, de bajo perfil tal vez,  que no hemos podido controlar en años (bochinche, hipocresía, maledicencia, ira) sin embargo, le exigimos a nuestros hijos que cambien y se corrijan inmediatamente a punta de maltrato ????  El padre que pierde el control delante de su hijo, sencillamente perdió la autoridad, y sin autoridad no hay disciplina.


 
Resulta mucho mejor practicar otro tipo de disciplina, menos desgastante para padre e hijos, y quizás mucho más efectiva.  No sé si esté en lo correcto, pero, por sobre todo hay que mantener el vínculo afectivo.  Nada que le haga entender al chiquillo que es deplorable y merece estar alejado de la naturaleza de su hogar (padres y hermanos). Luego, no perder el control bajo ninguna circunstancia.  Ser tolerante, permitir el fallo dos o tres veces antes del primer castigo (los intentos se reducen según la gravedad de la falta, obvio) siempre explicando la naturaleza del error claramente.   Una vez vencido el límite de tolerancia y explicación de fallos, ejercer el castigo por cada reincidencia. Hay que tener excesiva paciencia pero hay que ser constantes, firmes, e incrementarlo proporcionalmente a la resistencia del muchacho.  Siempre explicarles el fallo cometido, cada vez.  Jamás castigar de una forma que vaya en contra a su integridad personal, moral o física. Siempre trate de regañar al chiquillo en privado. No dilatar los correctivos, mientras más pequeño se corrija al muchacho, menos problemas tendremos a futuro.   Trate de ser más abundante en la explicación de los errores, no en los regaños (sermones).  Tener claro que “un regaño” no remplaza ni corrige más que un castigo efectivo.  Evaluar si la actitud del chiquillo no está basada en una conducta aprendida de usted mismo, si es así, debe tratar de corregirse usted primero y simultánea pero gradualmente, ir corriendo al chiquillo. No fuerce una situación, si usted no se siente en capacidad de practicar una disciplina efectiva en un momento determinado,  y su cónyuge no colabora al respecto, vaya a relajarse, cójalo con calma durante un rato breve y vuelva a intentarlo (recuerde que Roma no se hizo en un día, y con sus hijos usted adquirió un compromiso para el resto de su vida, desde que los trajo al mundo.  Eso se llama responsabilidad).




Claro que cuando uno llega cansado del trabajo, es muy difícil ser tan metódico.  Curiosamente, cuando llegamos del trabajo, que estamos más cansados, los chiquillos se nos pegan más, porque quieren vernos y estar con nosotros (recordando que no nos han visto en todo el día).  Algunos son tan inquietos que terminan convirtiéndose en un tremendo factor más de irritabilidad en nuestras vidas.  En cualquier caso nosotros somos los adultos, no ellos, y eso no hay que perderlo de vista.  Es decir, los que debemos controlarnos en todo momento somos nosotros (como adultos).  Si los rechazamos en ese momento, o peor aún, le gritamos, insultamos o maltratamos de alguna forma (fuere con, o sin justificación, por una mala nota de conducta o académica) el primer contacto para con ellos en todo el día será negativo, la sensación que les dejaremos será de rechazo y rabia, eso no es bueno para un infante.  Un infante que crecerá como una adolescente rechazado, problemático, de conducta “inentendible”, poco comunicativo, rebelde y/o violento.  Criar a una persona no se trata de criar a un animal, digo, si pasamos ocho horas trabajándole a una empresa, aprendiendo cosas, en situaciones de estrés y dificultad considerable, produciéndole a otro, cómo no podremos estudiar, entender y “trabajar” a nuestros hijos ¿??

Mediocridad en éxtasis





He escuchado a algunas personas “agradecerle” al gobierno por haber mantenido su palabra con la mini tragedia del hospital del niño.  “Agradecerle al gobierno por haber mantenido su palabra”… Digo, a qué nivel de ciudadanía y responsabilidad social está Panamá, que hay que agradecerle al gobierno  “mantener su palabra”.  Desde el Twitter, pasando por renuncias,  hasta sendas reglamentaciones de alto perfil, hemos visto a nuestras máximas autoridades contradecirse, recular, decir que no se dijo, asegurar que no se quiso decir, o que no se dijo “de esa forma”,  hacer lo que no se dijo, decir lo que no se hizo, y públicamente retractarse de no haberse retractado.  A tal punto y con semejante concurrencia, que ahora resulta que debemos agradecerles por “mantener su palabra”, que dicho sea de paso, ni siquiera la mantuvieron, sino que ya se especulaba que no la iba  a mantener,  y finalmente tuvieron que mantenerla bajo la presión popular.  El presidente dijo que en su gestión “se podía meter la pata, pero no la mano”. ¿Por qué?, porque quizás él pudo haber sabido, que no estaban totalmente preparados para lo que fueron elegidos.  En campaña nos vendieron la idea de que los arnulfistas eran necesarios “por su experiencia en el gobierno”.  Ahora yo creo que jamás fue su objetivo “dejarse asesorar”, por lo de “en mi gobierno se puede meter la pata, pero no la mano”.  El gobierno sabía el grado de improvisación y tozudez que nos esperaba, y jamás lo ocultaron. “Se puede meter la pata, pero no la mano”… ahora resulta que ni eso han podido cumplir, porque los escándalos no dejan de involucrarlos en uno u otro sentido: Metidas de pata y metidas de mano.  De cualquier forma, de tanto meter “la pata”, quién nos asegura que no se coló una que otra metida de mano ¿? … imagino que jamás lo sabremos. 




¿Pero por qué ellos dirían semejante cosa (meter la pata) sin que el pueblo reaccionara? Digo “reaccionara”, porque no es lógico que votemos por alguien que da por hecho la probabilidad de “meter la pata”.  Uno no espera improvisadores en el gobierno, ¿Pero cómo pudimos aceptarlo sin la menor resistencia?.  Tal vez no sólo fue el terror que le tuvimos a Balbina, también pudo habernos pesado la naturaleza del panameño común.  La mediocridad (cada vez más campante y sonante en nuestros linderos) da por hecho “el FALLO” como premisa básica en nuestra naturaleza panameña.  Yo siempre he dicho que “el error” es una etapa justa y necesaria en el proceso de aprendizaje.  Lo que no concibo es el padrinazgo, el comensalismo aquel de perdonarnos mutuamente los errores, sin mediar corrección alguna, como si estuviéramos predestinados a fallar y seguir fallando, condenados a conformarnos, a ser mediocres.  Y ese cáncer, cada vez más común en nuestra ciudadanía, justificó que el nuevo aparato de gobierno proclamara a toda boca que: “Se podía meter la pata, pero no la mano”.  Al final de cuentas, de tanto meter la pata, se puede terminar metiendo la mano.  O a la inversa, de tanto meter la mano, se termina metiendo la pata obsesivamente.  Me pregunto si el pueblo habrá entendido eso, para las próximas elecciones ¿?.  Es decir, no votar por alguien que “nos recuerde tanto a nuestra zona de confort (chabacanería, mediocridad escolar, comodidad, mañas, vicios, defectos y debilidades)”, sino por alguien que nos exija ser mejores.




La mediocridad nos lleva a metidas de pata recurrentes, a no mantener nuestra palabra, a la mentira, y a no ser sujetos de confianza.  Pero también nos lleva a hacer las cosas por la mitad, si es que emprendemos partida.  Todos los que en un momento determinado hemos sido docentes, sabemos que muchos alumnos tienden a dar su menor esfuerzo, y no pocas veces dejan todo a la mitad.  Conformándose con un tres, o la menor nota de pase.  Eso es algo que debería aprenderse de primera mano en el núcleo hogareño, pero dada la desintegración familiar, se lo pasamos a los maestros, profesores, y en última instancia a la vida misma.  La no exigencia causa mediocridad, y la mediocridad genera no exigencia.  Para el pueblo que no exige, su logro más alto sería un gobierno mediocre, sin palabra, torpe, que hace todo a la mitad.  Esta actitud gubernamental se ve desde la reparación de algunas calles (que empiezan, demoran, terminan y al rato vuelven a reparar porque quedaron mal) hasta el manejo de la cosa pública.  Por ejemplo, el metro es una obra grandiosa, pero más allá del ego presidencial, no es efectiva dentro del devenir panameño.  Para que los libros de historia digan: “El metro fue construido bajo la administración del presidente tal”, así como dijeron del ferrocarril, el canal, las pirámides, puente centenario, cinta costera etc.  Es muy bonito y todo, una maravilla, un orgullo, pero: ¿Resolverá esto el tranque en Panamá? ¿Hasta qué punto mejorará nuestra calidad de vida?. Curiosamente, todo en este gobierno es una tremenda duda, si cumplen o no cumplen, si renuncian o no renuncian, si hacen o no hacen.  No nos dan seguridad de nada, porque no son consistentes, ni coherentes.  Así mismo están los funcionarios del hospital del niño, ¿Ahora que tienen el terreno, cómo construirán el hospital?...  Supongo que el gobierno “ya hizo su mediocre mitad” donando el terreno (¿Habrá que aplaudirlos y felicitarlos por ello también?).  Total, ellos no pueden “hacerlo todo”…apenas seguir metiendo la pata.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Resurrección social, y mecanismos de liberación popular






Siempre he dicho que muchos panameños, con fuerte tendencia a convertirse en la mayoría en un par de años, tienen un problema de aletargamiento, modorra y tiempo de respuesta demasiado alto.  Dicho en otras palabras, son reactivos de naturaleza.  Quisiera no ser injusto con mis paisanos, y pensar que no es un asunto de nacionalidades sino de humanidades.  Pero antes que todo debo ser honesto.  He tenido la oportunidad de trabajar con extranjeros latinoamericanos, y, definitivamente los panameños “nos tomamos nuestro tiempo” en cada cosa.  Pero bueno, ser lento no es algo malo, tampoco pienso arrojar la primera piedra al respecto.  El problema es activarte porque otro lo hizo, y no quieres quedarte atrás…Eso es, y debo decirlo tal cual, eso es ser tremendo mediocre.  Sólo aclarando el concepto, la persona que es reactiva usualmente carece de iniciativa y arrojo propio, frecuentemente es perezosa, y sólo trabaja por estímulos externos que le generen algún tipo de impacto negativo a su comodidad (ni siquiera los positivos).  Yo diría que ser reactivo va ligado a la falta de capacidad que tiene el panameño común, de no proyectarse a largo plazo, aunado a cierta limitante que le impide soñar o proyectarse a determinado nivel en el futuro.  Suena un poco fuerte lo que estoy diciendo, y me disculpo si ofendo a alguien.




Esa actitud reactiva, la he visto en personas de diferente estrato social, credo, raza, rol laboral desempeñado etc.  Y definitivamente, lo he visto en otras nacionalidades, así que, si bien Panamá cada vez se afecta más de esta apatía, tampoco es exclusiva de nosotros los panameños.  Cuando alguien se “activa” por cuenta propia, se proyecta, insiste, sueña, quiere y lucha, es considerado tremendo idiota en este país, y recibe las más crueles bromas, oposición de todo tipo e insultos de la masa apática.  Esa masa que siempre está pendiente al mínimo error, para levantarse en críticas y hacer ver su inteligencia parasitaria, frente a cualquier fallo de cualquier individuo (porque no le da la cabeza para entender, ni mucho menos los ánimos, que el fracaso es parte natural del triunfo y el perfeccionamiento)  Esta gente se derrota fácilmente, se resienten y sufren solos, por eso jamás se activan y cuando alguien falla, intentan arrastrarlo a su miseria.  Cuando en el fondo, sólo quieren hacerlos parte del grupo, de la masa inamovible e inferior. ¿Qué tiene que ver esto con el frente para la democracia?, paso a explicar.




He notado que el frente es muy metódico, y están bien organizados.  Sin embargo, no veo que involucren integralmente al pueblo en sus acciones, decisiones y conocimientos.  Apenas ciertos grupos de mercenarios públicos, para generar caos.  Ningún movimiento popular triunfa, si no lleva el apoyo del pueblo como substancia.  Por eso es que la mal llamada “sociedad civil”, el grupo aquel, jamás podrá ser representativo de nada, sólo de quienes los dirigen en el anonimato.  Porque pareciera que a ellos, el pueblo en sí no les interesa.  Da la impresión de que sólo les interesara el poder en su naturaleza de mando, no sé.  Por otro lado, este frente nuevo que ha salido producto de las locuras de nuestras autoridades, se activa cada vez que el gobierno comete una trastada.  Es un ente meramente reactivo y dependiente de la inefectividad del gobierno.  En consecuencia, se desploma si el gobierno se cae, o si el gobierno empieza a trabajar bien...  De cualquiera forma, no es un ente proactivo, en pie militante, ni nada por el estilo.  Sólo existen como fuerza de choque, son completamente reactivos. Ojalá fueran algo más… tal vez si tuvieran un poco más de “iniciativa-preventiva”, nos evitaríamos tantos choques, tanto desgaste y desorden en este país.  Pero vuelvo y reitero, requieren del apoyo popular, pero el pueblo está dormido y ellos no hacen mucho por despertarlo (apenas chocar al gobierno).  De allí que, si fueran un poco más proactivos, pudieran re-educar a los panameños con seminarios, foros, tertulias, docencia, ir a las universidades, a las escuelas, a las plazas a dictar clases gratuitas de civismo y ciudadanía, así fuera en sus ratos de ocio.  El proceso que planteo es tremendamente arduo y prolongado, de allí que no entra con facilidad en el consciente colectivo panameño, por nuestra incapacidad ciudadana de proyectarnos a mediano y largo plazo, como país de primer mundo, realmente de primer mundo, con personas con mentalidad de desarrollo personal y social.




El mecanismo de liberación popular no debe consistir en buscar líderes o caudillos que solucionen nuestros problemas.  Si nos fijamos bien, hacerlo de esta forma es una manifestación más, quizás la mayor, del paternalismo social que practicamos a todos los niveles (favor ver mi artículo sobre la ley de pensión alimenticia).  Las democracias deben ser sustentadas por pueblos proactivos, conscientes y maduros socialmente hablando, que generen y lleven al poder a personas seleccionadas con responsabilidad y conocimiento de causa, no por engaños, popularidad simple, influencias de países extranjeros, corrupción o donaciones dudosas.  La democracia jamás podrá ser sustentada por pueblos perezosos, de gente conformista y mediocre, apáticos, abúlicos, incultos, hostiles, intelectualmente estancados y juega vivo.  Pueblos que buscan un mesías, o un Santa Claus regalón, entre sus figuras más representativas de la “viveza” y el oportunismo, como han demostrado ser gran parte de nuestros políticos.  De allí que nos engañen, porque en el fondo queremos y hacemos todo lo socialmente posible para ser engañados y prohijar dictadores, uno tras otro.  Como la mujer maltratada que elige un hombre malo, tras otro, y así hasta que envejece o muere con dicho afán, si alguien no la agarra a tiempo y la educa.  



Al pueblo panameño hay que re educarlo para que cada individuo de este país entienda y aprenda de nuevo lo que es ser persona primero (cosa que debió habérsele enseñado en casa, y no se está dando por la desintegración familiar)  a ser ciudadano (cosa que debió habérsele enseñado en la escuela)  y finalmente vivir en sociedad (no a ser “sociable”, término prostituido y comercializado).  Por eso sería bueno, que estos organismos que yo denomino de “resurrección social”  no sólo aspiren a reaccionar frente a los desaciertos del gobierno, o sólo aspiren a “mandar” en la ya conocida lucha por el poder. Si de verdad les interesa trascender en la vida nacional panameña, deben dedicarse a la docencia y re educación de la masa (abandonando los anteriores, desgastados y clasistas conceptos de que el pueblo sólo sirve de masa) ya fuera apoyados por las iglesias y clubes cívicos. No menciono al gobierno, porque a los gobiernos les conviene tener una masa cada vez más estúpida, inconsciente y manipulable de ciudadanos.  Jamás harán algo para volvernos humanamente auto sostenibles, ni auto escalables, menos en nuestros países tercermundistas.   Debemos fortalecer nuestra ciudadanía, para evitar el resurgimiento de los dictadores,  y lograr que el país evolucione.  




Las malas formas de gobierno son como los virus, parásitos, hongos y bacterias en el organismo humano.  Puede que jamás se exterminen del todo, pero si no los controlamos fortaleciendo al cuerpo, reaparecerán, haciendo resurgir a los anticuerpos (las fuerzas de choque y confrontación al poder).  Yo desde luego, prefiero un organismo sano que crezca saludable, a uno enfermizo que se atrofia.  La degradación social ocurre como consecuencia natural del crecimiento poblacional,  la desintegración familiar y la masificación del individuo.  Hay que buscar los mecanismos para dividirnos poblacionalmente en varios  “modelos a escala sincronizados”, que permitan mejor control y educación en general.   Para ello requerimos que estos frentes de oposición al gobierno sean menos reactivos y mucho más proactivos, reitero, aunados a las iglesias y las instituciones cívicas del país. ¿Será eso posible?...

viernes, 3 de agosto de 2012

Antes que los malos se tomen el oeste





Yo pensaba tomarme un descanso por el resto de la semana, sin embargo, no puedo “irme a descansar” sin comentar lo que ocurrió en la PRENSA. Es terriblemente triste lo que está pasando en Panamá, y me recuerda tanto a los militares. Más específicamente ese papelón que ellos hacían enviando a los CODEPADIS y batalloneros, para topar de frente a los sediciosos, y finalmente mandar a los antimotines para “establecer el orden”. En resumidas cuentas, los sediciosos recibían golpes de las fuerzas paramilitares y de los mismos militares que supuestamente acudían a “restablecer el orden”. Los militares mandaban tras bambalinas a los paramilitares, para no dar la cara reprimiendo directamente a los sediciosos. Así daban la impresión de estar apoyados por civiles (supuestamente “el pueblo”) reprimían y encarcelaban a los protestantes de la Cruzada Civilista (llamados sediciosos).





Yo he sabido de obreros, precisamente de la construcción, que cierran las oficinas de los consorcios para los cuales trabajan, o cierran los proyectos en los cuales trabajan, protestando por diferentes razones que involucran directa y exclusivamente al empleador y al empleado. O protestando contra el gobierno. Lo que no recuerdo haber visto antes, es lo que ocurrió ayer y hoy con la Prensa. Que unos obreros cierren el acceso a las instalaciones de un periódico, y protesten masivamente por publicaciones del medio contra el consorcio para el cual trabajan...según lo que comenta el diario afectado. Aunque pudiera ser, hay algo que sencillamente no me cuadra en la lógica, algo que huele muy feo aquí. Porque si fuera el caso que una empresa privada “manda tropas” a cerrar otra empresa privada, sin mediación de autoridad ni ley pertinente, pues, estamos al borde del salvaje oeste. En un lugar donde no hay autoridad y cada uno hace lo que le da la gana, media la fuerza y gana el mejor armado... ¿Será eso lo que viene para Panamá?.




En las pasadas represiones a indígenas, me llamó mucho la atención la logística y organización policial en el evento. Fue una maniobra militar, que peinó y controló el área (diferentes sitios de varias provincias) en pocos minutos. De igual forma lo hacen con cualquiera que ponga un pie en la calle en señal de protesta. Prontitud, efectividad y contundencia, atributos que jamás han manifestado para proteger a los civiles de la delincuencia silvestre y campante. Ni siquiera de los narcos que se abalean por nuestras calles, recreando, precisamente episodios del antiguo oeste, como si nuestras autoridades no existieran. Según comentarios, la respuesta de la autoridad para con lo que ocurrió en La Prensa fue demorada y dificultosa. Por mencionar algunos tópicos: “Que si no tenían grúas para remover los camiones”, “Que si no entendían a los manifestantes, ni el por qué de lo ocurrido” “Que si hay conos del MOP por todas partes”… etc. Luego, cabría preguntarnos: ¿Por qué nuestras autoridades en ciertas ocasiones actúan rápido y en otras no? ¿Qué debemos entender de esa actitud? ¿Que cada cual (persona natural o jurídica) vele por su seguridad? ¿La ley del revólver, de nuevo?.




Ahora ocurre que hay una guerra declarada entre dos empresas, y el gobierno se presenta como “el santo mediador” después del lapsus de terror vivido en La Prensa. Esto huele a gato encerrado, a tira la piedra y esconce la mano, a la magdalena, pay pay no toy. A alguien que quiere pasar agachado, pero tal vez sus proporciones desbordadas no le dejen. Esto huele a táctica de baja guerrilla urbana, de segunda mano, mala copia del tiempo militar. Esto me deja una muy mala impresión de lo que está ocurriendo en Panamá y de lo que podrá ocurrir en un futuro. Vuelvo y pregunto ¿Hacia dónde vamos, de continuar estos terribles esquemas de INTIMIDACIÓN, represión de bajo nivel, ataques, y todas estas cosas que se están viendo en Panamá???. Cosas por las que ya pasamos, y que pensamos no volver a pasar. ¿Será que es una lección del destino, para un pueblo que se ha quedado rezagado, apático, sedentario, individualista y sumamente egoísta? ¿Una lección social que nos está diciendo que debemos unirnos, para evitar el regreso de los dictadores? ¿Será que desde entonces hasta ahora, hemos aprendido nada?. 




Desde que calló la dictadura yo siempre critiqué que no se enseñara el periodo militar como nefasto y terrible para la república, incluyendo a los civiles que los ayudaron. Hay generaciones que ni siquiera saben de Noriega, Torrijos y lo que ellos representaron para la historia panameña. Inclusive, pintando a algunos de “dictadores blandos”… ¡Qué cosa más patética!!!. Aquí todo quedó mezclado y en silencio, como quien tira un trapo para que “olvidar nos sepa mejor, y apeste menos”. Bueno, quien olvida y no aprende, siempre lo he dicho, está condenado a fracasar toda su vida en el mismo error. El militarismo puede regresar a Panamá, ya fuere vestido de verde, o vestido de civil, porque quisimos olvidarlo y no lo sacamos de la mente de muchos ciudadanos, ni vacunamos las mentes de los otros ciudadanos para que eso jamás volviera a ocurrir. ¿Estaremos aún a tiempo de enmendar?...ojalá y lo hagamos antes de que el pasado nos trunque el futuro. Es decir, antes que “los malos” se tomen el oeste.

Turismo de pasadita en una ciudad espejo.





Estuve comiendo en un centro comercial de la localidad, un sábado anterior a quincena.  El lugar estaba repleto, me llamó la atención.  Detallé un poco más en las personas y noté que la gran mayoría no eran panameños.  Fue triste sentirme extranjero en el lugar donde nací y he vivido toda mi vida.  Luego pensé que no debía entristecerme, porque al fin y al cabo el turismo debería representar más dinero para nosotros los panameños... ¿Pero a cuáles panameños? ¿Quiénes son los más beneficiados de que crezca el turismo en Panamá?.  Los mismos de siempre, los grandes empresarios, magnates, dueños de centros comerciales, resorts, centros de convenciones y hoteles que practican el turismo al por mayor.   Se pregona que con el turismo “ganamos todos”, desde el gran empresario hasta el chichero de la cinta costera.  Sin embargo, la cuestión aquí no es que ganemos todos  sino:  ¿Quiénes ganan más?.  Como siempre en la historia panameña, unos pocos se llevan todo el pastel, y al gran resto sólo nos dan las sobras de las migajas.  Sería interesante saber si estos empresarios le suben el sueldo a sus empleados, o por lo menos las comisiones, en proporción a la afluencia de turistas a sus locales.  Por otro lado, en los estacionamientos la fila de trabajadores almorzando al borde de calle era impresionante y deprimente.  Esos sí, todos panameños.  Me indigna que ni siquiera les puedan habilitar una cocina decente dónde comer.  ¿Ése es el progreso que promueven estos desalmados, un local a todo meter que capture turistas, y sus empleados comiendo en la calle como si fueran perros???.  ¡Ése es el “progreso” que promueven todos los poderosos del país, incluyendo a nuestras autoridades cómplices y partícipes de este sistema de explotación!!!. 




El gobierno se llena la boca diciendo que promueve el turismo para beneficio de todos los panameños… ¿De cuáles panameños?.  Tenemos un gobierno de corte empresarial, de índole privado (por decirlo de otra forma).  Muchos de sus funcionarios son exitosos empresarios. ¿Pero por qué el turismo es tan importante para el gobierno?.  Supongo que ha de ser por lo del “desarrollo”.  De hecho, gran parte de sus “obras” se enfocan a embellecer la ciudad en áreas turísticas (área bancaria, Cinta Costera etc.) por las que transitan los turistas de manera controlada (dado que inclusive, algunas de ellas son puntos de inundación y otros problemas urbanos).  Sin embargo, la realidad se transforma, muta y degenera para aquel turista que tiene que “bajarse del bus” (del bus o taxi de turismo) en sentido literal y figurado, exponiéndose a nuestra realidad cotidiana.  Me refiero al turista que percibe al transporte público de este país como una total desgracia, el asunto de la recolección de la basura y los vertederos improvisados, los malos olores por todas partes, las aceras destruidas, aguas negras difícilmente contenidas aquí y allá, terribles embotellamientos vehiculares en absurdas distancias cortas, un país que luce húmedo, oscuro y cochino por el dichoso “reordenamiento vial”, la inseguridad social etc. etc. etc.  El turista que se expone a la realidad que vivimos a diario los panameños, sencillamente, jamás regresaría a este país.  Con todo y que muchos de ellos vienen de lugares con problemas poblacionales similares o peores a los nuestros.  Si la imagen del Panamá de los panameños se proyectara internacionalmente, el turismo se secaría como espejismo en el desierto.  De allí la oprobiosa necesidad de proyectar una ciudad especular, promoviendo un turismo “de pasadita”, no orientado al estado en su totalidad, ni al progreso general e integral de la nación, sino al progreso del bolsillo de ciertos maleantes que se dicen empresarios.



¿Pero quién paga el desarrollo de estos “portentos del desarrollo panameño” pro turismo?, precisamente los que menos vamos a lucrar de ello: El pueblo.  El pueblo, de sus impuestos.  Los empleados esos, que comen a orilla de calle porque su empleador no les ha designado un lugar digno dónde comer, como seres humanos, esos mismos panameños pagarán de sus impuestos las MEGA-OBRAS gubernamentales, de las que se beneficiará a mayor escala, precisamente, el mismo empresario que los explota a diario.   Y así queda claramente establecido el círculo de explotación popular panameño.  Nosotros no pedimos las obras, pero tenemos que pagarlas, y los más beneficiados de ellas, finalmente son los empresarios, en obvia complicidad con el gobierno.  Luego me dicen que el turismo es bueno para todos, porque genera más raspaderos, chicheros, buhoneros, taxistas de turismo, bien-cuidaos, prostitución, tráfico de drogas, empleados de hoteles y centros comerciales mal pagados etc. . Pero ¿Quiénes se quedan con los grandes millones del turismo que promueven las MEGA-obras pagadas por el sudor, sufrimiento y  sangre del pueblo panameño?...los MEGA-empresarios.  El turismo de pasadita para una ciudad espejo, es sustentado por los tantos millones de esclavos que vivimos en este país, estrangulados entre el gobierno y la empresa privada.  Pero la gran ganancia se la llevan los mismos tres maleantes de siempre.  Como en los tiempos faraónicos de las pirámides y demás, tal es el tupé que estos sinvergüenzas se halan: La gloria es para ellos, el esfuerzo, dolor y muerte para nosotros.

jueves, 2 de agosto de 2012

¿Encarcelar al padre o a la familia?


La nueva alharaca de mi querido patio limoso, tan pequeño y retorcido gracias al gobierno y sus obras es: La ley de pensión alimenticia.  He escuchado y leído muchas opiniones al respecto.  Tampoco estoy por la labor de entrar en vericuetos legales, o formar un enredo de eso.  Sin embargo, considero que el asunto merece algo de análisis.  ¿Qué se busca al meter preso a un abuelo o  tío, porque un irresponsable e insensible “padre” desconoce a sus hijos? ¿Qué debemos entender de esto? ¿Acaso así solucionamos los problemas de fondo de nuestra sociedad?... ¡No!.  La familia está en decadencia, descomposición, desintegración, no sé cómo decirlo mejor. ¿Cómo vamos a proteger a las criaturas, si ni siquiera el estado puede proteger a las madres cuando sus parejas la asesinan con o sin boleta de restricción?.  Por favor, el gobierno ni siquiera puede recoger la basura, o peor aún, nosotros ni siquiera podemos dejar de tirarla en la calle… Esto me recuerda mucho a la absurda ley de sexualidad, que quisieron aprobar hace unos años, como otra absurda imitación de quién sabe dónde. 




¿Acaso se resolvería el asunto siendo menos machista? ¿Acaso haremos más responsable a una persona, haciendo que su padre o hermano paguen por su irresponsabilidad?.  No lo creo, eso aparte de injusto  implica seguir cargando al irresponsable… Dicho sea de paso, vivimos en una sociedad que carga y gratifica no sólo a los irresponsables, sino a los tramposos, a los juega vivo, mediocres etc.  Nuestros gobiernos paternalistas "subsidian", regalan "cosas" al pueblo, y acostumbran cargar a una serie de tremendos parásitos sociales (de cualquier extracto social) sólo para pregonar que "cumplen promesas electorales o constituyen un buen gobierno".   Vivimos en una sociedad que mangonga, malcría y mima de chicos y de adultos.  Me refiero a todos aquellos padres que solicitan la asistencia de los abuelos para que les cuiden a los hijos, mientras ellos van a divertirse. Y ojalá sólo fuera para “cuidarlos” mientras se divierten, sino que también los  buscan para que se los mantengan, vistan, eduquen, alimenten, disciplinen etc.  Nuestra sociedad es terriblemente permisible, como si cargar a otros nos hiciera mejores personas, una especie de héroes, padres abnegados o mejor dicho: Fábrica de parásitos.  Hemos creado una sub-cultura de seres dependientes, reactivos y faltos de iniciativa.  Las personas  salen de los hogares (los que lo hacen) menos responsables, menos o peor preparados (aspirando sólo a la nota de pase) más dependientes de la tecnología, incultos, sin modales, con muy pobres valores o principios,  con más y peores drogas, vicios etc. Gracias a Dios no son todos, y quiero pensar que tampoco la mayoría de los panameños.  ¿Pero  por qué meter preso a un tío o abuelo por lo que hace un hijo irresponsable?.  Eso es, precisamente, seguir cargando al irresponsable.




Me parece que este problema va mucho más allá de todo esto, y se forja desde la temprana infancia.  Con el niño que luego será hombre, esposo/marido y padre (completando el ciclo de la vida).  Gobiernos tan incapaces como los que hemos tenido, jamás podrán resolver un problema social de esencia tan personal y humano.  Los irresponsables van a continuar surgiendo (y cuidado que más después de esta ley) con o sin  abuelos o tíos presos.  Creo que una medida así, aumentaría el hacinamiento carcelario, empeorando un problema sin ni siquiera llegar resolver el de la paternidad irresponsable. ¿Por qué?...Porque el asunto es un problema humano, no judicial, ni mucho menos político.  Por otro lado, ninguna ley puede ser promulgada si adolece de objetividad e imparcialidad en su propia esencia.  Y esta ley no parece haber sido hecha para proteger integralmente a la criatura, sino exclusivamente para “joder” (digo, ya que la palabra está tan de moda) al padre irresponsable (que, dicho sea de paso, ya está bastante jodido, siendo tremendo perdedor, aunque él aún no lo entienda).  Hay muchas madres sinvergüenzas por allí, que son infieles y hasta se embarazan de unos hombres achacándoles los hijos a otros.  Hay muchas madres que se “echan la pensión encima” y viven de pensiones, pariendo chiquillos de un hombre a otro.  Hay muchas madres que les dan terrible ejemplo a sus hijos, y el hecho de “quedárselos” o mantenerlos  tampoco las dispensa.  Con esto tampoco quiero negar el derecho de las mujeres a “equivocarse”, sino que sólo intento recalcar el carácter unilateral y discriminatorio de esta nueva ley, que sólo enfoca la irresponsabilidad de un lado, el padre. Vaya, muy inteligente, hacer justicia siendo tan injusto...




¿Pero en esencia cómo eliminamos al sujeto que le vale un rábano sus hijos?, realizando el cambio conductual desde la madre. ¿Por qué digo madre, y no padre? Porque la paternidad irresponsable es un patrón que suele repetirse.  Y si el padre no está junto al hijo para dejarle el legado de una paternidad responsable, si el niño no posee un buen modelo próximo a seguir, pues, sólo le toca a la madre interrumpir el ciclo.  A esas muchas heroínas que tanto pregonan ser “madres y padres” al mismo tiempo, les tocará detener la rueda no sólo manteniendo a sus hijos ellas solas, sino también enseñándoles el AMOR POR LA FAMILIA (entendiendo por amor, ayudar, no cargar a nadie).  Enseñándole al niño que cargar a una persona es una actitud viciada, que impide su desarrollo personal y constituye un caldo de cultivo ideal para la irresponsabilidad generacional.  De tal suerte que el chiquillo crezca integrado al concepto de  responsabilidad familiar. ¿Podemos implantar esa idea en el cerebro de un niño, viendo cómo la madre encarcela al padre, tío o abuelo?.  Hacerlo de esa forma atentaría contra la poca substancia familiar que pueda quedarle al chiquillo dentro de su cabeza. Ese chiquillo crecerá siendo responsable no porque debe serlo, sino porque si no lo hace lo meten preso, a él o a sus seres queridos. Quizás jamás tenga una familia, para evitarse "esos problemas". Y en el peor de los casos crecerá creyendo que puede ser irresponsable con sus hijos, siempre que tenga un hermano o abuelo que lo cargue. ¿Acaso eso fortalece al hogar, o lo que quede de él?  Esta ley resuelve el problema para hoy, pero lo agrava terriblemente para mañana.   



Podrá sonar machista pero hay que cambiar a la mujer, a esa misma que exige pensión.  Ella definitivamente eligió mal, eligió a un irresponsable, un bueno para nada, vago tal vez.  ¿Encarcelarlo a él y a su familia, acaso la librará de repetir el mismo error, volviendo a elegir otro vago bueno para nada, propagando el modelo de la irresponsabilidad paternal?. ¡Ah no, pero hay que hacer algo pronto para proteger a la criatura!.  De ser así,  pudiéramos decir que esta ley protege a la criatura de su propio padre, pero no de los errores de la madre, que posiblemente vuelva a quedar preñada de otro irresponsable. ¡Es muy necesario ver a la madre también, no sólo encarcelar a toda la familia paterna!. La madre es la primera maestra del niño, e importa muchísimo su propia conducta, peor aún bajo un escenario de paternidad irresponsable (que posiblemente impacte directa y ampliamente a la criatura, recordando que el padre no está y el niño se relaciona más con su madre).  No nos sirve de nada meter preso al padre, si la madre sigue replicando el patrón a diestra y siniestra, llenándose de bastardos.  



Yo veo a diario muchas mujeres gastando dinero para "no ser como son", ni verse como son, poniéndose nalgas, tetas, extensiones y demás porque lo vieron en una novela, o "la colombiana" del salón se lo dijo.  No porque ellas mismas así lo quieran, o por sentirse realmente a gusto con ello. ¿Una mujer que no se acepta a sí misma, ni siquiera en su ser natural, acaso es apta para formar un hijo? ¿Acaso una mujer que no tiene claro sus prioridades existenciales, por seguirle el rastro a la moda o a los demás, podrá encontrar a un hombre que la quiera como es, o por lo que es, ya fuere únicamente como pareja, o para constituir un hogar?.  Peor aún, ¿Podrá esa mujer, bien formar a un niño en determinada situación de paternidad irresponsable?. Yo veo a diario muchas madres que caminan por los centros comerciales luciendo pantalones cortos, exhibiendo nalgas, piernas, muslos, senos y sexos (disculpen si soy demasiado crudo) al lado de sus criaturas, niños y niñas.  Atrayendo no sólo miradas, sino también envidia y lujuria al entorno más próximo a sus hijos.  Ellas, por "lucir bien o estar cómodas", no son conscientes del efecto que le causan a sus pequeños.  Luego, ¿Si no perciben algo así, qué tanto más pudieran "entender" sobre la paternidad irresponsable en la vida de su progenie?. Una mujer así, es muy probable que utilice la pensión alimenticia para embellecerse más, en lugar de alimentar (o educar) mejor a sus hijos.  No traigo el ejemplo a colación para criticar la vestimenta ni el proceder de las madres solteras, sino para aclarar  que muchas de ellas deben ser re-educadas (sin importar la edad que tengan, estrato social, raza o credo). 

A la madre hay que enseñarle cómo generar las señales correctas para no atraer hombres irresponsables, ni abusadores, ni viciosos.  A la madre de nuestra época hay que enseñarle primero a ser mujer, persona, en todo el sentido de la palabra, luego, finalmente madre.  Y al padre irresponsable, me parece  que deberíamos ponerlo asistiendo a niños en escuelas públicas (para ver si ayudando a los hijos ajenos, aprende a querer a los propios).  O en centros de resocialización de menores, para que vea y entienda crudamente, uno de los caminos a los que lleva la paternidad irresponsable.  O que lleve un distintivo inamovible de “padre irresponsable” (como sanción moral, si aún le queda) para que todo el mundo sepa que rechazó a sus hijos. Si nuestros gobiernos entendieran que fortaleciendo a la madre (el hijo y la familia) se fortalece a la sociedad, reduciendo los niveles de violencia y delincuencia, mejorando la calidad de vida, reduciendo el gasto de inversión social etc., en tres generaciones tendríamos un país muy diferente.  Pero para eso nuestros gobernantes tendrían que ser estadistas, cosa por el momento absolutamente imposible.  ¿Cuánto gasta el gobierno en propaganda de televisión, radio o prensa? ¿Cuánto se gastaría el gobierno encarcelando padres, tíos y abuelos? ¿Cuánto gasta la empresa privada promoviendo anti valores de toda índole, so pretexto de lucro masivo y desenfrenado? ¿Cuánto se gasta el pueblo en diversión? ¿Cuánto se gasta el pueblo, manteniendo de sus impuestos aquellos sueños fantásticos de gobernantes “grises” no sujetos a la realidad? ¿Cuánto se gasta el estado, manteniendo tantas autoridades inoperantes?.  ¿Acaso son nuestros hijos, menos importantes?. Si invirtiéramos todo ese dinero reeducando a las madres solteras tendríamos un país muy diferente en pocas generaciones.  Claro que para eso se necesita la capacidad de ver a mediano y largo plazo, capacidad que el panameño común (gobernantes y gobernados) no posee todavía.



Vivimos en un mundo de gente que “ha madurado a la fuerza”, en un ciclo de retroalimentación patológica.  Niños y niñas que prematuramente conocen la adolescencia. Adolescentes que prematuramente conocen la juventud. Jóvenes que prematuramente conocen la madurez. Y adultos muertos en vida. Nadie está listo para nada, cuando de pronto la sociedad lo avienta a un nuevo rol.  Personas que no han terminado de formarse, engendrando más personas incompletas o deformes para que refuercen el ciclo. Vivimos en un mundo donde las personas sobreviven incompletas. ¡Tal es el problema! Niños, adolescentes, jóvenes y adultos sobre estimulados, constantemente afectados, destruyendo los hogares, alejando al hombre de Dios, sustituyendo el amor (en todas sus formas) por "el ser",  “el tener”, “el poseer”, “el controlar”.  Es increíble que nuestra mejor solución sea encarcelar al inocente (tío y abuelo) para seguir cargando al culpable (papá).  Yo quisiera creer que este problema de padres y madres irresponsables, se resuelve cuando el adulto crece y lo metemos preso.  Sin embargo, me parece mucho más responsable que lo resuelvan los adultos, cuando el niño no ha crecido y aún no está preso.   
  

miércoles, 1 de agosto de 2012

El milagro de Saladino



En una ocasión “jugué” baloncesto, y digo “jugué” si a lanzar el balón se refiere.  El baloncesto es un juego de contacto, muy violento sin árbitros, sobre todo bajo el aro.  Vi muchas peleas, por no decir linchamientos de barrio, por el sólo hecho de “tomar un rebote”.  Así que me acostumbré a tirar de afuera y desarrollé un tino realmente mágico, de tres, de dos, de hilo y o tablero.  Luego la escuela me obligó (no veía el tablero) a usar lentes, y hasta allí llegué con el baloncesto.  Probé con el beisbol y fui tremendo short stop, porque tuve un gran maestro.  Hacía unas atrapadas formidables, pero a la hora de tirar me equivocaba de base.  Finalmente, con el futbol jugué la posición menos "cómoda" para mí: Defensa, para evitar roces, disgustos, golpes e insultos sostenidos.  Y fue así hasta que anoté un autogol y se burlaron de mí durante mucho tiempo en la escuela.  Soy honesto,  no me gusta el deporte, sobre todo en Panamá donde se confunde practicar un deporte, con terminar peleando, insultando o libando.  Si yo voy a pelear, peleo de verdad y por una buena causa.  Pero, jugar para pelear ¿???...


El panameño ha destacado más en las disciplinas individuales, tal vez por nuestra idiosincrasia de no saber cómo trabajar en equipo.  En los últimos años, más por la comercialización y la publicidad, que por la madurez de su fanaticada o el apoyo gubernamental,  el futbol ha tenido cierto repunte internacional.  El panorama no varía mucho en las disciplinas olímpicas, menos conocidas.  Saladino surgió como atleta, como otros tantos deportistas han surgido en Panamá, rompiéndose “la vida” para ser considerado en el extranjero, porque acá no era nadie (tengo entendido, tampoco manejo a profundidad su historia).  Claro que después de que lo apreciaron e hizo un nombre en el extranjero, pues, no sé si por imitación o qué, los locales (fanáticos y autoridades) empezaron a seguirlo, promocionarlo y “apoyarlo” (dentro de lo que se apoya aquí a los atletas, deportistas, músicos, escritores etc.).  Lo que ocurrió con Saladino en las olimpiadas fue una tremenda y muy honrosa excepción, porque de haber sido por nosotros…  El gobierno se montó en su triunfo, hicieron tremendo espectáculo del evento, pero ¿Acaso la realidad de nuestros atletas y deportistas cambió en algo con ello?


He escuchado a ciertas autoridades locales,  prometer bolsas atractivas a nuestros futbolistas si ganasen.  ¿Pero acaso eso cambia la realidad de nuestros deportistas en general?.  Pues, de la misma forma como “el subsidio” no mejora la calidad de vida de los ciudadanos, de la misma forma que vender comida a precio barato (casi regalada) en ferias populares no mejora la economía del país, sencillamente no creo que eso ayude a desarrollar el deporte en Panamá.  Es un incentivo, cierto, pero como lo sería para un niño llevarlo a comer comida rápida,  o regalarle juguetes, o mochilas, o portátiles en lugar de hacer efectivo su derecho a una buena educación pública, sin que sus padres tengan que endeudarse para pagarle un buen colegio privado. Tristemente el panameño y maliciosamente nuestras autoridades también, tienden a confundir un buen gobierno no con al que crea facilidades de desarrollo sostenible y generales, sino al que obsequia “cosas”.  El mismo concepto de los legisladores o representantes reelectos por sus dádivas, no así por su real desempeño en el desarrollo integral comunitario.



Ahora el pueblo se “decepciona” porque nuestra delegación ha cosechado algunas derrotas.  Y yo pregunto acaso: ¿Tenemos base para creer que el glorioso triunfo de Saladino, pudo por sí solo cambiar la manera como se lleva el deporte en Panamá, de modo que ahora esperemos una o más medallas de oro en las subsiguientes olimpiadas, o trofeos en los futuros campeonatos?.  No creo, ni me parece.  Lo que hizo Saladino, como tantos otros artistas, músicos, científicos, escritores y deportistas panameños,  fue SALTAR la barrera de la mediocridad y el conformismo aberrante que nos corroe como sociedad.  Y ése fue su principal y más grande salto. Demostrarnos que en Panamá hay calidad de triunfo internacional.  Pero de allí a que eso nos cambie la realidad de siempre…no lo creo.  Porque Saladino inspirará a muchos, eso es cierto, pero no puede contra las discusiones públicas y bochornosas de nuestros directivos del deporte, la falta de inversión privada, el apoyo real del gobierno en un desarrollo sostenible del deporte (políticas de estado), la madurez de nuestra fanaticada etc.  Así que yo, con el corazón en la mano y sin tener ningún familiar en las delegaciones actuales, le pido al común de los panameños que sea realista,  apoye verdaderamente y deje de criticar tanto a los muchachos que nos representan en el extranjero.  Porque, para representar a un pueblo como el nuestro en el extranjero, sacrificando tiempo, esfuerzo y vida, sin el apoyo pertinente, sin una fanaticada madura y consciente (que sólo critica por hacer daño) y un gobierno piñatero… hay que tener igual o más corazón, que habilidad en cualquier disciplina.